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Siendo la hipertensión una enfermedad muy prevalente en la población actual, los trastornos derivados de la
misma suponen un motivo muy frecuente de preocupación y de consulta médica, en ocasiones incluso a través de los servicios de urgencias. La hipertensión es una enfermedad crónica que requiere de un tratamiento y de un seguimiento específico por el médico de familia con el objeto de mantener un control razonable por encima de pequeñas
variaciones, algunas veces inevitables. Una subida brusca de la tensión arterial puede ser, sin embargo, un hecho puntual y producir lo que se llama crisis hipertensiva, que puede presentarse tanto en sujetos ya hipertensos como previamente sanos. Descontroles repelidos en la tensión no sólo suponen un riesgo para la salud de las personas, sino que también indican que el tratamiento no está siendo el apropiado.

El objetivo de este apéndice es conocer no sólo las cifras que podemos considerar normales en esta patología, sino los signos y síntomas que acompañan a sus modificaciones, lo que resulta mucho más práctico y realista. Los médicos no tratamos cifras.

Tratamos enfermos, por lo que no resulta tan importante tener una determinada tensión en un momento dado como el cuadro clínico que le acompaña, incluso cuando aquellas son normales.

Cambios en la tensión arterial

La medida de la tensión arterial no refleja más que la presión que la sangre bombeada por el corazón ejerce contra las paredes de los vasos sanguíneos, lista presión es máxima a la salida del ventrículo cardiaco y es la que medimos indirectamente con un man- guito en el brazo, lo que nos sirve para determinar de forma general la tensión de un individuo. Esta presión disminuye a medida que se aleja la sangre del corazón y penetra en los diferentes órganos y es mínima en los capilares terminales. La sangre retorna después al corazón, no ya por la fuerza de éste, sino por su propia inercia, la acción de la musculatura y los mecanismos que las venas tienen en su interior para tal efecto.

Cuando medimos la tensión arterial conocemos por tanto la fuerza con la que la sangre es expulsada al sistema circulatorio, lo que depende en cada caso de diversos factores como:
• La frecuencia cardiaca o número de latidos por minuto: a mayor frecuencia, mayor tensión.
• El calibre de los vasos sanguíneos. La vasoconstricción o disminución del calibre de los vasos provoca una mayor resistencia al paso de la sangre y por tanto provoca un aumento de la presión. I.a vasodilatación produce el efecto contrario.
• La potencia contráctil del músculo cardiaco. Danos en el corazón o simplemente una baja estimulación del mismo conduce a una fuerza de bombeo menor y por ende a una menor presión.
• El volumen total de líquido circulante en la sangre. A mayor volumen, mayor presión y al contrario, por eso si se come mucha sal se retiene mas líquido en el organismo y sube la tensión. Si aparece por el contrario una hemorragia se pierde volumen y la tensión baja.

La tensión arterial no es una constante en ningún individuo, sino una variable que se modifica a lo largo del día en virtud de muchas circunstancias. EI sistema cardiovascular se adapta continuamente a los requerimientos de diversas formas, siendo una de ellas la modificación de la presión arterial. Es natural por tanto que puedan medirse tensiones diferentes según la actividad física, el estado emocional, el consumo de tabaco o café, la comida reciente o la hora del día. Por todo ello es fundamental saber que la hipertensión se diagnostica cuando en un individuo se demuestra una tendencia continuada a presentar cifras de tensión por encima de lo normal siempre que se le toma en condiciones óptimas de una manera protocolizada. Si un individuo, por poner un ejemplo, se toma la tensión en una farmacia después de haber caminado unos centenares de metros, muy nervioso, habiendo comido hace menos de una hora o fumado antes de entrar, es muy posible que tenga cifras altas, pero no por ello podremos decir que es hipertenso ni que su salud corra en ese momento mayores riesgos.

El consumo de tabaco puede subir la tensión arterial, además de provocar enfermedades respiratorias diversas. Se recomienda abandonar el hábito.