v5-curar-herida-errores

Heridas

Probablemente, uno de los accidentes domésticos más habituales sean los cortes y las heridas. Cualquier objeto habitual, como un cuchillo o unas tijeras puede ser un peligro, sobre todo en manos de los niños. Además, también fuera del hogar es el accidente laboral más típico y suele venir acompañando a otros problemas, como los accidentes de tráfico, las caídas, etc. Saber actuar a tiempo evitará males mayores.

Se define una herida como la separación traumática o quirúrgica de los tejidos corporales que deja expuesta una región del organismo, bien al medio externo, bien a las estructuras adyacentes, o bien a ambos simultáneamente. I-n cualquier caso, una herida supone siempre una desprotección en cuanto a que la pérdida de las barreras anatómicas permite el paso de microorganismos hacia lugares y cavidades que deberían permanecer estériles y por lo tanto se convierten en fuentes de infección.

Es posible clasificar las heridas atendiendo a diversos factores:

• Según el agente causal concreto que hava producido la herida podemos distinguir entre herida punzante o lina y profunda, producida por un objeto afilado con poco sangrado externo pero muy peligrosa, herida incisa o menos profunda, pero más extensa en su afectación de la piel y con bordes bien delimitados, producida con un objeto cortante, v finalmente herida contusa o irregular secundaria a un golpe sobre la piel.

• Según su profundidad podemos distinguir desde el simple arañazo que ni siquiera afecta completamente la epidermis, la desolladura o herida con pérdida de sustancia que llega hasta la dermis, heridas penetrantes que alcanzan los tejidos posteriores ,i la piel v finalmente heridas perforantes que alcanzan las visceras internas.

• Según el riesgo de infección, se habla de heridas limpias cuando se han producido accidentalmente o por un procedimiento quirúrgico con material estéril y en un ambiente aséptico y heridas contaminadas todas las demás, mientras no se demuestre lo contrario. Serán heridas infectadas todas aquellas que en el curso de su evolución adquieran gérmenes patógenos.
Las heridas son en general el accidente doméstico y laboral más frecuente, encuadrándose en la gran mayoría de los
casos dentro de la categoría de leves, en las que se afecta únicamente la piel por rozamiento contra el suelo o por contacto con superficies afiladas. Cuando se produce una herida comienzan de inmediato los mecanismos de reparación espontánea o natural del organismo, con el fin de proteger la región y producir el cierre de la misma.

Fases de una herida

Fase inflamatoria inicial: los vasos sanguíneos cercanos a la zona afectada transportan a la misma mediadores químicos del organismo y células defensivas, como los glóbulos blancos, con el objeto de defenderla de la penetración de gérmenes. Al mismo tiempo se produce una vasoconstricción local para frenar la posible hemorragia.

Fase de curación: a partir del tercer día comienza a regenerarse el tejido perdido con el fin de rellenar y reconstruir la zona afectada. Este tejido, llamado «de granulación», crece siguiendo el patrón estructural de la zona y se acompaña de la revascularización o formación de nuevo de los vasos dañados.

Fase de cicatrización: una semana después de la herida, las fibras de colágeno trasladadas a la zona comienzan su proceso de maduración al tiempo que la reacción inflamatoria decrece. De forma progresiva se unen los bordes separados y la piel vuelve a crecer sobre los mismos, cerrándose la herida y completándose la cura.

Tratamiento 

La gravedad de una herida va a depender por tanto de diversas circunstancias, como la extensión y profundidad de la misma, la intensidad de la posible hemorragia acompañante, la contaminación que presente y la afectación de las estructuras internas. Es necesario entonces valorar la gravedad de las mismas atendiendo a estos criterios antes de tomar una decisión para su tratamiento. Las heridas que cumplan algún criterio de gravedad deben ser tratadas y vigiladas por personal sanitario. Así mismo, toda herida en la que se haya producido una separación importante de los bordes de la piel, dejando a la vista superficies internas, posiblemente tendrá que ser suturada.
Sólo las heridas leves, y que en principio pensemos que no pueden estar complicadas, deben ser tratadas en el domicilio en un primer momento, aunque si la evolución no es favorable, se consultará. El primer paso es la valoración general de la herida en cuanto a su aspecto, sus características, el objeto causante, las complicaciones que presenta, el estado general del afectado y sus antecedentes. Posteriormente debe seguir una valoración de los medios a nuestro alcance; es decir, del material para curas que tenemos y de las posibilidades de acudir a un centro sanitario. Como decíamos antes, en principio una herida leve puede ser tratada en casa, aunque si el acceso a un profesional sanitario es sencillo debe acudirse al mismo.

Signos como la fiebre, el dolor excesivo, las secreciones purulentas o el enrojecimiento de la zona circundante pueden indicarnos durante las curas siguientes que se está produciendo algún tipo de complicación y que será necesaria la valoración por una enfermera o un médico. La evolución de una herida y sobre todo la correcta cicatrización de la misma pueden estar influidas por múltiples circunstancias tanto externas como propias del individuo, de tal modo que pueda prolongarse su tiempo de cura definitiva de forma exagerada. Estas circunstancias son:

• Presencia de infecciones en la herida, lo que se detecta por medios indirectos como el olor que produce (queso fuerte o dulce), el dolor y la fiebre, la inflamación excesiva de los bordes después de los tres o cuatro primeros días, el retraso de la cicatrización o la producción continua de pus.
Los medios directos, es decir el cultivo de una muestra de la herida, son los únicos que pueden confirmar la infección de forma segura.

• Los problemas circulatorios en general, la edad, la debilidad o fragilidad de la piel, la temperatura y la humedad influyen también en el proceso de curación pudiendo alargarlo y complicarlo. La aparición de escaras negras sobre una herida indica la presencia de necrosis o muerte del tejido, que debe ser retirado de la misma.

• Algunas enfermedades generales pueden dificultar el proceso de curación y de cicatrización. La diabetes de forma típica favorece que las heridas se infecten y que curen de forma tardía o lenta, principalmente por la afectación de los pequeños vasos sanguíneos característica de esta enfermedad.

• Otras circunstancias pueden ser la ausencia de una sutura que hubiera sido necesaria, una mala realización de ésta, la aparición de alergias, la desnutrición, la movilización excesiva o precoz de la zona o la realización de curas por personal no entrenado.

Después de haber realizado la cura hay que valorar finalmente el resto de tratamientos necesarios. Son tres los principales aspectos a valorar:

1. Hay que prevenir la Infección por Clostridium tetani o tétanos, consistente en un cuadro de espasmos musculares que pueden desembocar en la muerte por asfixia como consecuencia de una toxina elaborada por este bacilo cuando penetra en el organismo. La sintomatología comienza a las dos semanas de la herida de forma aproximada aunque en ocasiones puede ser más precoz. Las heridas producidas por superficies oxidadas o por tierra donde habiten animales son más propensas a este tipo de infección. Su tratamiento ideal consiste en la prevención mediante la vacunación masiva de la población, por lo que ya se incluye en el calendario vacunal de los niños en la mayoría de los países desarrollados. Conviene recordar que sólo la vacunación completa, es decir, las tres dosis de la misma (la segunda al mes de la primera y la tercera al año proporcionan una protección completa. En caso de duda se procede tras una herida a revacunar.

2. Hay que prevenir cualquier otra infección que pudiera producirse, tanto si la herida se contamina excesivamente,
como si el individuo presenta un estado general debilitado por cualquier circunstancia. Una bacteria llamada Staphylococcus aureus, presente en la piel humana de forma habitual, es el germen que con más frecuencia infecta las heridas. Puede ser por tanto necesario el empleo de antibióticos como la penicilina y derivados para su prevención.

3. Hay que controlar síntomas secundarios mediante el empleo de analgésicos como el paracetamol o el metamizol magnésico, pero no la aspirina, que puede favorecer el sangrado. Un efecto antiinflamatorio además de analgésico puede obtenerse con sustancias como el diclofenaco o el ibuprofeno. Generalmente estos tratamientos sólo
son necesarios los primeros días siempre que no surjan complicaciones.

Como aspecto final, sólo recordar que en determinadas personas y circunstancias las heridas pueden cicatrizar de forma irregular o aberrante, dando como resultado un problema estético evidente. Estas cicatrices patológicas pueden deberse a una predisposición genética del individuo, a complicaciones surgidas durante la curación de la herida, o a una defectuosa sutura de la misma. Así pueden existir cicatrices hipertróficas o excesivamente grandes para la herida que se produjo, qucloideas o gruesas por una reacción excesiva de la propia piel, dolorosas por la afectación de una terminación nerviosa, o retráctiles por una sutura excesivamente tensa.

Un botiquín debe contar con gasas, algodón, antisépticos, esparadrapo y tiritas para tratar las heridas de pronóstico leve.

Ante heridas muy penetrantes y/o perforantes y ante aquellas que pueden afectar psicológicamente por cuestiones estéticas, se hace obligatorio el paso por el quirófano.

La revacunación del tétanos es una medida protectora ante las heridas.

Modos de actuación ante una herida leve

1- Lavado de manos con agua y jabón antes de proceder a tocar la herida; si se tienen guantes de látex limpios deben emplearse.

2- Lavado de la herida con agua a chorro y jabón o con suero fisiológico abundante. Observar la presencia de cuerpos extraños y retirarlos si los hubiera. Limpiar también la región de piel circundante para eliminar focos de contaminación cercanos. Si la zona posee mucho pelo y éste se introduce en la herida, se debe proceder a rasurarlo.

3- Comprimir con una gasa tras el lavado durante unos minutos para frenar la posible hemorragia.
Aplicar un antiséptico sobre la herida utilizando una gasa estéril (mejor que algodón). Los principales antisépticos son, por orden de preferencia, la clorhexidina, la povidona yodada, el agua oxigenada y el alcohol etílico. No es recomendable aplicar pomadas.

Si se trata de una herida pequeña con una abertura escasa, se podrá dejar que cierre y cicatrice por sí sola. Si tenemos dudas al respecto o no somos capaces de controlar la hemorragia, será necesaria la valoración especializada por si procediera la sutura. Ésta puede realizarse con hilo, grapas o con tiras especiales llamadas «puntos de aproximación».

4- Se suture o no la herida, el siguiente paso será el de cubrirla. Para ello se emplearán también gasas estériles y esparadrapo. Existen como alternativa hoy en día apositos adhesivos estériles muy cómodos y que se pegan menos al pelo que el esparadrapo o las tiritas. Nunca debe comprimirse en exceso una herida; si se producen erosiones en un margen amplio de la piel, puede colocarse una venda alrededor de la gasa, pero nunca que apriete la región para que no dificulte la circulación. Es muy importante recordar que una herida curada que se va a cubrir debe de estar seca puesto que la humedad favorecerá que pueda complicarse.

5- Una vez terminada la cura, la zona afectada debe permanecer unas horas en reposo y, a poder ser, elevada respecto al resto del cuerpo para frenar en lo posible la inflamación. Al día siguiente se debe descubrir la cura para comprobar de forma precoz que no se presentan complicaciones. Se repite de nuevo el proceso anterior y se vuelve a cubrir, pudiendo distanciar más las curas (dos o tres días) si el aspecto es bueno. Tan pronto como veamos que se ha recuperado la integridad de la piel y se está formando inicialmente la costra, se dejará ya al aire.

 

Originally posted 2014-07-14 11:21:32.

hemorragias2

Hemorragias

Se denomina así a cualquier extravasación sanguínea, o lo que es lo mismo, a la salida fuera de los vasos de la sangre circulante como consecuencia de una lesión o traumatismo que produce la rotura de éstos. Tan pronto como un vaso sanguíneo se rompe comienzan una serie de reacciones fisiológicas con el objetivo de taponar la salida de sangre y reparar la continuidad del vaso para que se restablezca así la circulación normal. Una hemorragia produce un primer efecto sobre el volumen de sangre circulante, ya que si la pérdida es masiva o rápida éste disminuye de forma dramática poniéndose en peligro el riego sanguíneo de los órganos vitales. Por eso, cuando el organismo detecta esta fuga reacciona con una vasoconstricción o cierre de los vasos próximos a la herida para cortar el mayor caudal perdido posible. La pérdida brusca de sangre se asocia por tanto a un descenso de la tensión, mareo v debilidad, junto con palidez por restricción de la sangre enviada a la piel. Otro efecto de las hemorragias es la perdida de hierro secundaria, asi como de otros nutrientes, especialmente cuando se trata de hemorragias crónicas.

El organismo humano tiene un limite de tolerancia a la pérdida sanguínea, si bien cuando ésta es crónica, los efectos perjudiciales pueden permanecer enmascarados durante largo tiempo. De forma aguda, una hemorragia que supere el litro de sangre extravasada provoca un cuadro grave de hipovolemia que el organismo puede tolerar a costa de notables esfuerzos y de efectos secundarios. A partir de los dos litros, estos mecanismos compensadores se desbordan desembocando en una parada cardiaca.
Las cifras dependerán en cada caso de la envergadura y por tanto del volumen total de sangre que cada persona tenga. Si bien son los traumatismos la causa más frecuente de que se produzca una hemorragia, el inicio de ésta o su prolongación puede verse inducido o favorecido por una serie de circunstancial como:

• Las enfermedades de la coagulación, desde la hemofilia v la enfermedad de Von Willebrand en las que se afectan algunos de los factores de la coagulación, hasta las trombocitopenias o déficits de plaquetas en la sangre.

• Los aumentos de la presión sanguínea sobre regiones capilares como la córnea o la mucosa nasal.

• La toma de fármacos que disminuyen las propiedades agregantes (aspirina) o coagulantes de las células sanguíneas y que por tanto favorecen la prolongación de la hemorragia.

• Otros hechos como los cortes con superficies rectas y afiladas, la presencia de calor en la zona, el movimiento y la elevación de la tensión arterial pueden impedir el cierre de una hemorragia.

Desde el punto de vista práctico, podemos dividir las hemorragias en dos tipos:

• Externa, en la que apreciamos exteriormente la salida de la sangre por un punto concreto o herida abierta y que por tanto se puede abordar directamente.

• Interna, en la que el sangrado es intuido por sus efectos como la hipotensión, la anemia o el shock, o apreciado tras comprobar sangre en el vómito, en las heces o en el esputo. Los hematomas son hemorragias superficiales que no llegan al exterior, pero se hacen visibles a través de la piel. Utilizaremos esta división para explicar las maniobras a seguir en el tratamiento de las hemorragias. Después nos referiremos de forma separada al sangrado nasal o epistaxis y al de los oídos u otorragia.

Tipos de hemorragias atendiendo al tipo de vaso afectado

• Hemorragias capilares, generalmente superficiales y que producen un sangrado lento pero continuo.
• Hemorragias venosas, más abundantes, con poca presión pero con sangre oscura.
• Hemorragias arteriales, de color rojo intenso y con fuerte presión o a borbotones de chorros finos acompañando los latidos cardíacos.

Tratamiento de las hemorragias externas

Teniendo en cuenta todas las circunstancias que rodean al sangrado y viendo su volumen, debemos tomar la decisión de trasladar 0 no al enfermo a un centro sanitario. Aun así, sea una hemorragia leve que podemos
cortar sin problemas, o sea grave y hasta que se produzca la atención especializada, hay que seguir un protocolo de actuación.

Modos de actuación ante una hemorragia externa

1- Colocar en posición tumbada al individuo para realizar el tratamiento de la hemorragia, con la cabeza algo más baja que el resto del cuerpo. Si el sangrado proviene de una extremidad, se debe elevar ésta para que disminuya la presión de salida de la sangre. Si el sangrado se acompaña de herida limpiaremos primero ésta con suero o agua jabonosa a chorro para ubicar con exactitud dónde se encuentra el punto sangrante.

2- Aplicamos presión directamente sobre la hemorragia con la mano, si es posible con gasas estériles y si no, con cualquier trozo de tela limpio que tengamos. Si vemos que pronto rezuma de sangre este trozo de tela no lo retiraremos, sino que añadiremos otro trozo encima del mismo y continuaremos presionando. Si ya sospechamos que se trata de un sangrado importante, se debe mantener la presión durante 15 minutos como mínimo y después comprobar si la hemorragia ha cedido. Si no es así, se volverá a comprimir la región y ya no cesaremos en ello hasta la llegada del personal sanitario.

Si la hemorragia cede con esta técnica o se hace muy pequeña, se procederá a envolver la zona con una venda sin excederse con la presión y se mantendrá así durante 24 horas, tras las cuales se valorará de nuevo su evolución. Si ya no sangra, no es necesario volver a vendar.

3- Si el sangrado es brutal e incontrolable simplemente con la presión de la zona, como en los casos de amputación o trituración de una extremidad, hay que plantearse el corte del riego sanguíneo a la zona afectada. La forma más sencilla de hacer esto es mediante un torniquete, una medida extrema que debe reservarse para las ocasiones en las que pensemos que el individuo va a desangrarse. Un torniquete se realiza con un trozo de tela y un palo para darle más fuerza, que se coloca en un punto entre la hemorragia y el corazón, generalmente el muslo o el brazo. El torniquete se va apretando hasta observar que la hemorragia cede y en ese momento se anuda y se fija. Cada 20 minutos se debe ir aflojando poco a poco, ya que si bien cortamos la hemorragia con esta medida, también dejamos sin riego a una extremidad que puede acabar por gangrenarse.

4- Una vez detenida la hemorragia o durante el traslado al hospital, la víctima debe permanecer tapada, tumbada boca arriba con las piernas levantadas y la cabeza ladeada. Si mantiene un buen estado de conciencia se le pueden dar líquidos de forma pausada, ya que surgirá sed intensa como mecanismo del cuerpo para recuperar el volumen perdido. Lo ideal sería dar suero oral o cualquier bebida isotónica.

Tratamiento de las hemorragias internas

Después de un traumatismo intenso, generalmente con desplazamiento de la persona de forma brusca o choque contra superficie dura (como una caída de gran altura) puede producirse una hemorragia interna. Aunque
desde fuera quizás no apreciemos signos de gravedad, el sangrado interior progresa hasta desembocar en un estado de shock y de muerte si no se trata a tiempo. Por tanto, lo único que podemos hacer en las ocasiones en las que se produzcan estos golpes violen- tos es trasladar a la víctima al hospital, sobre todo si comienza a manifestar minutos después mareo, náuseas, sudoración fría, malestar general y obnubilación con descenso de la presión arterial.
Otro tipo de hemorragias internas son las provenientes del sistema digestivo y res-piratorio. que podemos visualizar externamente cuando la sangre acaba siendo expulsada a través de la boca. Este tipo de sangrados son indicativos de una patología aguda 0 crónica de estos aparatos y debe ser cónsul-tada siempre al medico, siendo sólo una urgencia cuando la cantidad expulsada sea exagerada o el individuo manifieste síntomas como los ya mencionados.
En cualquier caso, las medidas iniciales que debemos tomar en esta situación son la de acostar al afectado, elevar las piernas, cubrirle con una manta y en este caso no darle liquido alguno. Sólo los métodos avanzados de diagnóstico hospitalario como el TAC o la resonancia magnética nos permitirán detectar a ciencia cierta la existencia de la hemorragia interna y su gravedad.

Sangrado nasal o epistaxis

Se trata de un cuadro muy frecuente en el que se produce una hemorragia continua y difícil de frenar proveniente de las fosas nasales debida a dos tipos de circunstancias:

– Factores locales como traumatismos de la nariz o en general de la cara, manipulación de las fosas nasales o introducción de objetos por las mismas, sequedad ambiental, cambios de altitud o rinitis crónicas o alérgicas que predisponen a la mucosa nasal al sangrado. Existen sujetos predispuestos al sangrado por múltiples circunstancias, entre las que se incluye la fragilidad de los capilares de la mucosa nasal

– Factores generales como enfermedades infecciosas del aparato respiratorio, tensión arterial elevada, ansiedad o estrés, alteraciones de la coagulación o tumores nasales.

Modos de actuación ante un sangrado nasal

1- Sentar al individuo con la cabeza inclinada hacia delante y decirle que respire por la boca.

2- Localizar la fosa que sangra, tapar con el dedo la otra y hacer que expulse aire por la que sangra para que se trate de limpiar de coágulos o de cualquier objeto que pudiera haber.

Comprimir con el dedo la (osa que sangra durante cinco o 10 minutos contra el tabique nasal, si no cesa el sangrado,
repetir la maniobra otros 10 minutos. Si persiste el sangrado hay que introducir un tapón de algodón impregnado en agua oxigenada o. mejor aun. en alguna de la sustancias vasoconstrictoras que se venden a tal efecto Si se impregna enseguida y vuelve a rezumar se introduce mas algodón sin quitar el previo.

3- Aplicar hielo en bolsa doble sobre la parte superior de la nariz, entre las cejas, descansando a intervalos Si con todas estas medidas el sangrado cede, se debe retirar el taponamiento a las 24-48 horas Si no cede y se prolonga más de media hora, debe ser derivado a un hospital.

Sangrado por los oídos u otorragia

El sangrado de un oído no debe ser tomado como un signo de gravedad si se produce de forma espontánea, aunque si debe ser consultado al medico. Puede deberse a complicaciones infecciosas o presencia de heridas en el conducto auditivo. Tras un traumatismo acústico o barotrauma puede producirse un sangrado en principio no grave por causa
de una perforación o rotura timpánica. Sin embargo, una otorragia secundaria a un traumatismo en la cabeza puede ser un signo de una fractura de la base del cráneo. En este caso es necesario siempre el traslado urgente de la víctima, siempre tumbado con la cabeza apoyada sobre el lado sangrante. En ningún caso se debe taponar un oído que
sangra.

Ante la sospecha de una hemorragia interna se debe acudir siempre al centro hospitalario.

El TAC o resonancia magnética nos dirá si existe o no una hemorragia interna.

Originally posted 2014-07-14 11:41:18.