Alcool

Intoxicación etílica

El alcohol es un componente fundamental de gran cantidad de bebidas como la cerveza, el vino y otros licores a las que clasifica precisamente como alcohólicas. Todas estas bebidas obtienen su porcentaje alcohólico correspondiente a partir de la fermentación o la destilación de ciertos alimentos o en ocasiones por simple adición del mismo. 11 alcohol que poseen normalmente estos productos es el etanol, de ahí que hablemos de la intoxicación etílica o etilismo, si

bien se emplea también el metanol que es mucho más peligroso, en las bebidas llamadas motiladas o con el fin de adulterar las bebidas normales.

El organismo de los seres humanos es capaz de tolerar unos niveles bajos de alcohol e incluso, como sabemos, se han descrito sus efectos beneficiosos en múltiples circunstancias cuando se toma de forma moderada y controlada, si bien estos efectos no son producidos enteramente por el alcohol, sino por otras sustancias formadas con el mismo y que lo acompañan dentro de las bebidas. El hígado es el órgano encargado de metabolizar esta sustancia de forma casi completa, eliminándose un pequeño porcentaje por la respiración, lo que permite su detección a través de alcoholímetros. El alcohol es una droga legal en la mayoría de los países desarrollados y como consecuencia de su consumo abusivo surgen cada vez más casos de intoxicaciones agudas. Se trata de hecho de la intoxicación aguda más frecuente en los adultos y posiblemente lo sea ya entre los jóvenes, cuyo acceso al mundo de las bebidas
alcohólicas es cada vez más temprano y más ingente. Para que se produzca una intoxicación de este tipo, el primer paso lógicamente debe ser la ingesta excesiva de bebida en un periodo corto de tiempo, aunque no debemos olvidar que los fenómenos de dependencia creados en individuos que sufren un alcoholismo crónico (hasta el 20% de la población en algunas sociedades) hacen que pequeñas cantidades de alcohol produzcan embriaguez. Por el contrario, los fenómenos de tolerancia pueden enmascarar una intoxicación aguda grave en un individuo que no aparen 1 a embriaguez pero que ha bebido en exceso.

El hígado es el órgano más afectado en caso de intoxicación etílica.

Factores que influyen en la intoxicación etílica

La edad del individuo: la tolerancia a los efectos secundarios del alcohol se desarrolla con su consumo y con la maduración y adaptación del metabolismo.

El sexo del individuo: las mujeres poseen una cantidad menor de ciertas enzimas gástricas encargadas de romper inicialmente la molécula de etanol como primer paso de su metabolización hepática.

Las características físicas del individuo: como ante cualquier sustancia consumida, el peso y la envergadura determinan también el efecto de la misma.

Las circunstancias que acompañan a la ingesta: no produce el mismo efecto beber alcohol en ayunas que hacerlo mientras se come. Así mismo, la ingesta rápida satura antes los mecanismos de eliminación y permite una mayor acumulación de alcohol en sangre que la ingesta pausada.

Las características de la bebida: las bebidas de alto conténido en alcohol o aquellas que llevan carbónico en su composición provocan el estado de embriaguez con mayor facilidad.

Los tratamientos acompañantes: la mezcla de ciertos fármacos con alcohol, o aún peor, la toma de drogas de forma conjunta al mismo, aceleran los efectos tóxicos y pueden complicar de sobremanera el cuadro de intoxicación.

La sintomatología que surge a medida que se consuma la Ingesta de alcohol transcurre de forma paralela a las concentraciones que el mismo va alcanzando en la sangre. Se mide en miligramos de alcohol por decilitro de sangre. Si bien existen diversas clasificaciones acerca de la progresión de la borrachera (algunas populares muy graciosas), de forma práctica podemos distinguir tres fases concretas en su evolución:
1. A partir de 0,25 g/l comienzan en la mayoría de los casos una serie de afectaciones cerebrales por inhibición de ciertas vías neuronales que desembocan en hiperexcitabilidad de la corteza cerebral, manífestada en forma de aumento de la sociabilidad, locuacidad, perdida de las inhibiciones y finalmente euforia. El fetor o aliento alcohólico se detecta desde las primeras bebidas tomadas. A medida que se incrementa dicha concentración se pierde parcialmente la capacidad de concentración y de raciocinio, al tiempo que surge una pérdida de habilidad motora y de coordinación. Se observa además un acaloramiento corporal que en la cara se aprecia como rubicundez. El 75% de las intoxicaciones se detienen al llegar a esta fase y no progresan más.

2. A partir de 1 g/l se empiezan a producir alteraciones en el funcionamiento del equilibrio que se manifiestan como andar irregular y separación de las piernas para mantener mejor base de sustentación. Aparecen además otros signos como dificultad para el habla, visión doble o borrosa y trastornos en la conducta, generalmente conducta inapropiada, obscena o excesivamente amistosa. Según aumenta el consumo va apareciendo obnubilación, incoherencia en el lenguaje, frío, vómitos y dificultad para mantenerse de pie; se acaba por tanto de forma brusca la euforia y comienza la fase depresiva de la embriaguez. El individuo normalmente se duerme irremediablemente unas cuantas horas para despertarse con resaca y posiblemente con amnesia de la parte final de su borrachera. De forma
aproximada, un 18% de las borracheras alcanzan este estado y no pasan al grado más grave.

3. A partir de 2,5 g/1 el cuadro se complica gravemente con signos de afectación cerebral aguda que pueden acompañarse de pérdida de conciencia, crisis convulsivas con relajación de esfínteres y dificultad para la respiración. Si se persiste en el consumo o Id ingesta en las fases previas en las que aún se mantenía la conciencia, se
alcanza el estado de estupor y posteriormente de coma. Bu el 7% de los casos se llega hasta este punto.
Cuando un individuo supera las cifras de 5 g/1 se acerca peligrosamente a las cifras que son incompatibles con la vida, siendo inevitable la muerte por depresión respiratoria por encima de 5,5-6 g/l.

A partir de ciertos niveles de alcohol en sangre se puede perder la conciencia y llegar al coma.

Tratamiento de la intoxicación etílica

Sirva todo lo comentado hasta este momento como el mejor tratamiento posible para este tipo de intoxicación, ya que la prevención del alcoholismo debe ser fundamental en las sociedades modernas desde temprana edad y no hay mejor prevención que la que da el conocimiento.

Una vez producida la situación tendremos que afrontarla y tratarla, con el fin último no tanto de curarla, sino de prevenir sus complicaciones. El alcohol no tiene un antídoto concreto ni existen medidas milagrosas que hagan desaparecer la embriaguez de forma rápida. Por tanto, el primer paso a realizar es siempre una valoración del estado general del individuo tratando de cuantificar la cantidad de bebida tomada y en cuánto tiempo, las condiciones en
las que si1 ha realizado la ingesta y las características concretas del mismo en cuanto a enfermedades, fármacos o la posibilidad de haber lomado otras drogas. El uso de alcoholímetros, cada vez más a mano entre la población para evitar multas de tráfico, nos puede ser útil para tratar de situar la fase concreta de embriaguez y por tanto la gravedad del cuadro.

Modo de actuación ante la intoxicación etílica según su gravedad

En las fases iniciales de la embriaguez basta con detener el consumo de alcohol de forma definitiva, comer algo en pequeñas cantidades y trasladar al individuo a un sitio tranquilo para que se despeje poco a poco. El efecto del alcohol sobre el cerebro es mucho mayor cuando las concentraciones del mismo están creciendo, por lo que al frenar la ingesta y tranquilizarse, la recuperación debe ser relativamente rápida.
Si se sabe o se sospecha que se ha tomado una gran cantidad de bebida en la hora previa y que por tanto todavía pueden subir las concentraciones, se debe proceder al vómito con el fin de eliminar la mayor cantidad posible antes de que pase a la sangre. Por supuesto se debe evitar cualquier actividad peligrosa, incluyendo la conducción, aunque aparentemente se haya ,recuperado la normalidad. No se debe administrar ningún tipo de remedio «mágico» ni en general ninguna bebida, salvo agua de forma moderada. Se puede despejar al individuo con agua fresca en la cara. Dado que en la mayoría de los casos la evolución con estas medidas es buena, no es necesaria la asistencia médica en este momento, salvo que concurran circunstancias como tratamientos farmacológicos concomitantes, empleo de otras drogas, enfermedades previas o un retraso que pueda ser considerado como excesivo del proceso de recuperación.

Cuando nos enfrentamos a una embriaguez más grave en la que el individuo ha perdido la capacidad de autocontrol o
directamente se encuentra obnubilado o en estado de estupor, se hace imprescindible dirigirse a un centro médico. Esto es debido a que la ingesta desmesurada de alcohol se asocia con trastornos de todo tipo como las mencionadas crisis convulsivas, la hipoglucemia, la hepatitis aguda alcohólica, los trastornos de iones en la sangre y en general a diversos daños cerebrales. Mientras se produce el traslado debemos tomar algunas medidas preventivas como la de proteger al individuo de caídas, ya que los traumatismos craneoencefálicos son muy habituales en estos casos. Otra medida es la de vigilar el vómito, ya que puede ahogar al sujeto si se encuentra boca arriba; la posición ideal es ésta pero con la cabeza inclinada a un lateral. Finalmente, debemos cubrirle con una manta para evitar la pérdida de calor o hipotermia que acompaña estos casos.
El empleo de cualquier sustancia, especialmente los famosos complejos de vitamina B, debe reservarse para el hospital, ya que su efectividad por vía oral es lenta y escasa.

Una mención aparte merece el llamado delirium tremens. Se denomina así a un cuadro de agitación, temblor, obnubilación y alucinaciones que aparecen en un bebedor habitual importante tras un periodo de abstinencia de 48 horas. Aunque en la mayoría de los casos el curso de esta patología es benigno, hasta en un 10% de ellos pueden surgir complicaciones de forma rápida que desemboquen en la muerte sin ninguna causa concreta de la misma. Por tanto ante esta situación debe solicitarse siempre asistencia médica con el fin de vigilar la estabilidad del individuo e instaurar el tratamiento oportuno.

Originally posted 2014-07-11 10:51:13.

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Intoxicación por medicamentos

En la mayoría de los domicilios es posible encontrar un buen número de fármacos destinados al consumo crónico por diferentes patologías o de reserva para su uso ocasional. Si bien en la mayoría de los casos estos productos se conservan de forma adecuada, es decir, guardados con sus cajas y prospectos en un lugar sin acceso para los niños, no dejan de ser un tóxico potencial si se alteran sus indicaciones o sus dosis terapéuticas. Las intoxicaciones por sustancias farmacológicas son muy frecuentes en los países desarrollados tanto de forma accidental como provocada, con ideas de suicidio, siendo esta última circunstancia más frecuente (90% de los casos). Los niños y los ancianos son los grupos de población más expuestos a la ingestión accidental, mientras que los pacientes psiquiátricos, especialmente los que sufren depresión, los que con más frecuencia presentan intentos autolíticos o de suicidio.

Cualquier medicamento lleva en su composición uno o varios principios activos que cxperimentalmente han demostrado un electo concreto sobre el organismo. Por tanto, se han establecido unas dosis aceptables para el mismo dentro de un rango terapéutico, o lo que es lo mismo, existe un margen de concentraciones en el organismo de esta sustancia dentro del cual ejerce una acción del tipo que sea sin producir daños graves al mismo. Todo fármaco puede producir una toxicidad secundaria a su abuso, por tanto de lo que se trata es de conseguir sustancias en las que el rango terapéutico o útil de las mismas coincida con los límites tolerables del organismo hacia ellas.

Cuando dichas concentraciones no alcanzan el rango terapéutico no estamos obteniendo ningún beneficio de la toma, pero sí estamos expuestos a sus electos secundarios, puesto que a lo mejor estos últimos no necesitan de tanta dosis para presentarse. Pero el caso que nos ocupa es el contrario, la sobredosificación de sustancias que superan las concentraciones aconsejables, que producen un cuadro de intoxicación al superar los límites de tolerancia del organismo.

Cualquier medicamento que tengamos en casa puede ser una fuente de intoxicación por sobredosis. Deben guardarse siempre lejos del alcance de los niños.

Tratamiento de la sobredosis por fármacos

La gran mayoría de los medicamentos disponibles en el mercado tienen un margen de seguridad suficiente como para que la ingesta desproporcionada de los mismos no tenga consecuencias necesariamente fatales. No obstante, como punto inicial y primordial del tratamiento de este tipo de intoxicaciones, se debe tener en cuenta que cualquier sobredosificación farmacológica, accidental o no, tiene que ser consultada siempre con un profesional, sea cual
sea la sustancia y aunque no se manifiesten complicaciones.

De forma general vamos a exponer la actitud a seguir ante ta presencia o la sospecha de este tipo de intoxicaciones para después referirnos de forma concreta a las sustancias más comúnmente implicadas. Inicialmente hay que hacer una valoración global de la situación atendiendo a las siguientes circunstancias:

La interrogación si es posible del afectado: en la mayoría de los casos se reconoce la ingesta abusiva de fármacos después de haberla realizado; se debe buscar un ambiente de confianza y tranquilizador para ello.

La valoración de los antecedentes en este sentido: el hecho de haber intentado ya un suicidio es un factor predisponente muy importante para realizar más. El hecho de ser un enfermo tratado de cualquier tipo de enfermedad mental también nos hace abundar en esta sospecha.

• La búsqueda de pastillas o cajas vacias en la proximidad del individuo o en la basura, al tiempo que se investiga cuál era el tratamiento habitual que tomaba.

El cuadro clínico que presenta el individuo: la obnubilación o aletargamiento, el pensamiento inconexo, el sueño irremediable, las molestias gastrointestinales y las náuseas, la respiración lenta y la aparición de manchas en el cuerpo nos pueden orientar hacia una intoxicación por fármacos, sobre todo si no existen antecedentes concretos de enfermedad grave.

Las medicinas de formas o colores atractivos son más susceptibles de intoxicación por niños.

Efectos de la sobredosis por fármacos

• Se produce la exacerbación de los efectos secundarios que el propio fármaco ya produce a dosis normales.

• Pueden aparecer complicaciones metabólicas como consecuencia del daño directo de los mecanismos naturales de eliminación de esta sustancia, como el sistema hepático o el renal.

• Es posible que se produzca un daño directo sobre cualquier parte del organismo por las concentraciones elevadas de la sustancia en la sangre y en los tejidos al no poder ser eliminada con la suficiente celeridad.

Modo de actuación ante una intoxicación por fármacos

1- Retirar del alcance del individuo cualquier otro fármaco y guardarlos para que con posterioridad sirvan de referencia a la hora de descubrir la sustancia tomada en exceso.

2- Interrogar a las personas cercanas o tratar de comunicar con ellas acerca de la situación general del individuo horas o días antes del suceso.

3- Comprobar la respiración y el pulso del afectado; si no se puede apreciar, comenzar con las maniobras de resucitación.

4- Si el paciente está consciente y reconoce la ingesta abusiva, se procede a provocar el vómito introduciendo los dedos o con un objeto de punta roma. La ingesta obligada de agua o de otros líquidos también puede ser útil para provocar el vómito y arrastrar el contenido gástrico. Estas medidas sólo pueden ser útiles si ha transcurrido menos de una hora desde la toma de los fármacos, ya que después el contenido del producto alcanza la sangre y los órganos internos.

5-  Si el paciente está adormilado se le debe estimular con el fin de mantenerle despierto y consciente en la medida de lo posible, recordando los síntomas que refiere.

6- Una vez en el medio hospitalario se procede a estabilizar al paciente y a realizar distintas maniobras según sean convenientes, como lavado gástrico, administración de carbón activado para neutralizar la absorción del fármaco, diálisis y administración de antídotos si los hubiere. En cualquier caso, es necesaria la atención médica especializada.

Fármacos más comunes ante las intoxicaciones

Sedantes o hipnóticos: como las benzodiacepinas del tipo diacepam, loracepam, alprazolam, bromacepam,
cloracepato y similares. Son fármacos empleados normalmente para inducir el sueño o para tratar la ansiedad. Se considera tóxica la ingesta de 10 a 20 veces sobre la dosis normal. El cuadro provocado comienza con una sedación intensa a la media hora de la toma progresando después en una depresión respiratoria primero y finalmente, de todo el sistema nervioso. Estos fármacos, tomados de forma aislada, suelen responder bien al tratamiento con su antídoto, siempre que no se demore mucho. No suelen provocar la muerte en casi ningún caso, aunque sí revisten gravedad. Las personas acostumbradas al fármaco, que lo usan a diario para dormir, pueden perder el respeto a la dosis recomendada e intoxicarse, pero es más frecuente una sobredosis en pacientes con intento de suicidio.

Paracetamol: se trata de un analgésico muy común empleado en muchas ocasiones en intentos de suicidio, no por su potencia sino por su fácil accesibilidad en cualquier domicilio, ya que es fácil adquirir varios envases sin receta médica. Su toxicidad se manifiesta a partir de la ingesta rápida de unos ocho o 10 gramos, es decir, de unas 15 o 20 pastillas de forma aproximada. El cuadro consiste en dolor abdominal intenso y vómitos, con una afectación hepática hasta 48 horas después que puede ser grave. El pronóstico cuando se trata con su antídoto antes de que pasen ocho horas es generalmente bueno.

Antidepresivos: son fármacos muy empleados con estos propósitos puesto que forman parte del tratamiento previo del paciente, que ya es de por sí un individuo predispuesto a una intoxicación voluntaria por sus propios problemas psicológicos. La sintomatología que aparece con su abuso consiste en temblores, taquicardia, arritmias y entrada posterior en coma. Los antidepresivos más modernos han minimizado estos efectos hasta hacerlos casi imperceptibles. El tratamiento a tiempo evita la muerte en la mayoría de los casos.

Salicilatos: el ácido acetilsalicílico o aspirina es responsable cada vez menos de intoxicaciones de este tipo por su menor uso hoy en día. Además, deben tomarse unas 30 aspirinas de media para que aparezcan vómitos, respiración acelerada, somnolencia y aumento de la temperatura como síntomas más habituales. A dosis muy excesivas como de 50 o 60 aspirinas juntas se produce un cuadro grave de convulsiones y se puede llegar al coma. Al necesitarse tantas pastillas para llegar a la intoxicación, suele ocurrir poco, ya que normalmente no se tiene más de un envase en casa.

Originally posted 2014-07-11 11:29:10.

DROGAS2

Intoxicación por drogas

Aunque sería más oportuno decir «otras drogas», ya que el alcohol es una de ellas, se reserva normalmente este término para referirse a cualquier estupefaciente introducido en el organismo por vía oral, respiratoria o intravenosa con el fin de obtener un efecto psicológico placentero. Es bien sabido que el uso de drogas difícilmente
puede ser controlado por la propia naturaleza de las mismas. A medio plazo surgen complicaciones de tipo físico y psíquico con su empleo y un grado mayor o menor de dependencia que atrapa a quien las usa. El uso racional de las drogas es por tanto una ilusión que mantienen muchos consumidores hasta que comienzan a percibir sus efectos secundarios y requieren ayuda para lograr el abandono de las mismas.
Existen hoy en día diferentes tipos de drogas en el mercado. A las más tradicionales como la heroína, la cocaína, el ácido lisérgico o la marihuana se han sumado muchas otras llamadas drogas de diseño que suelen agrupar anfetaminas y otras sustancias en muchos casos desconocidas. Un problema añadido es el desconocimiento exacto o aproximado de lo que se está tomando con este último tipo de drogas comentado, lo que dificulta de manera importante su diagnóstico y su tratamiento.

Tratamiento general y específico

Nos corresponde aquí sin embargo referirnos al abuso agudo de las mismas en cuanto a sus manifestaciones y en cuanto a las medidas que podemos tomar una vez que se produce la intoxicación, que por otro lado no son muchas fuera del medio hospitalario. El tratamiento de la adicción crónica requiere de programas especiales de desintoxicación y seguimiento.
La intoxicación por drogas, sea por sobredosis o por adulteración de las mismas, requiere siempre de valoración y tratamiento hospitalario, bien sea para vigilar las constantes del individuo y prevenir complicaciones o bien para aplicar los diversos antídotos si los hubiere. No es aconsejable en ningún caso obviar o retrasar la asistencia médica, aunque se tenga experiencia en este tema o los síntomas no parezcan importantes.

La cocaína es una de las drogas más utilizadas por vía respiratoria, aunque también se fuma.

Clasificación de drogas y su tratamiento

Opiáceos: se denominan así a los derivados de la planta de la adormidera, principalmente la morfina y sus derivados como la heroína, la codeína y la metadona. Si bien es la heroína la empleada tradicionalmente como estupefaciente, otras como la codeína pueden ser utilizadas en este sentido, teniendo en cuenta que se encuentra presente en muchos medicamentos como antitusígeno o analgésico. La sobredosis por opiáceos produce un cuadro de euforia inicial que se sigue de un aletargamiento y sedación que puede desembocar en depresión respiratoria y muerte. La presencia de miosis (disminución del tamaño de las pupilas) es un signo muy típico de este tipo de drogas. El tratamiento médico con naloxona produce una recuperación espectacular del cuadro, si bien requiere una vigilancia posterior mínima de 12 horas.

Cocaína: se trata de un estimulante extraído de las hojas de la planta de la coca que se utiliza por vía nasal o fumado, como el crack, que es una combinación de cocaína y bicarbonato sódico. Inicialmente esta droga produce una mejora del estado de ánimo y del vigor que persiste unos 20 minutos y rara vez más allá de la hora. A medida que el consumidor se habitúa a la misma, sus efectos son más cortos y escasos y se aumentan progresivamente la frecuencia y la dosis. La sobredosis de cocaína, a la que se puede llegar con el tiempo sin que el consumidor se está dando cuenta, produce un cuadro grave de alucinaciones, delirios, elevación de la temperatura, dificultad respiratoria, convulsiones y arritmias cardíacas, a veces fatales, ya que pueden derivar en la muerte. Estas últimas pueden aparecer incluso con dosis no muy altas en individuos con alteraciones cardiacas desconocidas. Para la cocaína no existe un antídoto concreto. No es cierto por tanto que la cocaína sea una droga limpia, ni tampoco que no produzca abstinencia, ya que, aunque fuera solamente psicológica, el abandono de su consumo crónico es en muchas ocasiones dificultoso.

Marihuana: las hojas y la resina de la Cannabis sativa sirven para preparar cigarros de marihuana y hachís respectivamente. El delta-9-tetrahidrocannabinol (THC) es el compuesto más activo de esta droga, que pasa
rápidamente a la sangre y de ésta al hígado, donde se transforma en otros metabolitos que son los que producen sus efectos psicotrópicos. La intoxicación por marihuana produce un estado de somnolencia leve y relajación que no difiere en exceso de sus propios efectos normales. Los ojos se enrojecen y aparece normalmente taquicardia que luego ya no se acusa en los fumadores crónicos. Sin embargo, dicha taquicardia puede desembocar en anginas de pecho en personas predispuestas. A dosis muy altas o asociadas con el alcohol puede producir trastornos de la conducta, sobre todo en sujetos con patologías psicológicas de base. Al igual que en el alcoholismo, el consumo crónico de marihuana o hachís produce una dependencia que puede desorganizar la vida de la persona, aislarle social o laboralmente e impedir su maduración.

Anfetaminas: el empleo de anfetaminas da nombre a diversas sustancias como por ejemplo el speed o ice (metanfetamina) y el éxtasis (metilendioximatanfetamina), si bien su empleo dentro de las drogas de diseño multiplica sus derivados y sus nombres de todo tipo como pildora del amor, elefantes, ocho y medio, corazones azules, casper, trébol, dogo, corona, edén y hasta incluso canal plus. El efecto buscado con estas sustancias, muchas veces más baratas que el alcohol, es la disminución de la fatiga y la euforia. Sin embargo, se corren dos tipos de riego con su empleo; uno inmediato en forma de arritmias cardíacas, hipertensión y convulsiones y uno posterior en forma de cefalea, dificultad para la concentración, alteraciones del sueño y del apetito, vómitos y diarreas. Como el resto de intoxicaciones por drogas, requiere vigilancia hospitalaria si aparecen complicaciones inmediatas y la consulta al médico si se sospecha el consumo crónico.

LSD o dietilamida del Ácido Lisérgico: se trata de un potente estupefaciente de más de 50 años de antigüedad cuyo uso parece que comienza a extenderse de nuevo. Su principal efecto es la aparición de sensaciones psicodélicas, definidas como un viaje placentero de percepciones distorsionadas a modo de ilusiones visuales y auditivas; de ahí que se denominen «tripis». Si bien no se han descrito casos de muerte secundaria a su empleo directo, el LSD produce temblor, hipertensión, taquicardias y midriasis (aumento del tamaño de las pupilas). Sumado al riesgo de todo esto está la mayor facilidad para el desarrollo de una crisis de angustia («mal viaje») y de pánico que acaban casi siempre en el hospital. A largo plazo pueden surgir psicosis y trastornos graves del comportamiento.

• La llamada polidrogadicción o consumo simultáneo de drogas plantea un problema añadido en cuanto a que los efectos de las mismas pueden sumarse entre sí o por el contrario enmascararse. Así por ejemplo, los efectos letárgicos de un consumo exagerado de alcohol pueden verse disminuidos por el consumo de cocaína o de anfetaminas, con lo que un individuo puede estar sufriendo graves complicaciones físicas que ni siquiera nota él ni su entorno por la euforia sentida. Así hay casos de muertes súbitas en las primeras horas de la madrugada, por fatiga exagerada, que el individuo no ha percibido debido a los estimulantes.

Originally posted 2014-07-11 11:03:11.