Convulsión-febril-niños

Fiebre

La fiebre es una elevación de la temperatura corporal por encima de los limites normales que se produce de manera controlada, es decir, que los mecanismos de ajuste de temperatura que se encuentran en el cerebro deciden subir unos grados la misma, pero siguen manteniendo la posibilidad de modificarla. Incluso las variaciones diarias de la temperatura que se producen en una persona sana se siguen presentando en una con fiebre; se trata por tanto de un reajuste del «termostato» unos grados más arriba y no de que se estropee como pasaba en la hipertermia.
Se trata de un mecanismo defensivo frente a las infecciones con el objeto de dificultar las condiciones de vida de los
gérmenes e impedir su reproducción y extensión. Al Igual que sucede con la tos o la inflamación, por poner dos ejemplos, la fiebre es más molesta que útil, si bien es un magnífico signo de alarma para detectar enfermedades y controlar su evolución.

Generalmente las infecciones víricas producen fiebres más alias que las bacterianas. Otras causas de fiebre pueden ser traumatismos craneoencefálicos, tumores evolucionados, vasculitis o fiebres inducidas por ciertos fármacos.
Cuando el hipotálamo detecta ciertas toxinas producidas por los gérmenes es cuando decide comenzar con la elevación de la temperatura como respuesta. Para ello ordena generar calor extra a partir de las fuentes de reserva hasta alcanzar el punto deseado. Pero la fiebre es un síndrome que se acompaña de otros signos y síntomas de forma progresiva según se instaura:

• Se produce una vaso-constricción y un enfriamiento de las extremidades, lo que se manifiesta como escalofríos y temblor. La persona presenta un tono de piel pálido mientras sube la temperatura. Pueden aparecer malestar general
lia como síntomas acompañantes.

• Cuando se alcanza el punto máximo de tempera!ura, comienzan a actuar los mecanismos de pérdida de calor; aparece por tanto vasodilatación y la persona ahora tiene calor, la piel se enrojece y comienza a sudar. Podemos decir que este momento se corresponde con la bajada de temperatura. Puede notarse en esta fase cansancio y
dolor de cabeza. Ambos estados pueden comenzar a alternarse a partir de este momento, si bien el empleo de fármacos antipiréticos y de medidas externas de enfriamiento puede alterar este orden.

Las fiebres muy altas pueden acompañarse también de otros síntomas, como el delirio, confusión y obnubilación de la conciencia, aunque tampoco son tan habituales. En los lactantes y niños muy pequeños pueden aparecer convulsiones, que ya se han estudiado en el capítulo acerca de la perdida de conocimiento.

Tipos de cuadros febriles

• Febrícula o fiebre baja, que es cuando se sitúa la temperatura entre 37-38 °C; es la forma más habitual y aunque suele ser provocada por cuadros leves no por ello debe de ser ignorada. Infecciones prolongadas de difícil diagnóstico y cuadros agudos como la apendicitis pueden cursar con febrícula. No obstante, cuando el resto de los síntomas apunten claramente a otra enfermedad común: catarros, gripes, etc., tam- poco deberíamos darle mayor importancia y se puede combatir con un antitérmico.

• Fiebre propiamente dicha, situada entre 38-41,5 °C; de forma habitual por las tardes y por la noche suele elevarse la temperatura para disminuir otra vez al amanecer. Según sus características (intermitente, en agujas, recurrente) orienta hacia una patología concreta o hacia otra.

• Hiperpirexia o fiebre extrema superior a 41,5 °C; aparece en infecciones muy graves y sobre todo en hemorragias cerebrales. Elevaciones superiores a 43 °C son prácticamente incompatibles con la vida y su detección suele ser más bien un error de medición o una exageración.

Cuando la temperatura baja, comienza un periodo de cansancio y cefalea que forma parte de la convalecencia normal en estos casos.

Cuadros agudos como la apendicitis, o inflamación del apéndice, pueden cursar con fiebre o febrícula. En estos casos es importante no bajar la temperatura hasta que se haya establecido un diagnóstico.

Tratamiento

Como decíamos anteriormente, la fiebre es un signo molesto que se tiende a tratar en iodos los casos en la actualidad. Aunque la mayoría de las veces la liebre no aporta mucho desde el punto de vista defensivo, no conviene olvidar que nos informa acerca del estado general de la infección y de su evolución. Por tanto, el deseo de bajar de cualquier modo una fiebre baja o febrícula tampoco es recomendable. Al eliminar la fiebre con antipiréticos, dado que estos fármacos son también analgésicos, podemos enmascarar un cuadro peligroso que parece curado, al desaparecer tanto la liebre como el dolor.
Cuando el diagnóstico inicial o aproximado de la infección que se padece esté realizado o se sospeche claramente, procederemos a tratar la fiebre. En primer lugar, recurriremos a los antipiréticos o también llamados fármacos antitérmicos.
Cuando se comienzan a tomar fármacos de este tipo, es conveniente seguir una paula lija y, al menos durante los primeros días tomarlo a las horas establecidas se tenga o no fiebre. Es más sencillo mantener la temperatura baja, que bajarla cuando se dispara. Cuando con los tratamientos habituales la fiebre no cede o se eleva por enci-
ma de 41 °C debe consultarse de nuevo al médico para que se revise el diagnóstico y el tratamiento. Fs preciso comprobar que la fiebre no se acompañe de signos de alarma graves como vómitos muy potentes, pérdi-
da de consciencia, rigidez en la nuca o manchas en la piel.

las medidas caseras que pueden servir a ayudar a bajar la temperatura son el empleo de paños o compresas irías, las friegas con alcohol, los baños de agua fresca o simplemente desprenderse de las ropas. Sudar la fiebre estando en cama bien abrigado puede resultar muy útil para acortar el tiempo de recuperación, pero siempre se cion, pero siempre se tomará la precaución de cambiar la ropa y las sábanas si se humedecen para evitar así que el paciente pueda enfriarse.
Durante los periodos febriles la hidratación abundante es fundamental. Además, no se debe olvidar que la habitación de un enfermo debe estar bien ventilada, procurando hacerlo sin que  este se resienta por el frío. Los niños pequeños suelen tener cuadros de fiebre más alta que los adultos, incluso aunque la enfermedad no revista gravedad alguna. Su tratamiento, siempre bajo la supervisión del pediatra, será el mismo que el de los adultos, pero con antipiréticos y antitérmicos infantiles y con medios más físicos, como los baños. A pesar de los cuadros febriles exagerados, los padres deben conservar la calma y seguir las instrucciones del personal sanitario. Eso sí, cuando se observe en un niño fiebre alta sin causa aparente, siempre será obligada la visita médica.

Un baño de agua templada y friegas con compresas frías en la frente, la nuca y las muñecas son los remedios físicos más eficaces para bajar la fiebre tanto en niños como en adultos.

Antipiréticos y antitérmicos más frecuentes

Paracetamol: posee propiedades analgésicas y antipiréticas, pero no es un antiinflamatorio, como ocurre con la aspirina. Se trata de un fármaco seguro y eficaz tanto en adultos como en niños, siendo sólo las afectaciones hepáticas su única contraindicación posible. Se puede emplear en casos de fiebre rebelde a dosis de hasta un gramo cada seis horas.

Aspirina: el ácido acetilsalicílico es también un potente antitérmico, aunque su empleo ha sido desplazado en los últimos años por el paracetamol, sobre todo en niños, donde se puede asociar a ciertos síndromes hepáticos. Además existen muchas personas alérgicas a su principal componente químico, lo que le hace más impopular. Como todo antiinflamatorio, este ácido puede dañar la mucosa digestiva y asociarse a úlceras y hemorragias. No obstante, es un medicamento eficaz que suele utilizarse para tratar el dolor y la fiebre. La dosis recomendable es de 500 mg cada seis horas en los adultos.

Otros antiinflamatorios: ibuprofeno, naproxeno. diclofenaco, piroxicam, ketorolaco y en general el resto
de fármacos de este grupo actúan como antitérmicos por el mismo mecanismo de la aspirina, y como ella presentan sus mismos riesgos secundarios. El más conocido de todos es el ibuprofeno, un analgésico, antipirético y antiinflamatorio cuya dosis en los adultos se establece entre 400 y 600 mg cada cuatro o seis horas.

Metamizol magnésico: empleado comúnmente como analgésico, posee también una importante actividad para descender la fiebre y afecta muy poco al sistema digestivo. En adultos, la dosis es de uno o dos gramos cada ocho horas.

Originally posted 2014-07-14 11:05:19.

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Golpe de calor

Hipertermia es la incapacidad del hipotálamo cerebral para controlar la temperatura del cuerpo por la entrada en exceso de calor de forma brusca, hasta el punto de que el sistema no es capaz de inducir variaciones de la misma ni modificarla; es como una especie de fracaso por saturación. La fiebre, por el contrario, es una elevación de la temperatura controlada y consecuente con una patología concreta que la induce a aparecer y a mantenerse. No hay
por tanto fracaso del sistema, sino una reacción defensiva del organismo mediante el calentamiento corporal para combatir una agresión externa.
Se denomina golpe de calor a un tipo de hipertermia, es decir, a un tipo de elevación de la temperatura corporal en la que al contrario que en la liebre, se ha producido un fracaso de la termorregulación. Si bien existen otras causas de hipertermia como la secundaria a fármacos o las surgidas como complicaciones de enfermedades tiroideas, renales o suprarrenales, el golpe de calor es la forma más frecuente.
Este cuadro consiste en una disfunción orgánica potencialmente grave secundaria a una elevación incontrolada de la temperatura que atenta contra el normal funcionamiento de los sistemas y contra su propia estructura. Es decir, que un exceso de calor externo provoca una elevación de la temperatura central que supera el limite de tolerancia humana y puede desembocar en un cuadro mucho más grave. Aunque cualquier individuo es susceptible de padecer este cuadro en un momento determinado, ya que en gran medida depende de las condiciones medioambientales, habitualmente se observa en dos tipos concretos de personas:

• En ancianos, que normalmente aquejados de ciertas enfermedades crónicas, permanecen en un ambiente muy caluroso y muy mal hidratados. Es la típica causa de muerte en personas mayores durante una ola de calor veraniega donde se alcanzan temperaturas de hasta 40 °C que provocan en estos individuos una elevación similar de su propia temperatura.

• En personas jóvenes y sanas que realizan un esfuerzo físico continuado estando al sol y con temperaturas de más de 30 °C y humedades relativas superiores al 60%. En este caso, la mala hidratación, la desprotección de la cabe/a frente al sol y la falta de descanso son claves para que se desemboque en el cuadro. Es frecuente que los jóvenes no tomen en serio las recomendaciones de protección ante el sol y el calor creyendo en su propia fortaleza de forma desmedida o incluso por descuido.

Cabría destacar incluso un tercer grupo de personas con más riesgo de sufrir un golpe de calor, que serían las personas que sufren algún trastorno psiquiátrico, ya que se abandonan v generalmente no son conscientes ni de la situación de peligro ante el sol o el calor, ni de su propia deshidratación. En este grupo podrían encuadrarse también todas aquellas personas alcohólicas o con adicción a otras drogas y también todas las que padecen desnutrición o están muy débiles. El golpe de calor puede adoptar una forma leve desembocando en un síncope embargo, en ocasiones, puede ser ciertamente grave al alcanzar la temperatura corporal los 42 °C, desencadenando así alteraciones de las propias proteínas que forman nuestro organismo, impidiendo el funcionamiento correcto del metabolismo y causando la muerte en más de la mitad de los casos en los que se produce. Cuando el golpe de calor se complica observamos distintos signos y síntomas como:

• Piel seca y caliente, con una temperatura corporal medida con termómetro de más de 40 °C.

• Convulsiones de tipo aislado, espasmos musculares y alteraciones nerviosas debidas a la pérdida de iones a través del sudor.

• Frecuentemente se dan también náuseas y vómitos.

• Hiperventilación o respiración de aspecto jadeante.

• Orina oscura por la presencia de sangre en la misma.

• En los casos más severos, entrada en estado de coma.

En cuanto a los ancianos, hay que mantener sus habitaciones frescas y aireadas dentro de lo posible. Además hay que
asegurarse de que beben los suficientes líquidos, siendo especialmente útiles en estos casos las bebidas isotónicas. Conviene que salgan a andar a última hora del dia, cuando baje el calor.
Un golpe de calor o cualquier tipo de hipertermia debe ser trasladado at medio hospitalario para su supervisión y tratamiento, dada la alta mortalidad que conlleva.

Los niños deben estar siempre protegidos ante el calor y el sol, con la cabeza cubierta, utilizando gafas de sol. usando cremas con factor de protección alto y adecuado a su tipo de piel, y permaneciendo en la sombra el mayor tiempo posible.

Los ancianos están más expuestos al golpe de calor porque suelen tener una hidratación incorrecta. Aún es más fácil que ocurra si están enfermos.

La cabeza debe protegerse de las radiaciones solares con sombreros, pañuelos o gorros de tejidos naturales para que transpiren.

Tratamiento

Se trata de una patología evitable con medidas de protección lógicas frente al sol y en general frente al calor. No se deben realizar actividades físicas intensas durante las horas centrales del día ni en ambientes excesivamente húmedos.

La actividad debe ir precedida en cualquier caso de la toma de líquidos abundantes, nunca café ni alcohol. Durante el ejercicio se debe descansar cada 30 minutos para protegerse del sol, refrescarse la nuca y beber moderadamente.

Es importante proteger el cuerpo con ropa fina que transpire, pero que también proteja del impacto directo de los rayos solares.

No se debe practicar deporte en las horas centrales del día, caracterizadas por ser las más calurosas y además hay que descansar de vez en cuando, beber líquidos frecuentemente y humedecer la nuca al menos cada media hora.

Modos de actuación ante un golpe de calor

1- Situar al afectado luera del impacto del sol, a la sombra, o fuera de la habitación caldeada.

2- Darle bebidas isotónicas o agua en su defecto, siempre que esté consciente.

3- Proporcionarle aire fresco mediante ventilador, abanico o llevarle hasta donde sabemos que existe aire fresco o
acondicionado.

4- Secar el sudor de la piel y humedecérsela después con paños de agua fríos; colocar una bolsa de hielo
en la nuca, en las axilas y en el tórax.

5-  Si el cuadro es extremadamente grave con pérdida de conciencia, se puede proceder a dar baños de agua con hielo.

6- En el hospital, si no cede la hipertermia con todas las medidas anteriores, se procederá directamente a enfriar el organismo con lavados gástricos o peritoneales con suero helado.

Originally posted 2014-07-14 10:54:19.

Temperatura-Cuerpo-humano

Trastornos de la temperatura

Una de las principales características del ser humano es, al igual que la de otros muchos animales superiores, la de ser homcotermo, es decir, la di poseer la capacidad de mantener constante una temperatura corporal independientemente de la que presente el enlomo que le rodea. Esta capacidad es muy útil en cuanto a que permite mantener unas condiciones estables para el funcionamiento de todas las reacciones químicas que forman el metabolismo. De hecho, una parte del mismo se emplea precisamente en mantener ese calor corporal ajustándose a las condiciones climáticas presentes en cada momento.

El hipotálamo es la región cerebral encargada, entre olías funciones, de regular la temperatura corporal, tanto a través de la detección de la temperatura de la sangre que le llega, como mediante una serie de fibras nerviosas que le conectan con diversos detectores de temperatura distribuidos por todo el i uei po. El cuerpo humano mantiene una temperatura media en torno a los 36,6 °C, con variaciones mínimas según cada individuo, el momento del día y su estado de salud. La piel sin embargo se mantiene a 5J,5 °C de media. Para mantener esa temperatura se necesita principalmente el calor que proviene del metabolismo, o lo que es lo mismo, el calor liberado por las reacciones químicas que continuamente se suceden en nuestras células. Pero ésta no es la única fuente de calor que utilizamos, sino que por el hecho de relacionarnos con el medio ambiente estamos expuestos a pérdidas o ganancias de temperatura.
Frente a estas circunstancias ambientales más o menos fáciles de evitar, el cuerpo humano cuenta con métodos fisiológicos de urgencia que estabilizan su temperatura. Junto con el aumento del metabolismo (concretamente la quema de las grasas de reserva y el glucógeno del hígado) para generar más calor químico interno y la subida o bajada de la tensión arterial, los vasos sanguíneos periféricos responden dilatándose con el calor v contrayéndose
con el frío, exponiendo así al exterior más o menos sangre para que se enfríe o se caliente. La tiritona y/o la necesidad de moverse responden también a un mecanismo defensivo que genera calor en la utilización de la glucosa de las células musculares.
Finalmente, la respiración y la ingesta también aportan su intercambio de calor o de frío según la temperatura del aire que respiramos o de los alimentos que tomamos.
A veces se produce un fracaso en el control de la temperatura debido a múltiples circunstancias, generalmente externas, aunque también como consecuencia de otras patologías. Nos referimos a las características y al tratamiento de cuatro síndromes concretos relacionados con la temperatura hipotermia, la congelación, el golpe de calor y finalmente, la fiebre.

La temperatura corporal en relación al medio ambiente

Radiación: el impacto de los rayos solares sobre el cuerpo o de cualquier fuente electromagnética que aporte calor supone una ganancia de calor, independientemente de la temperatura del aire. Por et contrario, a temperaturas menores, es el cuerpo humano el que irradia calor al exterior, siendo además esta su principal forma de eliminarlo.

Convección: a través del aire envolvente se produce un intercambio de calor acorde a las leyes físicas. Así, una temperatura ambiente mayor a 33,5 °C, es decir, que supera a la de la piel, introduce calor en el organismo, mientras que una temperatura baja del aire que nos rodea se calienta gracias al contacto con nuestro cuerpo.

• Conducción: por el contacto directo con cualquier materia, nuestro cuerpo transmite o gana calor dependiendo de la temperatura de dicha materia y de la sangre que nuestra piel exponga a dicho contacto, según la sensación térmica que tengamos. El agua actúa como un conductor excelente y por tanto peligroso en estos casos.

• Evaporación: consiste en la producción de sudor sobre la piel con el fin de enfriarla al evaporarse éste. Es un mecanismo básico o primario del cuerpo para eliminar calor, más molesto que eficaz. De hecho, con humedades relativas superiores al 60% acompañadas de calor intenso, la evaporación es nula.

Originally posted 2014-07-14 09:55:52.

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Hipotermia

Se define de manera simple la hipotermia como aquella sil nación en la que la temperatura del organismo desciende por debajo de 35 ºC marcando el comienzo del fracaso de los mecanismos de regulación térmica que ya hemos mencionado anteriormente.
La hipotermia puede deberse a un descenso excesivo y prolongado de la temperatura ambiental o a una enfermedad grave que impida la actuación del hipotálamo cerebral, que como ya sabemos es el centro regulador.
Además del simple hecho de exponerse al frío, existen varias circunstancias que pueden agravar la respuesta al mismo y producir por tanto hipotermia y congelación con mayor facilidad. Entre éstas cabe destacar:

Las condiciones ambientales: la intensidad del frío, el viento, la humedad o la mojadura, la altitud (más frío cuanta más altura) y en general el tiempo de exposición a todos estos factores determina la gravedad de una hipotermia.

La edad: los niños recién nacidos no son capaces de responder de forma adecuada al frío por la falta de madurez de los sistemas encargados de generar y conservar el calor. Los ancianos también pueden perder la eficacia de dichos sistemas si se asocian circunstancias como la inmovilidad, la demencia o la presencia de patologías crónicas. Por estos motivos, tanto a los niños como a los ancianos, especialmente si están enfermos, se les debe mantener vigilados, de manera que se les abrigue o se les retire la ropa siempre que la situación meteorológica cambie o al entrar en un lugar con calefacción o aire acondicionado.

El estado nutricional y físico: la falta de grasa corporal o de reservas energéticas impide la termogénesis o generación de calor a partir de su movilización y quema. La presencia de fatiga o cansancio extremo por andar o nadar determina también la llegada precoz de este cuadro. Por este motivo, las personas que sufren trastornos ali-
menticios como la anorexia y llegan a una delgadez extrema, siempre sienten frío, ya que carecen de reservas de grasa.

La protección empleada: la mayor parte de las muertes por congelación hoy en día se deben a exposiciones prolongadas al frío con un material de abrigo insuficiente, especialmente al caer la noche o con vientos gélidos. Los montañeros deben extremar las precauciones en sus salidas por mucha experiencia que tengan.

La ingesta de alcohol: si bien un trago de una bebida alcohólica puede hacer entrar en calor a una persona al proporcionarle una fuente energética rápida, no debemos olvidar que el alcohol es un vaso-dilatador, por lo que a la larga, una toma exagerada del mismo produce aún mayor hipotermia y agrava los efectos sobre la consciencia. Cuadros similares pueden describirse con el uso de otras drogas que tengan electos parecidos a los del alcohol, como los barbitúricos y los sedantes.

Algunas enfermedades: el hipotiroidismo, la insuficiencia de las glándulas suprarrenales y la hipoglucemia, por ejemplo, pueden acompañarse por si mismas de un descenso de la temperatura corporal y agravar por tanto una congelación. El infarto de miocardio, las quemaduras o las lesiones de la médula ósea también pueden desenca-
denar hipotermia; por ello siempre se insiste cuando hablamos de primeros auxilios en que hay que cubrir con una manta a cualquier herido, accidentado o enfermo grave. Por último, tengamos en cuenta que ante el frío, muchas enfermedades empeoran, como las alecciones de garganta, los problemas en la piel, etc.

Una temperatura invernal puede producir hipotermia si se está mucho tiempo expuesto al frío sin suficiente ropa de abrigo o si ésta no es la adecuada para temperaturas muy bajas o mucha humedad.

El sistema termorregulador de los recién nacidos es aún precario, por lo que no se defienden bien del trío ni del calor por sí solos.

Tomar alcohol en exceso puede agravar un cuadro de hipotermia, ya que es un vasodilatador y como tal. puede descender más la temperatura corporal.

 

Tipos de hipotermia atendiendo a su gravedad
Hipotermia leve: es aquella en la que la temperatura corporal se sitúa entre 35 y 32 °C. Se produce primeramente una alteración global de las funciones intelectuales con amnesia y apatía. La tensión arterial empieza a subir como consecuencia de la vasoconstricción generalizada. Comienza un temblor muscular que con el paso de los minutos se hace agotador.

Hipotermia moderada: cuando la temperatura se encuentra entre 32 y 28 °C. El nivel de consciencia disminuye, las pupilas se dilatan y el afectado comienza a tener actitudes extrañas y desesperadas. El pulso se desacelera, as como la función cardiaca, pudiendo aparecer arritmias del corazón. El consumo de oxigeno y la producción de dióxido de carbono disminuyen y portanto el ritmo respiratorio lo hace con ellos. Cede la tiritona y empieza a aparecer rigidez muscular.

Hipotermia grave: se produce cuando la temperatura desciende por debajo de los 28 °C y por tanto el riesgo de muerte o secuelas graves es evidente. La actividad cerebral disminuye hasta desaparecer casi por completo, el corazón comienza a fallar manteniendo un ritmo hasta ese momento muy irregular. Desaparece cualquier movimiento o signo de actividad nerviosa.

Tratamiento 

Como siempre el mejor tralamiento posible es la prevención, en este caso basada no sólo en la utilización de la ropa de abrigo adecuada, sino también en el conocimiento del medio por el que se va a excursionar. A la larga, de nada sirven las ropas especiales ni cualquier otro objeto si por error de cálculo, mala suerte o desconocimiento un individuo se expone mucho tiempo al 1 río intenso, ya que la muerte es segura si no es rescatado a tiempo. Por tanto es necesario que las visitas a la montaña sean bien planificadas y comunicadas a las autoridades de rescate y que cuenten con medios adecuados para tratar las principales complicaciones que pueden surgir. La ropa de abrigo debe cumplir una serie de condiciones mínimas para ser adecuada: debe principalmente aislar del viento y de la humedad,
que son las dos formas más rápidas de perder calor que tenemos en estas circunstancias, ya que el calor irradiado por nuestro cuerpo se mantiene gracias al abrigo de la ropa. Nunca deben usarse ropas prietas o muy ajustadas que permitan la pérdida de ¡or o la entrada de frío por conducción; se deben dejar colchones de aire entre la ropa, lo que actúa como un buen aislante.
Es por tanto más útil llevar varias capas de ropa fina superpuestas que una sola, aunque sea muy gruesa. Si se moja una parte del cuerpo, aunque sólo sea por el propio sudor, se debe cambiar la ropa tan pronto como sea posible.

Algunos signos y síntomas deben servirnos para detectar en nosotros mismos o en un compañero de escalada el inicio de un cuadro de hipotermia, con el fin de terminar la expedición si es posible o de tomar medidas preventivas. Estos signos según avanza la gravedad del cuadro son:

• Sensación de frío intensa que no cede con el esfuerzo físico y que no se acompaña de sudor, hasta el punto de impedir cualquier actividad que no esté destinada a calentarse.

• Aparición de lenguaje confuso o ininteligible. Aparecen continuas quejas por la dureza del terreno y un gran pesimismo en cuanto al logro de los objetivos propuestos.

• Torpeza en los movimientos con tropiezos continuos, descoordinación y lentitud respecto al resto y respecto a uno mismo en condiciones normales.

• Actitud negativa o incluso agresiva del afectado con incapacidad para razonar y actos extraños como desprotegerse del frío o echarse a dormir sin querer escucharlos consejos de los compañeros.
Antes de mencionar las medidas básicas para tratar la hipotermia conviene señalar que si bien la alta montaña es el lugar más típico donde se presenta este cuadro, no es el único. También se describen un buen número de hipotermias en nadadores, accidentales o no, incluso con protección especial para el agua. Recordemos que el agua es un excelente conductor que extrae de nuestro cuerpo el calor a gran velocidad y por este motivo se usan las piscinas en
verano. Así, un individuo que permanezca en el agua a 8-10 ºC muere por hipotermia en 15-30 minutos aunque nade o se mueva; incluso con traje aislante de neopreno tendrá que vigilar el tiempo de inmersión.

Llevar ropa de abrigo adecuada al medio, que aisle del viento y la humedad, es la mejor prevención ante la posible hipotermia.

Modos de actuación ante una hipotermia

1- Emprender primeramente el retorno hacia un refugio más cálido por el propio pie o ayudado por los compañeros.
Solicitar ayuda a Protección Civil o a la autoridad competente e incluso, en caso de necesidad, la ayuda de cualquier persona cercana.

2- Retirar las ropas húmedas y sustituirlas por otras secas o impermeables, o por ninguna si no se tienen a mano, siempre y cuando se está ya en un medio más cálido. Es preferible estar desnudo y seco que mantener las ropas mojadas sobre el cuerpo. Las mantas de aluminio son especialmente útiles en estos casos y son muy fáciles de transportar porque no pesan ni ocupan espacio, generalmente son las que utilizan los equipos de salvamento. Cubrir la cabeza, ya que es una fuente muy importante de pérdida de calor.

3- Comprobar la respiración y el pulso para descartar una parada cardiorrespiratoria; si ésta sucede, comenzar con las maniobras de resucitación que se detallan en Salud y bien-estar.

4- Comenzar con el recalentamiento propiamente dicho, dando a beber primeramente bebidas calientes al sujeto siempre que mantenga un nivel de consciencia aceptable, poniendo cuidado en que nunca sean bebidas alcohólicas, sino más bien algún caldo, infusiones, etc.

5- Si la hipotermia es leve y se traslada al individuo a un ambiente en torno a los 22-23 °C, basta con las medidas anteriores, ya que recuperará un grado de temperatura por hora y la mejoría será rápida. Si la hipotermia es
más grave será necesario un recalentamiento más activo mediante la aplicación de ropas calientes o bolsas de agua; este calor no debe proporcionarse sólo en las extremidades, aunque parezcan las zonas más frías, sino también en el tórax y el cuello con el fin de subir la temperatura central al mismo tiempo.

6- Nunca se debe sumergir al individuo en agua caliente si existiese dicha posibilidad, ya que pueden producirse trastornos cardíacos fatales. Pueden utilizarse las cantimploras para llenarlas de agua caliente y ponerlas entre las ropas de la víctima o usar bolsas de agua caliente, pero poniendo cuidado de que nunca entren en contacto directo con la piel.

7- En casos más desesperados, nuestro propio cuerpo puede transmitirte calor a la víctima manteniéndola apretada contra nosotros a cortos intervalos y frotándole el cuerpo con las manos. También se puede introducir aire caliente mediante el boca a boca.

Originally posted 2014-07-14 10:32:52.

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Congelación

La congelación se produce cuando algún tejido o región periférica de un individuo alcanza una temperatura de 0ºC, es decir, se hiela o se congela literalmente, lo que produce un cuadro clínico diferente, pero acompañante al de la hipotermia. La congelación puede presentarse dentro de cualquier fase de la hipotermia o incluso sin signos de la misma, simplemente por el hecho de que una zona corporal quede expuesta a temperaturas bajo cero durante el tiempo suficiente. Así, un montañero puede mantener una temperatura central aceptable mientras que los dedos de sus manos o de sus pies se están congelando probablemente sin que ni siquiera se dé cuenta. También la nariz y las orejas pueden congelarse con facilidad, ya que son partes del cuerpo que están «alejadas» del sistema de irrigación sanguínea y por ese motivo también es fácil que sintamos frías las manos y los pies o que nos enrojezcan la nariz o las orejas cuando hace frío mucho antes que cualquier otra parte del cuerpo.
En los casos graves, cuando un tejido se congela, se forman cristales de hielo en su interior a partir del liquido celular, lo que desemboca en la destrucción de la célula y la afectación de las terminaciones nerviosas y de los vasos sanguíneos que llegan a la zona. Al romperse la vascularización, los tejidos progresivamente se mueren o necrosan, proceso que puede durar incluso semanas, llegándose desgraciadamente a veces a las amputaciones para prevenir la
gangrena. In un primer momento la congelación se acompaña de adormecimiento o acorchamiento de la zona, para con posterioridad aparecer un profundo dolor.
En los casos más leves en los que no llega a producirse realmente la congelación, pero sí la exposición al Brío prolongado de las extremidades, aparecen típicamente des tipos de lesiones:

• Los sabañones o pernios son lesiones de los dedos y del dorso de la mano secundarias a frío seco y más típicas de mujeres jóvenes, especialmente con antecedentes de enfermedades reumáticas articulares. La lesión principal subyacente es sobre las terminaciones nerviosas y los vasos sanguíneos, lo que se manifiesta en la piel como pía
cas eritematosas que después se tornan violáceas, picor, edema y dolor con pérdida de sensibilidad.

• El pie de inmersión, también llamado de trinchera, se debe por el contrario a la exposición a un frió húmedo pro-
longado, especialmente en vagabundos o soldados en guerras. En forma típica, la región afectada se torna fría, azulada y edematosa pudiendo aparecer después ampollas y ulceras. Si no se remedia a tiempo se produce una gangrena final similar a la de las congelaciones. El proceso de descongelación debe mantenerse durante varias horas pese a que parezca que la zona retorna a la normalidad. Al aplicarse calor y comenzar a ceder el cuadro se reestablece la circulación sanguínea y la sensibilidad, lo que provoca la llegada del dolor; es entonces cuando erróneamente se abandonan muchas veces los tratamientos. Las congelaciones graves en las que se demora el traslado a un centro hospitalario pueden complicarse sobremanera con trombosis, edemas, dolores hitensos e infecciones y, pese al tratamiento oportuno que se establezca para cada una de ellas, ser necesaria finalmente la amputación múltiple de falanges.
Como se recomienda siempre, lo mejor es tomar medidas preventivas no exponiéndose innecesariamente a bajas temperaturas y si no queda más remedio que hacerlo, tomar la precaución de utilizar siempre ropa y materiales adecuados para la protección general y muy especialmente, de dedos, nariz y orejas.

Las personas sin techo expuestas a los rigores medioambientales pueden desarrollar fácilmente el llamado «pie de inmersión».

Si el montañero no lleva un calzado adecuado sus dedos pueden congelarse incluso aunque el resto del cuerpo mantenga una temperatura óptima.

Modos de actuación ante un caso de congelación

1- Evitar la utilización de la zona congelada, es decir, no caminar sobre pies que hayan sufrido este cuadro ni utilizar las manos salvo lo imprescindible.

2- Proporcionar alimentos y bebidas calientes tan pronto como se tome refugio. La hidratación es fundamental en
estos casos; recordemos que no se debe beber alcohol cuando existe la sospecha de congelación.

3- No masajear las zonas afectadas ni con nieve ni con nada en general; simplemente descubrirlas una vez llegado a un ambiente cálido.

4- Si la lesión es leve con poca pérdida de sensibilidad y movilidad, se debe dejar que poco a poco se calienten las extremidades v retomen su color y funcionamiento normal; de este modo, el riego sanguíneo se normalizará. Si la lesión es más grave, será necesario recalentar la zona mediante inmersión de la misma en agua a 40 °C o con una manta eléctrica. Siempre se tendrá mucho cuidado con acercar demasiado las manos o pies a una hoguera, ya que la insensibilidad de la zona puede hacer que no se aprecie una quemadura y se empeore el pronóstico.

Originally posted 2014-07-14 10:41:15.