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Transmisión de la rabia

La rabia os una enfermedad infecciosa aguda del sistema nervioso que se propaga por mordedura o araña/o de ciertos animales, siendo más conocido y habitual el perro, pero también otros como el gato, el zorro, el lobo, la moleta, el mono o los murciélagos, si bien es cierto que en las ciudades estos últimos no son animales muv fre-
cuentes. Se producen más de 20.000 casos al año de transmisión de la rabia, si bien se comunican a las autoridades sanitarias una pequeña parte de los mismos al producirse en regiones selváticas o con escasos recursos médicos. La vacunación masiva de los animales domésticos ha disminuido de Corma espectacular el número de casos de rabia en humanos.
Está producida por un virus de la familia de los Rhabdoviridae, que ataca con gran facilidad al sistema nervioso del
receptor y se acumula en sus glándulas salivales, por lo que al poco tiempo de recibir el virus ya se ve capaz de transmitirlo de nuevo mediante otra mordedura. El tiempo de incubación de la enfermedad es muy largo, hasta de tres meses normalmente.  Cuando las mordeduras se producen en la cara o en regiones cercanas al cerebro el desarrollo de la enfermedad es mucho más rápido. Los principales síntomas que presentan, siempre de forma progresiva, los individuos que contraen esta enfermedad son:

• Estado inicial, o pródromos que avisan de la enfermedad, que dura uno o dos días y que se caracteriza por fiebre,
malestar general con náuseas y vómitos, fuerte cefalea y de forma característica un cambio del humor, depresión, temor y ansiedad.

• El periodo siguiente, llamado de excitación, dura otros dos o tres días y se caracteriza por la presencia de espasmos musculares, una salivación excesiva y accesos de furor incontrolado desencadenados por estímulos leves o por el contado directo con el agua, que se alternan con periodos de normalidad con lucidez conservada y aparente tranquilidad. La fiebre se dispara hasta los 41 °C.

• Finalmente, se llega al periodo paralitico, que es de breve duración y de evolución fatal. Se caracteriza por la parálisis progresiva y veloz de toda la musculatura del cuerpo hasta que sobreviene la muerte, generalmente causada por una parada respiratoria.
En principio, se puede decir que la rabia es una enfermedad mortal en todos los casos, si bien existe la esperanza de que con los cuidados intensivos que hoy en día se pueden mantener en los hospitales avanzados ya si- han conseguido algunos casos de supervivencia y sobre todo se logren muchos más gracias a los avances en inves-
tigación. La limpieza de la herida inmediatamente después de producirse, con alcohol o con yodo, y la inmunización frente a la enfermedad por medio de la vacuna son en realidad las únicas medidas que pueden prevenir las complicaciones graves, aunque no siempre el desarrollo, aun- que sea de un modo parcial, de la enfermedad.
Como norma general, debemos consultar y vigilar siempre una herida por mordedura de un animal y proceder a su limpieza inmediata. Si se trata de un animal salvaje, se iniciarán de inmediato las vacunaciones correspondientes y si es uno domestico se comprobará la cartilla de vacunación del mismo. Huelga decir que los propietarios de algún animal deben mantenerlo en perfectas condiciones veterinarias, pues además de las consecuencias para la salud, si ocurre un accidente se puede denunciar al dueño por responsabilidad civil.

Otros animales, como los zorros y los murciélagos, también transmiten la rabia. Estos últimos causan estragos en Australia y America del Sur, donde la transmiten por mordeduras, arañazos e incluso lametazos sobre una herida cutánea.

La moda de adquirir una mascota especial, proveniente de especies de animales salvajes o exóticos,
como los monos de regiones tropicales, puede ser un foco de transmisión de la rabia. En estos casos, los propietarios deben extremar las precauciones con medidas como su propia vacunación y, por supuesto, la del animal.

Aunque no existen datos fiables, se cree que la rabia mata de 50.000 a 70.000 personas cada año, siendo endémica en Asia y en África, Allí los murciélagos son frecuentes y es mucho más difícil detectar si se ha producido o no una mordedura, ya que a veces la efectúan mientras la víctima duerme y resulla tan minúscula que casi no
se ve. De este modo, muchas personas resultan infectadas sin saber siquiera que están expuestas al peligro.

Los lobos que suelen habitar las zonas altas y escarpadas hacen a veces incursiones en las aldeas para atacar al ganado o buscar comida. En esas ocasiones pueden morder a los humanos o a otros animales, como los perros pastores, y convertirse en transmisores de la rabia.

Recomendaciones para prevenir la rabia

1- Los niños nunca deben tocar ni acercarse a los animales desconocidos. En cuanto a las mascotas, jugarán con ellas de manera prudente y con la vigilancia de los adultos.

2- Ante una mordedura, se debe lavar bien la herida y acudir inmediatamente a un centro hospitalario si existe la sospecha de la enfermedad.

3- Hay que vacunar a las mascotas y avisar a las autoridades competentes si se observa a algún animal callejero con indicios de estar rabioso.

4- En los lugares donde existen murciélagos, hay que tener las puertas y ventanas cerradas.

 

Originally posted 2014-07-14 14:28:33.