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Clasificación de las quemaduras

Sea cual sea el origen de la quemadura, el efecto sobre la piel y los tejidos subyacentes es siempre el mismo: un exceso de calor que desnaturaliza los tejidos, especialmente las proteínas que les sirven de sostén, y
una evaporación inmediata de los líquidos tisulares y la consecuente deshidratación.
Por tanto, de forma general, podemos decir que una quemadura produce tres tipos de complicaciones:

• La de la propia lesión en sí misma, es decir, la pérdida de continuidad en la piel por desaparición de tejido que se ha quemado dejando una puerta abierta a las infecciones. Hablaríamos entornes de quemaduras superficiales.

• La afectación directa de órganos vitales internos que pueden perder parte de su anatomía y deteriorarse así su funcionamiento. Estaríamos hablando en este caso de quemaduras internas.

• La deshidratación del organismo por la pérdida brusca de líquido que tendría una repercusión más generalizada sobre el delicado equilibrio de agua y sales minerales indispensable para la vida. Serían por tanto quemaduras sistémicas, en las que todo el organismo se afecta, pese a que la lesión se localice sólo en ciertos puntos.
Para valorar la gravedad de una quemadura se deben atender a dos cuestiones fundamentales como son la extensión y la profundidad de la misma:

• La extensión de una quemadura es un factor pronóstico fundamental, puesto que permite medir la repercusión real que va a tener la lesión sobre el organismo. Así, a mayor superficie afectada, mayor riesgo de exposición a infecciones potencialmente graves, al mismo tiempo que se ofrece una ventana más amplia para que se evapore el agua. Es importante saber que tras una quemadura intensa, la temperatura de las zonas afectadas se mantiene elevada durante mucho tiempo, es decir, que el daño sigue extendiéndose con posterioridad «íl contacto inicial. Para calcular el porcentaje de superficie corporal que se ha quemado podemos recurrir de forma sencilla a la regla de la palma de la mano, sabiendo que la superficie de esta equivale de forma aproximada al 1% del tolal del cuerpo.

Grados de quemaduras según su profundidad

Quemaduras de primer grado: son aquellas que afectan únicamente a la capa externa de la piel o epidermis. Se manifiestan en forma de eritema o enrojecimiento de la misma sin acompañarse de edema. La lesión no forma ampollas, pero sí resulta muy dolorosa. Cura de forma espontánea al cabo de una semana sin cicatrices residuales, pudiendo persistir una zona más pigmentada coincidiendo con la quemadura durante algún tiempo, aunque finalmente termina por desaparecer.

Quemaduras de segundo grado: son aquellas en las que se afecta siempre la dermis o capa interna de la piel, pudiendo alcanzar diversas formas de gravedad según sea la penetración parcial o total de esta capa. El aspecto de la lesión varía desde un enrojecimiento e inflamación de la piel hasta la formación de flictenas pálidas (ampollas que contienen líquido) que desembocan en una escara o costra gruesa que puede tardar más de un mes en curar. Son de peor pronóstico aquéllas  que afectan al tercio más interno de la dermis, ya que pueden destruir las glándulas sebáceas y el pelo, dejando con probabilidad cicatrices severas durante su curación que durarán en muchos casos toda la vida. La sensibilidad y el dolor a la palpación son síntomas aún más intensos que en la forma anterior.

Quemaduras de tercer grado: se caracterizan por la destrucción de la piel en todo su espesor, incluyendo los anejos de la misma e incluso llegando a interesar a tejidos subyacentes. De forma característica, se produce una escara seca que se torna de blanquecina a negra y que se acompaña de una trombosis venosa visible a tra- vés de la piel. El tejido muerto o necrótico adquiere un color negruzco y pierde la sensibilidad, permaneciendo un dolor en la zona circundante donde la quemadura ha sido de menor grado, pero no donde existe mayor gravedad. La cicatriz residual está siempre presente, pudiendo adoptar un aspecto irregular o hipertrófico muy antiestético denominado queloide. Estas cicatrices son muy rebeldes a cualquier tratamiento y, aunque si no ha pasado mucho tiempo, podrían mejorar con la aplicación de aceite de rosa mosqueta, en general no suelen desaparecer, salvo con cirugía estética.

• Algunas clasificaciones incluyen quemaduras de cuarto y quinto grado para referirse a aquéllas que penetran más allá de la dermis, alcanzando las fascias que envuelven a los músculos, a éstos mismos e incluso hasta el propio hueso. Ante un cuadro de esta gravedad, muchos se refieren a carbonización y no a quemadura. Su tratamiento incluye siempre un injerto de piel, puesto que el tejido se destruye por completo y no puede ser curado.

Originally posted 2014-07-11 11:44:39.

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