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1- Seguir una dieta pobre en grasas y en sal, basada en la riqueza de frutas y verduras, legumbres, carnes y pescados. Hay que tener especial cuidado en no consumir dulces, sobre todo bollería industrial, ni alimentos grasos.

2- Mantener el peso corporal dentro de unos índices saludables. Para determinar cuál es, lo mejor es calcular el índice de masa corporal, lo que se consigue con una sencilla ecuación: dividiremos el peso en kilos entre la altura en metros al cuadrado. Si el resultado es menor que 20, indica demasiada delgadez, entre 20 y 25 estaríamos en el peso ideal, entre 25 y 30, indicaría sobrepeso y por encima de 30 se trataría de obesidad.

3- Reducir el consumo de café, té y otras bebidas excitantes, como los refrescos de cola o las infusiones derivadas de ginseng.

4- Hacer ejercicio físico de forma moderada, como caminar, nadar, hacer bicicleta o correr suavemente, no se trata de acabar agotado, sino de mantener nuestro sistema cardiorrespiratorio en forma. La constancia es aquí esencial, por lo que resulta recomendable practicar deporte al menos tres veces por semana.

5- Evitar las situaciones de estrés y aprender técnicas de relajación para afrontar los problemas del día a día. En algunos casos, es necesario que el paciente se plantee un cambio radical en su manera de vivir, renunciando a trabajos que desarrollen la ansiedad y haciendo las cosas con más calma, sin prisas, ni crispaciones.

6- Revisar la tensión arterial de forma periódica, ya sea en una farmacia o en los programas de los centros de salud.

7- En el caso de ya estar diagnosticado de hipertensión, hay que seguir los consejos del médico, acudir a
las revisiones y tomar la medicación prescrita. Para evitar los olvidos, existen reglas nemotécnicas y cajas de medicamentos con recordatorio.