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Hemorragias

Se denomina así a cualquier extravasación sanguínea, o lo que es lo mismo, a la salida fuera de los vasos de la sangre circulante como consecuencia de una lesión o traumatismo que produce la rotura de éstos. Tan pronto como un vaso sanguíneo se rompe comienzan una serie de reacciones fisiológicas con el objetivo de taponar la salida de sangre y reparar la continuidad del vaso para que se restablezca así la circulación normal. Una hemorragia produce un primer efecto sobre el volumen de sangre circulante, ya que si la pérdida es masiva o rápida éste disminuye de forma dramática poniéndose en peligro el riego sanguíneo de los órganos vitales. Por eso, cuando el organismo detecta esta fuga reacciona con una vasoconstricción o cierre de los vasos próximos a la herida para cortar el mayor caudal perdido posible. La pérdida brusca de sangre se asocia por tanto a un descenso de la tensión, mareo v debilidad, junto con palidez por restricción de la sangre enviada a la piel. Otro efecto de las hemorragias es la perdida de hierro secundaria, asi como de otros nutrientes, especialmente cuando se trata de hemorragias crónicas.

El organismo humano tiene un limite de tolerancia a la pérdida sanguínea, si bien cuando ésta es crónica, los efectos perjudiciales pueden permanecer enmascarados durante largo tiempo. De forma aguda, una hemorragia que supere el litro de sangre extravasada provoca un cuadro grave de hipovolemia que el organismo puede tolerar a costa de notables esfuerzos y de efectos secundarios. A partir de los dos litros, estos mecanismos compensadores se desbordan desembocando en una parada cardiaca.
Las cifras dependerán en cada caso de la envergadura y por tanto del volumen total de sangre que cada persona tenga. Si bien son los traumatismos la causa más frecuente de que se produzca una hemorragia, el inicio de ésta o su prolongación puede verse inducido o favorecido por una serie de circunstancial como:

• Las enfermedades de la coagulación, desde la hemofilia v la enfermedad de Von Willebrand en las que se afectan algunos de los factores de la coagulación, hasta las trombocitopenias o déficits de plaquetas en la sangre.

• Los aumentos de la presión sanguínea sobre regiones capilares como la córnea o la mucosa nasal.

• La toma de fármacos que disminuyen las propiedades agregantes (aspirina) o coagulantes de las células sanguíneas y que por tanto favorecen la prolongación de la hemorragia.

• Otros hechos como los cortes con superficies rectas y afiladas, la presencia de calor en la zona, el movimiento y la elevación de la tensión arterial pueden impedir el cierre de una hemorragia.

Desde el punto de vista práctico, podemos dividir las hemorragias en dos tipos:

• Externa, en la que apreciamos exteriormente la salida de la sangre por un punto concreto o herida abierta y que por tanto se puede abordar directamente.

• Interna, en la que el sangrado es intuido por sus efectos como la hipotensión, la anemia o el shock, o apreciado tras comprobar sangre en el vómito, en las heces o en el esputo. Los hematomas son hemorragias superficiales que no llegan al exterior, pero se hacen visibles a través de la piel. Utilizaremos esta división para explicar las maniobras a seguir en el tratamiento de las hemorragias. Después nos referiremos de forma separada al sangrado nasal o epistaxis y al de los oídos u otorragia.

Tipos de hemorragias atendiendo al tipo de vaso afectado

• Hemorragias capilares, generalmente superficiales y que producen un sangrado lento pero continuo.
• Hemorragias venosas, más abundantes, con poca presión pero con sangre oscura.
• Hemorragias arteriales, de color rojo intenso y con fuerte presión o a borbotones de chorros finos acompañando los latidos cardíacos.

Tratamiento de las hemorragias externas

Teniendo en cuenta todas las circunstancias que rodean al sangrado y viendo su volumen, debemos tomar la decisión de trasladar 0 no al enfermo a un centro sanitario. Aun así, sea una hemorragia leve que podemos
cortar sin problemas, o sea grave y hasta que se produzca la atención especializada, hay que seguir un protocolo de actuación.

Modos de actuación ante una hemorragia externa

1- Colocar en posición tumbada al individuo para realizar el tratamiento de la hemorragia, con la cabeza algo más baja que el resto del cuerpo. Si el sangrado proviene de una extremidad, se debe elevar ésta para que disminuya la presión de salida de la sangre. Si el sangrado se acompaña de herida limpiaremos primero ésta con suero o agua jabonosa a chorro para ubicar con exactitud dónde se encuentra el punto sangrante.

2- Aplicamos presión directamente sobre la hemorragia con la mano, si es posible con gasas estériles y si no, con cualquier trozo de tela limpio que tengamos. Si vemos que pronto rezuma de sangre este trozo de tela no lo retiraremos, sino que añadiremos otro trozo encima del mismo y continuaremos presionando. Si ya sospechamos que se trata de un sangrado importante, se debe mantener la presión durante 15 minutos como mínimo y después comprobar si la hemorragia ha cedido. Si no es así, se volverá a comprimir la región y ya no cesaremos en ello hasta la llegada del personal sanitario.

Si la hemorragia cede con esta técnica o se hace muy pequeña, se procederá a envolver la zona con una venda sin excederse con la presión y se mantendrá así durante 24 horas, tras las cuales se valorará de nuevo su evolución. Si ya no sangra, no es necesario volver a vendar.

3- Si el sangrado es brutal e incontrolable simplemente con la presión de la zona, como en los casos de amputación o trituración de una extremidad, hay que plantearse el corte del riego sanguíneo a la zona afectada. La forma más sencilla de hacer esto es mediante un torniquete, una medida extrema que debe reservarse para las ocasiones en las que pensemos que el individuo va a desangrarse. Un torniquete se realiza con un trozo de tela y un palo para darle más fuerza, que se coloca en un punto entre la hemorragia y el corazón, generalmente el muslo o el brazo. El torniquete se va apretando hasta observar que la hemorragia cede y en ese momento se anuda y se fija. Cada 20 minutos se debe ir aflojando poco a poco, ya que si bien cortamos la hemorragia con esta medida, también dejamos sin riego a una extremidad que puede acabar por gangrenarse.

4- Una vez detenida la hemorragia o durante el traslado al hospital, la víctima debe permanecer tapada, tumbada boca arriba con las piernas levantadas y la cabeza ladeada. Si mantiene un buen estado de conciencia se le pueden dar líquidos de forma pausada, ya que surgirá sed intensa como mecanismo del cuerpo para recuperar el volumen perdido. Lo ideal sería dar suero oral o cualquier bebida isotónica.

Tratamiento de las hemorragias internas

Después de un traumatismo intenso, generalmente con desplazamiento de la persona de forma brusca o choque contra superficie dura (como una caída de gran altura) puede producirse una hemorragia interna. Aunque
desde fuera quizás no apreciemos signos de gravedad, el sangrado interior progresa hasta desembocar en un estado de shock y de muerte si no se trata a tiempo. Por tanto, lo único que podemos hacer en las ocasiones en las que se produzcan estos golpes violen- tos es trasladar a la víctima al hospital, sobre todo si comienza a manifestar minutos después mareo, náuseas, sudoración fría, malestar general y obnubilación con descenso de la presión arterial.
Otro tipo de hemorragias internas son las provenientes del sistema digestivo y res-piratorio. que podemos visualizar externamente cuando la sangre acaba siendo expulsada a través de la boca. Este tipo de sangrados son indicativos de una patología aguda 0 crónica de estos aparatos y debe ser cónsul-tada siempre al medico, siendo sólo una urgencia cuando la cantidad expulsada sea exagerada o el individuo manifieste síntomas como los ya mencionados.
En cualquier caso, las medidas iniciales que debemos tomar en esta situación son la de acostar al afectado, elevar las piernas, cubrirle con una manta y en este caso no darle liquido alguno. Sólo los métodos avanzados de diagnóstico hospitalario como el TAC o la resonancia magnética nos permitirán detectar a ciencia cierta la existencia de la hemorragia interna y su gravedad.

Sangrado nasal o epistaxis

Se trata de un cuadro muy frecuente en el que se produce una hemorragia continua y difícil de frenar proveniente de las fosas nasales debida a dos tipos de circunstancias:

– Factores locales como traumatismos de la nariz o en general de la cara, manipulación de las fosas nasales o introducción de objetos por las mismas, sequedad ambiental, cambios de altitud o rinitis crónicas o alérgicas que predisponen a la mucosa nasal al sangrado. Existen sujetos predispuestos al sangrado por múltiples circunstancias, entre las que se incluye la fragilidad de los capilares de la mucosa nasal

– Factores generales como enfermedades infecciosas del aparato respiratorio, tensión arterial elevada, ansiedad o estrés, alteraciones de la coagulación o tumores nasales.

Modos de actuación ante un sangrado nasal

1- Sentar al individuo con la cabeza inclinada hacia delante y decirle que respire por la boca.

2- Localizar la fosa que sangra, tapar con el dedo la otra y hacer que expulse aire por la que sangra para que se trate de limpiar de coágulos o de cualquier objeto que pudiera haber.

Comprimir con el dedo la (osa que sangra durante cinco o 10 minutos contra el tabique nasal, si no cesa el sangrado,
repetir la maniobra otros 10 minutos. Si persiste el sangrado hay que introducir un tapón de algodón impregnado en agua oxigenada o. mejor aun. en alguna de la sustancias vasoconstrictoras que se venden a tal efecto Si se impregna enseguida y vuelve a rezumar se introduce mas algodón sin quitar el previo.

3- Aplicar hielo en bolsa doble sobre la parte superior de la nariz, entre las cejas, descansando a intervalos Si con todas estas medidas el sangrado cede, se debe retirar el taponamiento a las 24-48 horas Si no cede y se prolonga más de media hora, debe ser derivado a un hospital.

Sangrado por los oídos u otorragia

El sangrado de un oído no debe ser tomado como un signo de gravedad si se produce de forma espontánea, aunque si debe ser consultado al medico. Puede deberse a complicaciones infecciosas o presencia de heridas en el conducto auditivo. Tras un traumatismo acústico o barotrauma puede producirse un sangrado en principio no grave por causa
de una perforación o rotura timpánica. Sin embargo, una otorragia secundaria a un traumatismo en la cabeza puede ser un signo de una fractura de la base del cráneo. En este caso es necesario siempre el traslado urgente de la víctima, siempre tumbado con la cabeza apoyada sobre el lado sangrante. En ningún caso se debe taponar un oído que
sangra.

Ante la sospecha de una hemorragia interna se debe acudir siempre al centro hospitalario.

El TAC o resonancia magnética nos dirá si existe o no una hemorragia interna.

Originally posted 2014-07-14 11:41:18.

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