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Quemaduras

La piel, junto con sus anejos, representa una barrera diferenciadora entre el interior del organismo y el medio ambiente que nos rodea, y como tal, cualquier interrupción en la continuidad de la misma supone un riesgo para la salud. listas interrupciones pueden deberse en ocasiones a heridas o traumatismos que laceren alguna o todas las capas de la piel o,
como nos ocupa en este caso, a agresiones localizadas o generales de éste órgano por medios físicos o químicos que provoquen una alteración de su integridad. Se define por tanto la quemadura como la pérdida de sustancia o descomposición de la superficie corporal como consecuencia del contacto de la misma con un agente externo que supera sus límites de tolerancia. Dentro de esta definición debemos extendernos más en aclarar sus puntos fundamentales. El primero es que una quemadura supone una pérdida parcial o total de la integridad de la piel y por tanto de sus propiedades, pudiendo en easos extremos llegar la agresión hasta estructuras más internas como el músculo. los órganos internos e incluso los huesos. En segundo lugar, si bien asociamos a calor, no siempre es el
exceso de temperatura el causante de la misma, sino que existen otros agentes responsables que también pueden inducir la aparición de este tipo de lesión.

Tipos de quemaduras

Quemaduras térmicas: producidas por elevaciones o descensos de la temperatura ambiente, o bien por contacto de la superficie de la piel con un objeto que le trasmite precisamente frío o calor durante el suficiente tiempo como para desequilibrar su estado natural. Igualmente pueden transmitirse mediante convección de chorros de aire a temperaturas extremas sin que medie un contacto físico directo. Se trata del tipo más frecuente de quemaduras accidentales, siendo en la mitad de los casos el fuego el responsable de las mismas y, en menor porcentaje, otras causas, como la escaldadura con líquidos calientes que se caen o la congelación de las extremidades. Debemos tener siempre en cuenta que una quemadura no sólo que es igual de frecuente que surja por temperaturas extremas de frío.

Quemaduras por radiación: se incluyen principalmente en este apartado todas aquellas lesiones de la piel secundarias a un exceso de radiación solar sobre la misma, es decir, las típicas quemaduras debidas a una exposición exagerada al sol o a un viento excesivamente cálido de forma prolongada, muy propias de periodos vacacionales estivales en la playa o invernales, en las estaciones de esquí y entre los montañeros. Son por tanto mayoritariamente evitables, si bien cualquier piel que no sea negra tiene un límite de absorción de luz solar aunque se use protección, por lo que en situaciones extremas las quemaduras son inevitables. No obstante siempre se deben utilizar cremas con un factor de protección solar adecuado al tipo de piel. Además de producir un envejecimiento de la piel, las lesiones de la misma por un exceso de sol suponen un factor de riesgo a medio y largo plazo para el desarrollo de tumores cancerígenos malignos y otras enfermedades de la piel. De forma mucho menos frecuente se producen también quemaduras por radiaciones de tipo ionizante, generalmente en el ámbito laboral, relacionadas con escapes de radiación nuclear en instalaciones o transportes que emplean esta energía, por lo que los trabajadores de este sector han de tomar todo tipo de precauciones y no bajar nunca la guardia por mucha experiencia que se tenga.

Quemaduras por sustancias químicas: el contacto directo de la piel tanto con ácidos como con álcalis o bases puede desembocar en una quemadura por alteración del equilibrio de aquella y su posterior descomposición. Pueden llegar a ser extremadamente peligrosas por su forma de presentarse, ya que no siempre es evidente desde el inicio la magnitud de la lesión, pudiendo progresar a formas cada vez más graves a medida que el producto químico va extendiéndose y profundizando en su acción. Aunque este tipo de quemaduras suelen ser más frecuentes en el ámbito laboral, debemos recordar que en el domiciliario existen almacenadas este tipo de sustancias y que por tanto representan una fuente de peligro potencial, sobre todo para los niños. Lo más recomendable es mantener todo tipo de productos abrasivos lejos de su alcance, del mismo modo que se hace con las medicinas y con cualquier veneno doméstico.

Quemaduras eléctricas: la corriente eléctrica, o flujo de electrones a través de un medio conductor, produce lesiones en el ser humano cuando supera unos límites mínimos de tolerancia. La fuente de energía puede ser natural, como un rayo de tormenta, industrial (la más frecuente y peligrosa) o domiciliaria, a través de enchufes y cables de la red eléctrica que abastece el hogar. Para valorar el peligro de la exposición a una corriente eléctri ca debemos atender a dos de sus características como son el voltaje y el amperaje. Los rayos pueden llegar a transmitir hasta billones de voltios en pocos segundos, mientras que en las corrientes industriales no se suelen superar el centenar de miles de voltios y finalmente la doméstica se sitúa en unos 200. El voltaje es responsable de lesiones internas en el organismo, especialmente por un descontrol de los sistemas eléctricos del mismo que incluye espasmos musculares, convulsiones y afectación cardiaca, normalmente de pronóstico fatal. En estos casos, circunstancias como el aislamiento del circuito, la dirección tomada por la corriente y las condiciones del individuo (incluyendo la propia suerte) determinan la gravedad del cuadro. Pero en el caso que nos ocupa, es decir, las quemaduras, no es el voltaje sino el amperaje, o lo que es lo mismo, la intensidad de la corriente, la responsable de las mismas. En la medida en la que los tejidos del cuerpo ofrecen resistencia al paso de la corriente se genera calor en el mismo. Este calor, que puede alcanzar los 5.000 grados centígrados en pocos segundos, produce una quemadura en el trayecto de la corriente que puede cebarse más sobre ciertas estructuras teniendo en cuenta la mencionada resistencia del mismo. La quemadura por energía eléctrica puede pasar desapercibida externamente, pero ser extremadamente grave en un punto interno, si bien la lesión en el punto de entrada y de salida de la corriente suele ser constante. Conviene recordar que pequeñas corrientes de sólo 50 voltios y cinco o seis amperios pueden producir la muerte si se acompañan de circunstancias tales como humedad o contacto prolongado.

Modo de actuación ante una tormenta eléctrica

1- Si estamos en casa, cerraremos las ventanas y apagaremos todos los aparatos que estén conectados con la red
eléctrica y para mayor seguridad, los desenchufaremos. Especialmente, hay que evitar la televisión, el ordenador y el teléfono. Si necesitamos información meteorológica lo haremos a través de una radio que funcione por pilas. Es importante tener instalado un pararrayos.

2- Si la tormenta nos sorprende en la calle, buscaremos protección en tiendas o casas y si eso no fuera posible (por
ejemplo, de noche), nos ampararemos situándonos contra los muros de los edificios que tengan pararrayos. Si estamos en el campo, buscaremos las zonas más bajas, lejos de montes y colinas y, especialmente, lejos de los árboles, sobre todo si están apartados o solitarios. Nos alejaremos de las vallas metálicas y nos desembarazaremos de cualquier objeto también metálico que podamos llevar encima. Es más seguro permanecer seco y no sentarse sobre zonas húmedas.

3- En caso de tormenta, hay lugares especialmente peligrosos, como permanecer en campo abierto o en lugares
como pistas de tenis, piscinas (nunca debemos bañarnos en ellas ni en el mar durante una tormenta) o campos de golf. Se deben evitar también las zonas con cables o alambradas y las vías de tren.

Originally posted 2014-07-11 11:38:16.

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