reanimacion

En muchas ocasiones y como consecuencia de una enfermedad grave, un traumatismo o una intoxicación, se puede llegar como punto final a una parada cardiorrespiratoria. Se define como la interrupción brusca, inesperada y potencialmente reversible de la respiración y de la circulación espontánea. Se trata de una complicación gravísima de la que en muy pocas ocasiones el individuo que la sufre se recupera sin ayuda, siendo entonces la muerte posterior inevitable.

Distinguimos por tanto entre un individuo con palada cardiorrespiratoria y un individuo muerto, simplemente por el tiempo transcurrido desde la primera, si es que lo podemos saber con certeza. De ahí que en principio cualquier sujeto encontrado en esta situación debe ser objeto de un intento de reanimación, sobre todo si desconocemos las causas que le han llevado a la misma. Cuando los signos externos evidencian de forma clara que el individuo está muerto o la reanimación es ineficaz durante un tiempo suficiente, se podrá decir que se ha producido el fallecimiento.

Del mismo modo que, sin recibir tratamiento, una parada tiene muy mal pronóstico, hay que decir por el contrario que con una correcta reanimación se producen un buen número de resucitaciones. De ahí que las maniobras básicas a tal efecto deberían ser conocidas por toda la población, ya que salvaría vidas, sobre todo si tenemos en cuenta que los primeros minutos tras la parada son fundamentales para el pronóstico de la misma.

Es muy importante conocer la mecánica a seguir ante este tipo de situaciones, lo que se denomina “cadena de supervivencia” o sucesión de actos que deben seguirse de forma ordenada ante una situación de este tipo, con el fin de proporcionar el mejor tratamiento posible a los afectados. De forma esquemática vamos a recordar cuáles son estos pasos a seguir, para finalizar con la descripción de las maniobras de resucitación cardiopulmonar:

1. Para empezar, debemos comprobar que el individuo y nosotros mismos no corremos más peligros añadidos, lo que quiere decir, que el causante externo, si lo hubiere, no sigue presente. Al decir esto nos referimos a que hay que apartar a la víctima del lugar del suceso si entraña algún riesgo, como por ejemplo el agua, las cercanías de un incendio, una posible corriente eléctrica, una carretera o cualquier sitio inadecuado para tratarle posteriormente.

2. El segundo paso es solicitar ayuda a las personas cercanas y a los servicios de emergencias, relatándoles con la mayor precisión posible la situación, el número de víctimas y el estado de las mismas. Entre la primera ayuda que llega se debe Identificar de manera razonable al más preparado para realizar o dirigir la atención urgente a la victima, separando a todas aquellas personas que no puedan ayudar, sobre todo si son presa de los nervios.

3. A partir de este momento comprobaremos el estado del individuo. Lo primero es determinar si está 0 no consciente, para lo que trataremos de estimularle tanto verbalmente, como moviendo sus hombros con suavidad, viendo si presenta flacidez al moverle los brazos. Si está consciente, le colocaremos en la posición de seguridad
que debemos aprender: primero lo tumbaremos boca arriba, flexionaremos el brazo y la pierna que vayan a quedar en la parte interna haciendo un ángulo recto y lo giraremos hasta tumbarlo sobre un costado, colocando la mano externa bajo la mejilla que se apoya en el suelo. Después le abriga remos, buscaremos signos de hemorragias en general procederemos de forma cauta vigilante hasta la llegada del personal sanitario; no puede haber parada cardiorrespiratoria con conscieneia mantenida, aunque esté obnubilada o débil.

4. Tenemos que discernir ahora si, individuo simplemente ha perdido la consciencia o sufre una parada cardiorrespiratoria. Para ello comprobaremos si respira (buscando movimientos en el tórax, acercando nuestra mejilla a su nariz) y si tiene pulso, bien en el cuello un poco más arriba y hacia fuera de la nuez o bien en la muñeca hacia su borde externo. Si ambas circunstancias están mantenidas, volveremos a la posición de seguridad en decúbito lateral ya mencionada anteriormente y vigilaremos sus constantes cada poco tiempo hasta la llegada de la ayuda especializada.
En ningún caso se le debe dar bebida o comida alguna hasta que la recuperación de la consciencia sea aceptable.

5. Si no detectamos respiración, pero sí pulso sanguíneo, tenemos que comprobar que la vía aérea no se encuentra obstruida explorando la boca y extrayendo cualquier cuerpo extraño presente. Si continua respirar hay que comenzar sin dilación com la respiración artificial boca a boca hasta que retorne la respiración espontánea. La
situación contraria, es decir respiración positiva pero sin pulso, es muy poco probable, ya que la parada cardiaca conlleva fallo respiratorio siempre a los pocos segundos; en esta situación lo que ocurre es que el pulso es muy débil y unas manos poco expertas o nerviosas no lo detectan. Finalmente, si concluimos que ni respira, ni tiene pulso, habrá que comenzar con las maniobras completas de resucitación que se pueden revisar en los cuadros de ventilación.
Antes de proceder con ellas hay que situar al individuo de la forma apropiada:
• Buscar una superficie dura y lisa donde apoyarle boca arriba bien extendido.

• Moverle hacia la misma, entre varias personas si es posible, como un bloque firme, sobre todo manteniendo la cabeza recta respecto de los hombros.

• Una vez en esta posición, desplazar. Ligeramente la cabeza hacia atrás presionando con cuidado la frente con una mano y fraccionando del mentón hacia delante con la otra. Se puede colocar algo de ropa debajo del cuello para mantener esta postura. Una vez llegados a este punto y habiendo seleccionado las personas nías capacitadas para realizar el procedimiento, se comprueba la hora y se comienzan con las maniobras. El ritmo de ventilación y masaje cardíaco será:

• Dos ventilaciones seguidas de 1 5 compresiones cardíacas cuando sólo hay un reanimador.

• Una ventilación seguida de cinco compresiones cuando hay más de uno. Mientras uno realiza las compresiones cardíacas, el otro realiza las ventilaciones. Esto se debe a que un solo reanimador se fatigaría en pocos minutos a un ritmo muy rápido, Si hay varios reanimadores capacitados, deben turnarse en las maniobras cada pocos minutos. Los intentos de reanimad, se mantendrán hasta la llegada de los servicios sanitarios o en su defecto hasta que los signos de muerte sean evidentes por concurrir otras lesiones graves; pasados 30 minutos desde que se se pueda evidenciar la parada no tiene sentido proseguir con el interno.

Respiración artificial paso a paso

Una vez que nos hemos situado de rodillas, perpendicularmente a la cabeza de la víctima, procederemos de la siguiente manera:

1- Ocluimos las fosas nasales con el dedo pulgar e índice y apoyamos el resto de la mano sobre la frente.

2- Inspiramos aire profundamente y apoyamos nuestros labios con firmeza sobre los de la víctima asegurándonos de que la unión de ambos lados queda sellada.

3- Insuflamos el aire de forma lenta pero continua durante unos tres segundos, mientras comprobamos con la otra mano que el tórax se expande.

4- Nos retiramos para comprobar que el aire vuelve a salir al tiempo que la caja torácica retorna a su posición.

5- Si se trata sólo de una parada respiratoria, mantenemos un ritmo de 10 ventilaciones por minuto; si es cardiorrespiratoria, según el ritmo señalado anteriormente. Si insuflamos aire pero no entra y el tórax no se mueve, o bien lo hacemos mal, habrá que revisar si no existe obstrucción de la vía aérea. En el caso de los niños pequeños tendremos que cubrir con nuestra boca tanto la suya insuflaciones más cortas pero más rápidas.

Ventilación paso a paso

La postura es también de rodillas perpendicularmente a la víctima, sólo que ahora nos desplazamos hacia el pecho, que previamente descubrimos. Una vez localizado el punto de masaje, un poco por encima del final del esternón, procederemos como se indica a continuación:

1- Con los brazos extendidos, apoyaremos el talón de una mano sobre el punto elegido y el talón de la otra sobre la primera entrelazando los dedos entre sí con una mano sobre la otra.

2- Comprimiremos con un esfuerzo rápido o brusco el tórax hasta que éste descienda unos pocos centímetros, sin excederse para no romper el esternón, aunque si esto sucede, no supone más riesgo del que ya naj y se debe proseguir con el masaje. Cuando se llevan varios intentos se acaba conociendo la fuerza justa que hay que emplear. En los niños se realiza el masaje con una sola mano y con menos fuerza que en los adultos; en los bebés sólo se usan dos o tres dedos.

3- Comprobaremos al mismo tiempo, o tras finalizar varias tandas de masajes y ventilaciones hubiera un reanimador, si se percibe pulso.