Entradas

images (11)

Mordeduras y picaduras

Las mordeduras y picaduras por animales suponen una de las causas más frecuentes de consulta urgente en los países en vías de desarrollo o subdesarrollados, mientras que en el primer mundo, de forma paralela al avance del
urbanismo, son cada vez menos habituales, ya que en las ciudades ha cedido mucho la presencia de animales salvajes, éstos ya no se encuentran en contacto con el hombre y las mascotas suelen estar muy vigiladas desde el punto de vista veterinario. No obstante se calcula que cada año se producen casi cinco millones de mordeduras por animales en todo el mundo, siendo aún mucho mayor el número de picaduras de insectos. Se  ala en cualquier caso de una patologia relativamente frecuente y aunque, si bien es banal en la mayor parte de los casos, el conocimiento de los diferentes tipos de lesiones que pueden ser producidas en el cuerpo humano por el resto de seres vivos puede ser muy útil tanto en el ámbito domiciliario como en el profesional.
Cuando se produce una mordedura o picadura, o simplemente un arañazo, debemos atender siempre a cuatro aspectos principales:

• A la propia lesión producida sobre la piel, que será más o menos grave atendiendo a su extensión, su profundidad y las características tanto del causante de la lesión como del que la recibe. A este respecto, se puede consultar la gravedad de una herida en el capítulo anterior.

• A la infección que puede producirse como consecuencia de la ruptura de la barrera protectora de la piel, bien por gérmenes transportados por el propio animal causante, o bien por microorganismos externos o de la piel circundante que la afectan por causas de contigüidad. Entre un 15 y un 25% de las mordeduras se infectan produciendo de forma secundaria cua-tiros pnlcncialmentc graves si no son tratados a tiempo.

• Al posible veneno o tóxicos que ciertos seres vivos puedan transmitir a través de su picadura o mordedura y que desencadenen, no sólo ya una reacción local, sino también una reacción sistémica o generalizada por todo el organismo y que atenta contra la vida de la persona.

• A la posible reacción alérgica que pudiera surgir en ciertos individuos sensibles a las sustancias, venenosas o no, introducidas por la agresión y que pueden agravar de forma considerable el cuadro. Tras producirse la agresión nos encontramos entonces con un cuadro de sangrado, de inflamación, de dolor, de picor e incluso de malestar general que puede llegar al shock en los casos más graves. Portanto, dependiendo de cada tipo concreto de lesión y de su causante, el tratamiento de las mordeduras y picaduras puede abarcar tres fases como son la limpieza y curación de la propia herida (que se tratará como cualquier otra), la prevención de las infecciones derivadas de las mismas y el tratamiento de posibles envenenamientos secundarios y reacciones alérgicas graves.
Para comenzar con una buena explicación sobre los primeros auxilios que se deben aplicar en estos casos, vamos a
comentar de forma gene-ral los pasos a seguir ante cualquier tipo de mordedura o picadura. A continuación nos referiremos de forma específica a las principales características y al tratamiento de las mordeduras y picaduras más habituales en nuestro medio, que incluyen desde animales superiores o vertebrados hasta insectos y peces, deteniéndonos en aquellos que son especialmente dañinos para el hombre o que de forma más habitual pueden atacarlo por vivir cerca.
No obstante, no debemos confiarnos, ya que nadie está del todo libre de ser atacado por un animal, incluso de los conocidos como salvajes o de los que viven en un habitat muy alejado del hombre, ya que en unas inocentes vacaciones, al salir de excursión o ante los mismos animales domésticos nos podríamos ver totalmente desvalidos. Para que esto no nos sorprenda, es mejor aprender los protocolos de actuación antes de que la
ocasión se presente.

Las picaduras de los insectos constituyen una consulta hospitalaria más habitual que las mordeduras y arañazos.

Modos de actuación general ante las mordeduras y picaduras

1- Realizar una valoración inicial de la gravedad del cuadro atendiendo tanto a las características de la herida producida (extensión, profundidad, etc.) como al estado general del individuo que la sufre (tanto previo como posterior a la lesión) y al tipo de animal concreto que se sabe o se sospecha que la ha producido. Se debe solicitar ayuda médica si por ante cualquiera de las tres circunstancias mencionadas pensamos que corre peligro la salud del afectado.

2- Desprender o retirar cualquier objeto o ropa cercanos a la herida que puedan comprimirla o dificultar su valoración y tratamiento. Recordar la hora exacta a la que se ha producido la lesión.

3- Si nos decidimos a proceder con la limpieza de la herida debemos asegurarnos primero de que contamos con el suficiente material necesario, esto es, gasas estériles, suero, desinfectantes tópicos (agua oxigenada, yodo, alcohol) y apositos. Proceder después a la limpieza de la herida lavándola con abundante suero a chorro y eliminando los posibles cuerpos extraños que hayan podido quedar, incluyendo el aguijón de las picaduras. Cubrir la lesión con un aposito durante los primeros días repitiendo la cura de forma diaria.

4- La realización de torniquetes o de cualquier sistema de compresión alrededor de la herida sólo es necesaria en aquellos casos en los que tengamos la certeza de que la mordedura proviene de una serpiente o araña venenosa. Dicho torniquete sólo es eficaz si se realiza a los pocos segundos de la mordedura, puesto que el veneno se extiende por la sangre relativamente rápido. En ningún caso debe mantenerse un torniquete durante horas, puesto que la gangrena secundaria al mismo sería peor que el propio riesgo de envenenamiento.

5- No corresponde al profano la decisión de realizar o no la sutura de la herida, pero sí conviene recordar que por norma general las heridas por mordeduras no deben nunca coserse en un primer momento por el alto riesgo de infección que presentan.Tras unos días y viendo que la evolución de la herida es satisfactoria puede procederse a su sutura. En el caso de la cara, para evitar secuelas de tipo estético, se cosen de forma precoz las heridas asumiendo el riesgo.

6- Para evitar las posibles infecciones, se instaurará un tratamiento antibiótico profiláctico que se extienda normalmente durante una semana. Los antibióticos empleados normalmente son derivados de la penicilina como la cloxacilina y la amoxicilina con ácido clavulánico o de otros grupos, como por ejemplo el ciprofloxacino.

7- Si la persona no la tiene o si se duda de ello, se pondrá la vacuna del tétanos. Además en ciertos casos se controlará el riesgo de contraer la rabia.

8- Finalmente, pueden añadirse al tratamiento otros fármacos con diferentes objetivos, como analgésicos para el dolor, antiinflamatorios, antihistamínicos para el picor o corticoides para casos más graves con alergia o reacción generalizada del organismo.

Originally posted 2014-07-14 14:05:38.

images (10)

Mordeduras de perros

Más de las tres cuartas partes de todos los casos de mordeduras son debidos a estos animales. En la mayoría de los casos se trata del propio perro de la víctima o de uno conocido. La zona donde se localizan las mordeduras con mayor frecuencia son las extremidades inferiores. Es conveniente tomar medidas preventivas ante la presencia de cualquier animal. Si leñemos un perro o un gato, debemos llevarlo con bozal y correa para evitar que pueda atacar a
otras personas y nunca podremos fiarnos ciegamente, ya que por mucho cariño y confianza que se Ies tenga, el comportamiento de un animal es siempre imprevisible. Nunca debe permitirse que los niños se acerquen a jugar o a molestar a perros o gatos desconocidos, especialmente si los primeros son de razas consideradas como peligrosas (perros de presa, por ejemplo).
De forma característica, las mordeduras de perro que se infectan comienzan con un dolor intenso de la zona, una inflamación y una secreción purulenta. En el caso de que la lesión sea muy profunda o en una región muy vascularizada, el cuadro puede progresar rápidamente hacia fiebre con adenopatías; es decir, aumento del tamaño de los ganglios linfáticos, y en general síntomas de que la infección se ha extendido.
Los gérmenes que transmiten con más frecuencia los perros son múltiples, destacando diversos tipos de estreptococos y estafilococos y otros como la Pasteurella o  cimas ocasiones se transmiten gérmenes raros como el C. canimorsus que ponen en riesgo realmente la vida del individuo al producir un cuadro de sepsis fulminante.
El procedimiento a seguir ante una mordedura de perro es el anteriormente comentado como norma general ante las mordeduras, pero teniendo en cuenta los siguientes comentarios:

• La vacunación antitetánica es imprescindible; en caso de que se esté correctamente vacunado con las tres dosis correspondientes, es necesaria una dosis que actuará como recuerdo si hace más de cinco años de que la primera se realizara y una revacunación completa si ya han transcurrido 10 años.

• Los individuos afectos por enfermedades crónicas graves o con descensos en la capacidad inmune deben ser muy especialmente vigilados durante los primeros días tras la mordedura por su mayor riesgo para desarrollar complicaciones.

• Junto con la limpieza de la herida, que no debe cerrarse con sutura, se administrará amoxicilina y ácido clavulánico a dosis altas durante ocho días. Otros antibióticos también pueden ser válidos.

• Se vigilará de forma especial ante el riesgo de la aparición de rabia en aquellas mordeduras o simplemente arañazos donde no se conozca el estado de vacunación del perro o sea dudoso. Dado que la rabia puede ser transmitida por diversos animales además del perro, se comentará más adelante dentro de este capítulo en un apartado propio.

Si se tienen niños, más frágiles y expuestos a los ataques de un perro, se debe escoger una raza mansa, un perro tranquilo y a ser posible de pequeño tamaño para que viva en la casa.

 

Originally posted 2014-07-14 14:09:26.

transferir (7)

Lesiones musculares

Una de las patologías más habituales en el ámbito domiciliario y familiar son los traumatismos sobre el aparato locomotor. En la mayoría de los casos se trata de golpes sin importancia, que aparte del hematoma y del dolor subsiguiente, apenas dejan impotencia funcional, es decir, que no impiden de manera importante la utilización de esa región muscular o de esa articulación. En estos casos no cabe decir más que un simple tratamiento analgésico o antiinflamatorio seguido de una cierta protección de la zona dañada. Con esto bastará para solucionar el problema.

En el lado opuesto situaríamos a los mgrandes traumatismos en los que se producen fracturas acompañadas o no de complicaciones vasculares y nerviosas que requieren en cualquier caso un tratamiento especializado urgente y un seguimiento posterior protocolizado. Proporcionar dicho tratamiento tan pronto como sea posible trasladando al individuo al medio hospitalario es la principal misión que podemos realizar, si bien como veremos al hablar de las fracturas, ciertos conocimientos previos pueden ser útiles antes o durante dicho traslado.

Dos son los mecanismos principales por los que se puede producir una lesión muscular en el ser humano:

• Por un traumatismo directo sobre la masa muscular, bien sea una herida punzante que tras romper la piel se clava en su espesor y produce el daño, o bien un golpe con una superficie plana que aprisiona la masa muscular entre ella misma y el hueso subyacente, hablando entornes de contusiones musculares.

• Por una sobrecarga o un sobreesfuerzo, por una mala contracción de las fibras musculares, por una mala postura, por falta de entrenamiento y en general por cualquier circunstancia que se traduzca en un daño muscular espontáneo y secundario al uso del aparato locomotor.

En cualquiera de los dos casos, la lesión de las fibras musculares va a producir un mismo cuadro clínico, dolor, hematoma con inflamación e impotencia funcional, todo ello en mayor o menor grado dependiendo de la intensidad del traumatismo.
Alrededor de la zona afectada puede producirse una hemorragia por la rotura de las fibras que desemboque en un hematoma interno; con el paso de los días dicho hematoma puede alcanzar la piel y visualizarse desde el exterior.

Otra consecuencia directa puede ser el espasmo muscular secundario al intenso dolor que impida por completo la utilización del músculo.

Tratamiento

EI objetivo del tratamiento en las lesiones musculares es precisamente controlar sus síntomas, proteger el músculo dañado, evitar complicaciones y favorecer la recuperación tan pronto como sea posible.
Los antiinflamatorios son especialmente útiles durante los primeros días tras la lesión para evitar complicaciones de la misma y para calmar el dolor. Pueden utilizarse por ejemplo el diclofenaco a dosis de 50 mg o el ketorolaco de 10 mg tres veces al día. La prevención de las lesiones musculares mediante un correcto ejercicio de calentamiento es fundamental en cualquier práctica deportiva, aunque no sea de alto nivel.
El esfuerzo de una masa muscular fría o mal preparada físicamente favorece las lesiones de la misma.

Modos de actuación ante una lesión muscular

1- Inmovilizar primeramente la zona afecta; tan pronto como se note un pinchazo muscular durante la realización de un movimiento o se produzca el golpe, hay que pararse y dejar reposar la musculatura afecta. Si hay una rotura de fibras, e movimiento va a favorecer que se produzca más sangrado, y por tanto más hematoma y más dolor.
En caliente además podemos notar menos dolor y seguir agravando una lesión que no se manifiesta hasta haber finalizado.

2- Aplicar frío rápidamente mediante una bolsa de hielo sobre la zona dolorida; el objetivo de esta maniobra es producir una vasoconstricción en los vasos musculares que impidan el sangrado y la llegada de los factores sanguíneos que promueven la inflamación. Ciertos sprays «milagrosos» utilizados en deportistas proporcionan ese frío inicial y alivian rápidamente el dolor muscular. Jamás se debe masajear un músculo recién dañado ni aplicarle calor por ningún método.

3- Comprimir el músculo mediante un vendaje bien apretado si es posible por su localización; con esta medida pretendemos también taponar una posible hemorragia al tiempo que acercamos los extremos de las fibras
musculares rotas para que se forme la cicatriz cuanto antes.

4- Mantener la inmovilización muscular mientras dura el proceso de cicatrización; posteriormente será necesaria la rehabilitación pautada o controlada por un especialista.

 

Originally posted 2014-07-14 08:27:21.

Convulsión-febril-niños

Fiebre

La fiebre es una elevación de la temperatura corporal por encima de los limites normales que se produce de manera controlada, es decir, que los mecanismos de ajuste de temperatura que se encuentran en el cerebro deciden subir unos grados la misma, pero siguen manteniendo la posibilidad de modificarla. Incluso las variaciones diarias de la temperatura que se producen en una persona sana se siguen presentando en una con fiebre; se trata por tanto de un reajuste del «termostato» unos grados más arriba y no de que se estropee como pasaba en la hipertermia.
Se trata de un mecanismo defensivo frente a las infecciones con el objeto de dificultar las condiciones de vida de los
gérmenes e impedir su reproducción y extensión. Al Igual que sucede con la tos o la inflamación, por poner dos ejemplos, la fiebre es más molesta que útil, si bien es un magnífico signo de alarma para detectar enfermedades y controlar su evolución.

Generalmente las infecciones víricas producen fiebres más alias que las bacterianas. Otras causas de fiebre pueden ser traumatismos craneoencefálicos, tumores evolucionados, vasculitis o fiebres inducidas por ciertos fármacos.
Cuando el hipotálamo detecta ciertas toxinas producidas por los gérmenes es cuando decide comenzar con la elevación de la temperatura como respuesta. Para ello ordena generar calor extra a partir de las fuentes de reserva hasta alcanzar el punto deseado. Pero la fiebre es un síndrome que se acompaña de otros signos y síntomas de forma progresiva según se instaura:

• Se produce una vaso-constricción y un enfriamiento de las extremidades, lo que se manifiesta como escalofríos y temblor. La persona presenta un tono de piel pálido mientras sube la temperatura. Pueden aparecer malestar general
lia como síntomas acompañantes.

• Cuando se alcanza el punto máximo de tempera!ura, comienzan a actuar los mecanismos de pérdida de calor; aparece por tanto vasodilatación y la persona ahora tiene calor, la piel se enrojece y comienza a sudar. Podemos decir que este momento se corresponde con la bajada de temperatura. Puede notarse en esta fase cansancio y
dolor de cabeza. Ambos estados pueden comenzar a alternarse a partir de este momento, si bien el empleo de fármacos antipiréticos y de medidas externas de enfriamiento puede alterar este orden.

Las fiebres muy altas pueden acompañarse también de otros síntomas, como el delirio, confusión y obnubilación de la conciencia, aunque tampoco son tan habituales. En los lactantes y niños muy pequeños pueden aparecer convulsiones, que ya se han estudiado en el capítulo acerca de la perdida de conocimiento.

Tipos de cuadros febriles

• Febrícula o fiebre baja, que es cuando se sitúa la temperatura entre 37-38 °C; es la forma más habitual y aunque suele ser provocada por cuadros leves no por ello debe de ser ignorada. Infecciones prolongadas de difícil diagnóstico y cuadros agudos como la apendicitis pueden cursar con febrícula. No obstante, cuando el resto de los síntomas apunten claramente a otra enfermedad común: catarros, gripes, etc., tam- poco deberíamos darle mayor importancia y se puede combatir con un antitérmico.

• Fiebre propiamente dicha, situada entre 38-41,5 °C; de forma habitual por las tardes y por la noche suele elevarse la temperatura para disminuir otra vez al amanecer. Según sus características (intermitente, en agujas, recurrente) orienta hacia una patología concreta o hacia otra.

• Hiperpirexia o fiebre extrema superior a 41,5 °C; aparece en infecciones muy graves y sobre todo en hemorragias cerebrales. Elevaciones superiores a 43 °C son prácticamente incompatibles con la vida y su detección suele ser más bien un error de medición o una exageración.

Cuando la temperatura baja, comienza un periodo de cansancio y cefalea que forma parte de la convalecencia normal en estos casos.

Cuadros agudos como la apendicitis, o inflamación del apéndice, pueden cursar con fiebre o febrícula. En estos casos es importante no bajar la temperatura hasta que se haya establecido un diagnóstico.

Tratamiento

Como decíamos anteriormente, la fiebre es un signo molesto que se tiende a tratar en iodos los casos en la actualidad. Aunque la mayoría de las veces la liebre no aporta mucho desde el punto de vista defensivo, no conviene olvidar que nos informa acerca del estado general de la infección y de su evolución. Por tanto, el deseo de bajar de cualquier modo una fiebre baja o febrícula tampoco es recomendable. Al eliminar la fiebre con antipiréticos, dado que estos fármacos son también analgésicos, podemos enmascarar un cuadro peligroso que parece curado, al desaparecer tanto la liebre como el dolor.
Cuando el diagnóstico inicial o aproximado de la infección que se padece esté realizado o se sospeche claramente, procederemos a tratar la fiebre. En primer lugar, recurriremos a los antipiréticos o también llamados fármacos antitérmicos.
Cuando se comienzan a tomar fármacos de este tipo, es conveniente seguir una paula lija y, al menos durante los primeros días tomarlo a las horas establecidas se tenga o no fiebre. Es más sencillo mantener la temperatura baja, que bajarla cuando se dispara. Cuando con los tratamientos habituales la fiebre no cede o se eleva por enci-
ma de 41 °C debe consultarse de nuevo al médico para que se revise el diagnóstico y el tratamiento. Fs preciso comprobar que la fiebre no se acompañe de signos de alarma graves como vómitos muy potentes, pérdi-
da de consciencia, rigidez en la nuca o manchas en la piel.

las medidas caseras que pueden servir a ayudar a bajar la temperatura son el empleo de paños o compresas irías, las friegas con alcohol, los baños de agua fresca o simplemente desprenderse de las ropas. Sudar la fiebre estando en cama bien abrigado puede resultar muy útil para acortar el tiempo de recuperación, pero siempre se cion, pero siempre se tomará la precaución de cambiar la ropa y las sábanas si se humedecen para evitar así que el paciente pueda enfriarse.
Durante los periodos febriles la hidratación abundante es fundamental. Además, no se debe olvidar que la habitación de un enfermo debe estar bien ventilada, procurando hacerlo sin que  este se resienta por el frío. Los niños pequeños suelen tener cuadros de fiebre más alta que los adultos, incluso aunque la enfermedad no revista gravedad alguna. Su tratamiento, siempre bajo la supervisión del pediatra, será el mismo que el de los adultos, pero con antipiréticos y antitérmicos infantiles y con medios más físicos, como los baños. A pesar de los cuadros febriles exagerados, los padres deben conservar la calma y seguir las instrucciones del personal sanitario. Eso sí, cuando se observe en un niño fiebre alta sin causa aparente, siempre será obligada la visita médica.

Un baño de agua templada y friegas con compresas frías en la frente, la nuca y las muñecas son los remedios físicos más eficaces para bajar la fiebre tanto en niños como en adultos.

Antipiréticos y antitérmicos más frecuentes

Paracetamol: posee propiedades analgésicas y antipiréticas, pero no es un antiinflamatorio, como ocurre con la aspirina. Se trata de un fármaco seguro y eficaz tanto en adultos como en niños, siendo sólo las afectaciones hepáticas su única contraindicación posible. Se puede emplear en casos de fiebre rebelde a dosis de hasta un gramo cada seis horas.

Aspirina: el ácido acetilsalicílico es también un potente antitérmico, aunque su empleo ha sido desplazado en los últimos años por el paracetamol, sobre todo en niños, donde se puede asociar a ciertos síndromes hepáticos. Además existen muchas personas alérgicas a su principal componente químico, lo que le hace más impopular. Como todo antiinflamatorio, este ácido puede dañar la mucosa digestiva y asociarse a úlceras y hemorragias. No obstante, es un medicamento eficaz que suele utilizarse para tratar el dolor y la fiebre. La dosis recomendable es de 500 mg cada seis horas en los adultos.

Otros antiinflamatorios: ibuprofeno, naproxeno. diclofenaco, piroxicam, ketorolaco y en general el resto
de fármacos de este grupo actúan como antitérmicos por el mismo mecanismo de la aspirina, y como ella presentan sus mismos riesgos secundarios. El más conocido de todos es el ibuprofeno, un analgésico, antipirético y antiinflamatorio cuya dosis en los adultos se establece entre 400 y 600 mg cada cuatro o seis horas.

Metamizol magnésico: empleado comúnmente como analgésico, posee también una importante actividad para descender la fiebre y afecta muy poco al sistema digestivo. En adultos, la dosis es de uno o dos gramos cada ocho horas.

Originally posted 2014-07-14 11:05:19.

transferir (3)

Clasificación de las quemaduras

Sea cual sea el origen de la quemadura, el efecto sobre la piel y los tejidos subyacentes es siempre el mismo: un exceso de calor que desnaturaliza los tejidos, especialmente las proteínas que les sirven de sostén, y
una evaporación inmediata de los líquidos tisulares y la consecuente deshidratación.
Por tanto, de forma general, podemos decir que una quemadura produce tres tipos de complicaciones:

• La de la propia lesión en sí misma, es decir, la pérdida de continuidad en la piel por desaparición de tejido que se ha quemado dejando una puerta abierta a las infecciones. Hablaríamos entornes de quemaduras superficiales.

• La afectación directa de órganos vitales internos que pueden perder parte de su anatomía y deteriorarse así su funcionamiento. Estaríamos hablando en este caso de quemaduras internas.

• La deshidratación del organismo por la pérdida brusca de líquido que tendría una repercusión más generalizada sobre el delicado equilibrio de agua y sales minerales indispensable para la vida. Serían por tanto quemaduras sistémicas, en las que todo el organismo se afecta, pese a que la lesión se localice sólo en ciertos puntos.
Para valorar la gravedad de una quemadura se deben atender a dos cuestiones fundamentales como son la extensión y la profundidad de la misma:

• La extensión de una quemadura es un factor pronóstico fundamental, puesto que permite medir la repercusión real que va a tener la lesión sobre el organismo. Así, a mayor superficie afectada, mayor riesgo de exposición a infecciones potencialmente graves, al mismo tiempo que se ofrece una ventana más amplia para que se evapore el agua. Es importante saber que tras una quemadura intensa, la temperatura de las zonas afectadas se mantiene elevada durante mucho tiempo, es decir, que el daño sigue extendiéndose con posterioridad «íl contacto inicial. Para calcular el porcentaje de superficie corporal que se ha quemado podemos recurrir de forma sencilla a la regla de la palma de la mano, sabiendo que la superficie de esta equivale de forma aproximada al 1% del tolal del cuerpo.

Grados de quemaduras según su profundidad

Quemaduras de primer grado: son aquellas que afectan únicamente a la capa externa de la piel o epidermis. Se manifiestan en forma de eritema o enrojecimiento de la misma sin acompañarse de edema. La lesión no forma ampollas, pero sí resulta muy dolorosa. Cura de forma espontánea al cabo de una semana sin cicatrices residuales, pudiendo persistir una zona más pigmentada coincidiendo con la quemadura durante algún tiempo, aunque finalmente termina por desaparecer.

Quemaduras de segundo grado: son aquellas en las que se afecta siempre la dermis o capa interna de la piel, pudiendo alcanzar diversas formas de gravedad según sea la penetración parcial o total de esta capa. El aspecto de la lesión varía desde un enrojecimiento e inflamación de la piel hasta la formación de flictenas pálidas (ampollas que contienen líquido) que desembocan en una escara o costra gruesa que puede tardar más de un mes en curar. Son de peor pronóstico aquéllas  que afectan al tercio más interno de la dermis, ya que pueden destruir las glándulas sebáceas y el pelo, dejando con probabilidad cicatrices severas durante su curación que durarán en muchos casos toda la vida. La sensibilidad y el dolor a la palpación son síntomas aún más intensos que en la forma anterior.

Quemaduras de tercer grado: se caracterizan por la destrucción de la piel en todo su espesor, incluyendo los anejos de la misma e incluso llegando a interesar a tejidos subyacentes. De forma característica, se produce una escara seca que se torna de blanquecina a negra y que se acompaña de una trombosis venosa visible a tra- vés de la piel. El tejido muerto o necrótico adquiere un color negruzco y pierde la sensibilidad, permaneciendo un dolor en la zona circundante donde la quemadura ha sido de menor grado, pero no donde existe mayor gravedad. La cicatriz residual está siempre presente, pudiendo adoptar un aspecto irregular o hipertrófico muy antiestético denominado queloide. Estas cicatrices son muy rebeldes a cualquier tratamiento y, aunque si no ha pasado mucho tiempo, podrían mejorar con la aplicación de aceite de rosa mosqueta, en general no suelen desaparecer, salvo con cirugía estética.

• Algunas clasificaciones incluyen quemaduras de cuarto y quinto grado para referirse a aquéllas que penetran más allá de la dermis, alcanzando las fascias que envuelven a los músculos, a éstos mismos e incluso hasta el propio hueso. Ante un cuadro de esta gravedad, muchos se refieren a carbonización y no a quemadura. Su tratamiento incluye siempre un injerto de piel, puesto que el tejido se destruye por completo y no puede ser curado.

Originally posted 2014-07-11 11:44:39.

quemaduras

Tratamiento de las quemaduras

Como ante cualquier patología que pueda presentarse, la prevención es el tratamiento más eficaz que existe y en el caso de que nos ocupa adquiere una especial importancia. En el domicilio es especialmente recomendable la protección de los niños. Se debe por tanto tener precaución con los productos de limpieza, que deben estar fuera de su alcance, con los enchufes y aparatos eléctricos. En cuanto a la cocina, deben emplearse guantes y paños siempre los objetos calientes o congelados. En el ámbito laboral deben seguirse siempre a rajatabla las medidas de seguridad establecidas para cada puesto concreto, tanto en relación con el fuego como con la electricidad, para evitar accidentes laborales en muchos casos mortales. Una vez producida la quemadura, sea del tipo que sea, debemos solicitar ayuda para proceder con las medidas iniciales tan pronto como nos sea posible.

Vamos a proceder a explicar cuáles son las actuaciones básicas que deben realizar-se ante una quemadura según su gravedad, teniendo siempre en cuenta que no se debe excluir la valoración por el personal sanitario oportuno cuando sea posible, especialmente en niños o en individuos con enfermedades concomitantes que les proporcionen un mayor riesgo.

La cocina es el lugar donde mayores accidentes domésticos por quemaduras se producen.

Quemaduras leves

Las quemaduras de primer grado que afecten a una región corporal poco extensa pueden ser tratadas inicialmente en el domicilio o en el lugar donde se hayan producido hasta que puedan ser valoradas por un profesional con posterioridad.

Modos de actuación ante quemaduras leves

1- Enfriamiento de la parte quemada tan pronto como sea posible mediante agua fría con el objetivo de disminuir la temperatura de forma rápida y evitar el avance de la lesión por calor, que como sabemos se mantiene durante mucho tiempo después al contacto con el agente causante. Retirada de la ropa o de cualquier cuerpo extraño que pudiera seguir en contacto con la lesión empapándolos en agua antes de ser tocados. Si se demora mucho esta
actuación y la ropa se pega a la piel quemada debe esperarse a que lo realice un profesional.

2- Lavado de la herida con suero fisiológico a chorro o, en su defecto con agua fría potable. Las medidas caseras como la pasta de dientes no son recomendadas, puesto que si bien pueden prevenir la aparición de ampollas, producen más irritación sobre la piel quemada y favorecen su destrucción.

3- Desinfección con un líquido antiséptico como si de cualquier herida se tratara, a poder ser diluido y evitando presionar la zona afecta. El antiséptico ideal podría ser la clorhexidina rebajada, aunque lo que encontraremos con más facilidad en un domicilio será el agua oxigenada, la merbromina (mercromina) o la povidona yodada. En caso de no disponer de un antiséptico a mano, se puede simplemente lavar la herida con agua y jabón de forma cuidadosa.

4- Aplicación de cremas especiales para quemaduras, que deberían encontrarse en cualquier botiquín, de forma generosa sobre la superficie quemada. Las más empleadas son las que combinan sustancias como corticoides de baja potencia, bálsamo del Perú, cera de abeja y otros protectores.

5- Cubrimiento de la herida una vez limpia y desinfectada; la forma ideal sería mediante apositos especiales para quemaduras que aportan sustancias regenerativas a la piel. Si no se poseen más que gasas estériles, se pueden utilizar perfectamente sobre la herida bien solas o mejor aún cubriendo una capa de alguna de las cremas mencionadas en el punto anterior. Si tampoco disponemos de gasas, se debe buscar un trozo de tela lo más limpio posible para cubrir la herida pero nunca comprimiéndola. Si es posible, debe mantenerse en alto la zona afectada mediante un cabestrillo para evitar la inflamación y el edema en posible.

6- Revisión de la herida cada dos o tres días o antes si la primera cura de emergencia no ha contado con todos los medios deseables. Las heridas deben mantenerse siempre limpias y secas. En cuanto a las ampollas que se forman característicamente sobre una quemadura existen aún hoy en día dudas sobre el procedimiento a seguir; aunque tradicionalmente se recomendaba que no se tocaran, parece ser más beneficioso que se descubran y se elimine el líquido contenido, especialmente si éste tiene un aspecto turbio, así como si están parcialmente rotas, se sitúan en superficies articulares o persisten varias semanas sin haberse reabsorbido espontáneamente. En el resto de casos o ante la duda, lo más recomendable es esperar a que se rompan por sí solas recortando los bordes rotos con un bisturí cuando esto se produzca. En cualquier caso, la rotura y eliminación del líquido debería realizarlo un profesional de la medicina.

7- Como en toda herida que afecte a la piel existe un riesgo de infección por tétanos o difteria, por lo que el individuo que no está vacunado frente a las mismas deberá hacerlo tan pronto como sea posible. La vacuna empleada en la actualidad cubre ambas enfermedades al mismo tiempo aunque comúnmente se la denomine sólo como antitetánica.

8- Junto con estas medidas básicas pueden administrarse analgésicos del tipo del paracetamol y antiinflamatorios desde el primer momento con el objetivo de paliar las molestias durante los primeros días y de evitar el dolor, ya que las quemaduras son especialmente incómodas, incluso aunque no se tenga una demasiado grave.

Quemaduras moderadas o graves

Aquellas quemaduras de segundo o tercer grado que alcanzan una extensión superior al 10 o 15% de la superficie corporal pueden ser consideradas como moderadas o graves. En estos casos, la lesión pasa de ser un accidente que resulta molesto o doloroso a un riesgo vital para el individuo si no se toman las medidas adecuadas en el momento oportuno.
Un individuo que sufre una quemadura grave puede sufrir al mismo tiempo otras lesiones externas o internas que compliquen aun más el cuadro clínico. Así, por ejemplo, en un incendio es frecuente que los afectados presenten, además de quemaduras, un i ransi01 no por inhalación de humos, mientras que un accidentado puede sufrir también diversos traumatismos. En ocasiones, las quemaduras se acompañan de shock, convulsiones o incluso parada e ardior respiratoria, no siempre presentes desde el momento inicial en el que se atiende al afectado, por lo que hay que estar alerta. Con todo esto, queremos decir que una quemadura puede ser sólo un síntoma más de un cuadro grave que precisa actuación urgente, y que como tal, debe ser derivado al medio hospitalario o especializado tan pronto como sea posible.
Modos de actuación ante quemaduras moderadas y graves

1- Alejar a la victima del lugar del accidente o más concretamente en este caso de la fuente de calor que ha originado la quemadura. Comprobar que en su nueva ubicación no corren peligro de nuevos accidentes ni la víctima ni los que la socorren.

2- Apagar las posibles llamas aún presentes en las ropas, a ser posible cubriéndole con una manta o cualquier tela fuerte que no arda con facilidad.

3- Colocar a la víctima sobre una superficie plana y dura protegida del suelo con una sábana. La posición ideal sería
aquella en la que la mayor parte de la superficie quemada no quede comprimida por el propio cuerpo.

4- Solicitar ayuda tanto a las personas más próximas como a los servicios de emergencia, tratando de explicar de forma concisa el número de heridos y las características de sus lesiones.

5- Comprobar el estado de la victima, es decir, si está consciente y si no es así, si respira y si mantiene pulso.
De no tenerlo debe comenzarse con las maniobras de resucitación cardiopulmonar antes de realizar cualquier otra acción.

6- Quitar la ropa con cuidado, ya que retiene el calor y sigue provocando quemadura; si se observa dificultad para hacerlo se debe mojar y cortar con unas tijeras, separándola poco a poco. Lo más idóneo es que s. la ropa está ya pegada a la piel, se deje esta operación al personal médico.

7- Lavar las heridas con suero o en su defecto con agua fresca para retirar los cuerpos extraños y la suciedad adherida. Puede aplicarse hielo o compresas frías sobre las lesiones para disminuir el daño que el calor sigue produciendo sobre los tejidos.

8- Cubrir las lesiones con un paño limpio y mantener abrigada a la víctima tratando de mantener elevadas las zonas dañadas para tratar de evitar la formación de edema.

9- Si se dispone casualmente de material y conocimientos suficientes o se puede encontrar en las proximidades, debe proporcionarse oxígeno en mascarilla y tomarse una vía venosa para la administración de líquidos.

Quemaduras por agentes químicos

En aquellos casos en los que la lesión es producida por el contacto directo de la piel con una sustancia química especialmente acida o básica, hav que aplicar todas las medidas generales anteriormente expuestas y explicadas gráficamente en el cuadro de la página anterior. Cuando las quemaduras se producen en los ojos, nariz o boca, lo
mejor es lavar bien con agua y pedir ayuda médica. Es importante insistir en la prevención: tanto en el hogar como en el trabajo, jamás se deben manipular agentes químicos sin las convenientes medidas de protección, como galas y guantes de seguridad.

Modo de actuación ante quemaduras de agentes químicos

1- Mojar de forma inmediata con agua la región quemada retirando la ropa tan pronto como sea factible sin dañar la piel.

2- Si se trata de una quemadura por ácido, lavar la herida con agua de cal o bicarbonato durante al menos 30 minutos. En su defecto, puede emplearse suero fisiológico, aunque su efectividad como neutralizador es mucho menor.

3- Si se trata de una quemadura por álcalis o bases la herida debe lavarse con agua azucarada o vinagre durante una hora como mínimo.

4- En el caso de que el agente causante de la quemadura sea un aerosol adherido a la piel o en forma de polvo, debe realizarse un cepillado cuidadoso de la zona concreta antes de mojar la misma.

Quemaduras por electricidad

Una característica peculiar de las quemaduras por corriente eléctrica es que aparentemente pueden presentar una lesión leve de pequeño tamaño, coincidiendo con el punto de entrada de la misma, aunque como ya hemos comentado, en el interior del organismo puede haberse producido un daño mucho mayor. Por ello es fundamental no restarle importancia ni banalizar la erosión v acudir cuanto antes a un centro hospitalario para efectuar la correspondiente revisión médica.

Modos de actuación ante quemaduras por electricidad

1- Apartar a la victima de la corriente eléctrica. Para ello hay que asegurarse antes de que el flujo de corriente está cortado o, si no puede hacerse, es recomendable tocar con un objeto a la víctima de forma rápida para no quedar atrapados también por la corriente y comprobar así si aún está bajo su influjo.

2- Si hay parada cardiorrespiratoria. lo que no es infrecuente, debe procederse a la reanimación inmediata, según se explica en los anexos de este manual, manteniendo ésta más tiempo de lo normal, puesto que la musculatura respiratoria puede estar afectada dificultando aún más la respiración del individuo.

3- Cualquier tipo de descarga eléctrica debe ser valorada hospitalariamente, sea cual sea el grado de quemadura
producida o aunque no se haya perdido la conciencia. Esto se debe a que las complicaciones en este tipo de accidentes pueden aparecer hasta 24-48 horas después del mismo. En este sentido conviene saber que la mortalidad en estos enfermos se sitúa entre el 5 y el 10% de los casos aunque hayan llegado perfectamente conscientes al hospital y no presenten grandes quemaduras. Junto con la afectación cardiorrespiratoria. una descarga eléctrica puede acompañarse en un primer momento de aturdimiento, obnubilación y fuerte dolor de cabeza. A largo plazo, es muy frecuente la formación de cataratas oculares que requieran intervención quirúrgica, por lo que la revisión hospitalaria se hace obligatoria.

Originally posted 2014-07-11 13:32:16.

D'autres mots-clés

subida de tensionel oidoque hacer ante una subida de tensionoidosubida de tension que hacercomo actuar ante una subida de tensioninhalacionoido por dentrosalvar vidashipoglucemia