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Heridas

Probablemente, uno de los accidentes domésticos más habituales sean los cortes y las heridas. Cualquier objeto habitual, como un cuchillo o unas tijeras puede ser un peligro, sobre todo en manos de los niños. Además, también fuera del hogar es el accidente laboral más típico y suele venir acompañando a otros problemas, como los accidentes de tráfico, las caídas, etc. Saber actuar a tiempo evitará males mayores.

Se define una herida como la separación traumática o quirúrgica de los tejidos corporales que deja expuesta una región del organismo, bien al medio externo, bien a las estructuras adyacentes, o bien a ambos simultáneamente. I-n cualquier caso, una herida supone siempre una desprotección en cuanto a que la pérdida de las barreras anatómicas permite el paso de microorganismos hacia lugares y cavidades que deberían permanecer estériles y por lo tanto se convierten en fuentes de infección.

Es posible clasificar las heridas atendiendo a diversos factores:

• Según el agente causal concreto que hava producido la herida podemos distinguir entre herida punzante o lina y profunda, producida por un objeto afilado con poco sangrado externo pero muy peligrosa, herida incisa o menos profunda, pero más extensa en su afectación de la piel y con bordes bien delimitados, producida con un objeto cortante, v finalmente herida contusa o irregular secundaria a un golpe sobre la piel.

• Según su profundidad podemos distinguir desde el simple arañazo que ni siquiera afecta completamente la epidermis, la desolladura o herida con pérdida de sustancia que llega hasta la dermis, heridas penetrantes que alcanzan los tejidos posteriores ,i la piel v finalmente heridas perforantes que alcanzan las visceras internas.

• Según el riesgo de infección, se habla de heridas limpias cuando se han producido accidentalmente o por un procedimiento quirúrgico con material estéril y en un ambiente aséptico y heridas contaminadas todas las demás, mientras no se demuestre lo contrario. Serán heridas infectadas todas aquellas que en el curso de su evolución adquieran gérmenes patógenos.
Las heridas son en general el accidente doméstico y laboral más frecuente, encuadrándose en la gran mayoría de los
casos dentro de la categoría de leves, en las que se afecta únicamente la piel por rozamiento contra el suelo o por contacto con superficies afiladas. Cuando se produce una herida comienzan de inmediato los mecanismos de reparación espontánea o natural del organismo, con el fin de proteger la región y producir el cierre de la misma.

Fases de una herida

Fase inflamatoria inicial: los vasos sanguíneos cercanos a la zona afectada transportan a la misma mediadores químicos del organismo y células defensivas, como los glóbulos blancos, con el objeto de defenderla de la penetración de gérmenes. Al mismo tiempo se produce una vasoconstricción local para frenar la posible hemorragia.

Fase de curación: a partir del tercer día comienza a regenerarse el tejido perdido con el fin de rellenar y reconstruir la zona afectada. Este tejido, llamado «de granulación», crece siguiendo el patrón estructural de la zona y se acompaña de la revascularización o formación de nuevo de los vasos dañados.

Fase de cicatrización: una semana después de la herida, las fibras de colágeno trasladadas a la zona comienzan su proceso de maduración al tiempo que la reacción inflamatoria decrece. De forma progresiva se unen los bordes separados y la piel vuelve a crecer sobre los mismos, cerrándose la herida y completándose la cura.

Tratamiento 

La gravedad de una herida va a depender por tanto de diversas circunstancias, como la extensión y profundidad de la misma, la intensidad de la posible hemorragia acompañante, la contaminación que presente y la afectación de las estructuras internas. Es necesario entonces valorar la gravedad de las mismas atendiendo a estos criterios antes de tomar una decisión para su tratamiento. Las heridas que cumplan algún criterio de gravedad deben ser tratadas y vigiladas por personal sanitario. Así mismo, toda herida en la que se haya producido una separación importante de los bordes de la piel, dejando a la vista superficies internas, posiblemente tendrá que ser suturada.
Sólo las heridas leves, y que en principio pensemos que no pueden estar complicadas, deben ser tratadas en el domicilio en un primer momento, aunque si la evolución no es favorable, se consultará. El primer paso es la valoración general de la herida en cuanto a su aspecto, sus características, el objeto causante, las complicaciones que presenta, el estado general del afectado y sus antecedentes. Posteriormente debe seguir una valoración de los medios a nuestro alcance; es decir, del material para curas que tenemos y de las posibilidades de acudir a un centro sanitario. Como decíamos antes, en principio una herida leve puede ser tratada en casa, aunque si el acceso a un profesional sanitario es sencillo debe acudirse al mismo.

Signos como la fiebre, el dolor excesivo, las secreciones purulentas o el enrojecimiento de la zona circundante pueden indicarnos durante las curas siguientes que se está produciendo algún tipo de complicación y que será necesaria la valoración por una enfermera o un médico. La evolución de una herida y sobre todo la correcta cicatrización de la misma pueden estar influidas por múltiples circunstancias tanto externas como propias del individuo, de tal modo que pueda prolongarse su tiempo de cura definitiva de forma exagerada. Estas circunstancias son:

• Presencia de infecciones en la herida, lo que se detecta por medios indirectos como el olor que produce (queso fuerte o dulce), el dolor y la fiebre, la inflamación excesiva de los bordes después de los tres o cuatro primeros días, el retraso de la cicatrización o la producción continua de pus.
Los medios directos, es decir el cultivo de una muestra de la herida, son los únicos que pueden confirmar la infección de forma segura.

• Los problemas circulatorios en general, la edad, la debilidad o fragilidad de la piel, la temperatura y la humedad influyen también en el proceso de curación pudiendo alargarlo y complicarlo. La aparición de escaras negras sobre una herida indica la presencia de necrosis o muerte del tejido, que debe ser retirado de la misma.

• Algunas enfermedades generales pueden dificultar el proceso de curación y de cicatrización. La diabetes de forma típica favorece que las heridas se infecten y que curen de forma tardía o lenta, principalmente por la afectación de los pequeños vasos sanguíneos característica de esta enfermedad.

• Otras circunstancias pueden ser la ausencia de una sutura que hubiera sido necesaria, una mala realización de ésta, la aparición de alergias, la desnutrición, la movilización excesiva o precoz de la zona o la realización de curas por personal no entrenado.

Después de haber realizado la cura hay que valorar finalmente el resto de tratamientos necesarios. Son tres los principales aspectos a valorar:

1. Hay que prevenir la Infección por Clostridium tetani o tétanos, consistente en un cuadro de espasmos musculares que pueden desembocar en la muerte por asfixia como consecuencia de una toxina elaborada por este bacilo cuando penetra en el organismo. La sintomatología comienza a las dos semanas de la herida de forma aproximada aunque en ocasiones puede ser más precoz. Las heridas producidas por superficies oxidadas o por tierra donde habiten animales son más propensas a este tipo de infección. Su tratamiento ideal consiste en la prevención mediante la vacunación masiva de la población, por lo que ya se incluye en el calendario vacunal de los niños en la mayoría de los países desarrollados. Conviene recordar que sólo la vacunación completa, es decir, las tres dosis de la misma (la segunda al mes de la primera y la tercera al año proporcionan una protección completa. En caso de duda se procede tras una herida a revacunar.

2. Hay que prevenir cualquier otra infección que pudiera producirse, tanto si la herida se contamina excesivamente,
como si el individuo presenta un estado general debilitado por cualquier circunstancia. Una bacteria llamada Staphylococcus aureus, presente en la piel humana de forma habitual, es el germen que con más frecuencia infecta las heridas. Puede ser por tanto necesario el empleo de antibióticos como la penicilina y derivados para su prevención.

3. Hay que controlar síntomas secundarios mediante el empleo de analgésicos como el paracetamol o el metamizol magnésico, pero no la aspirina, que puede favorecer el sangrado. Un efecto antiinflamatorio además de analgésico puede obtenerse con sustancias como el diclofenaco o el ibuprofeno. Generalmente estos tratamientos sólo
son necesarios los primeros días siempre que no surjan complicaciones.

Como aspecto final, sólo recordar que en determinadas personas y circunstancias las heridas pueden cicatrizar de forma irregular o aberrante, dando como resultado un problema estético evidente. Estas cicatrices patológicas pueden deberse a una predisposición genética del individuo, a complicaciones surgidas durante la curación de la herida, o a una defectuosa sutura de la misma. Así pueden existir cicatrices hipertróficas o excesivamente grandes para la herida que se produjo, qucloideas o gruesas por una reacción excesiva de la propia piel, dolorosas por la afectación de una terminación nerviosa, o retráctiles por una sutura excesivamente tensa.

Un botiquín debe contar con gasas, algodón, antisépticos, esparadrapo y tiritas para tratar las heridas de pronóstico leve.

Ante heridas muy penetrantes y/o perforantes y ante aquellas que pueden afectar psicológicamente por cuestiones estéticas, se hace obligatorio el paso por el quirófano.

La revacunación del tétanos es una medida protectora ante las heridas.

Modos de actuación ante una herida leve

1- Lavado de manos con agua y jabón antes de proceder a tocar la herida; si se tienen guantes de látex limpios deben emplearse.

2- Lavado de la herida con agua a chorro y jabón o con suero fisiológico abundante. Observar la presencia de cuerpos extraños y retirarlos si los hubiera. Limpiar también la región de piel circundante para eliminar focos de contaminación cercanos. Si la zona posee mucho pelo y éste se introduce en la herida, se debe proceder a rasurarlo.

3- Comprimir con una gasa tras el lavado durante unos minutos para frenar la posible hemorragia.
Aplicar un antiséptico sobre la herida utilizando una gasa estéril (mejor que algodón). Los principales antisépticos son, por orden de preferencia, la clorhexidina, la povidona yodada, el agua oxigenada y el alcohol etílico. No es recomendable aplicar pomadas.

Si se trata de una herida pequeña con una abertura escasa, se podrá dejar que cierre y cicatrice por sí sola. Si tenemos dudas al respecto o no somos capaces de controlar la hemorragia, será necesaria la valoración especializada por si procediera la sutura. Ésta puede realizarse con hilo, grapas o con tiras especiales llamadas «puntos de aproximación».

4- Se suture o no la herida, el siguiente paso será el de cubrirla. Para ello se emplearán también gasas estériles y esparadrapo. Existen como alternativa hoy en día apositos adhesivos estériles muy cómodos y que se pegan menos al pelo que el esparadrapo o las tiritas. Nunca debe comprimirse en exceso una herida; si se producen erosiones en un margen amplio de la piel, puede colocarse una venda alrededor de la gasa, pero nunca que apriete la región para que no dificulte la circulación. Es muy importante recordar que una herida curada que se va a cubrir debe de estar seca puesto que la humedad favorecerá que pueda complicarse.

5- Una vez terminada la cura, la zona afectada debe permanecer unas horas en reposo y, a poder ser, elevada respecto al resto del cuerpo para frenar en lo posible la inflamación. Al día siguiente se debe descubrir la cura para comprobar de forma precoz que no se presentan complicaciones. Se repite de nuevo el proceso anterior y se vuelve a cubrir, pudiendo distanciar más las curas (dos o tres días) si el aspecto es bueno. Tan pronto como veamos que se ha recuperado la integridad de la piel y se está formando inicialmente la costra, se dejará ya al aire.

 

Originally posted 2014-07-14 11:21:32.

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Transmisión de la rabia

La rabia os una enfermedad infecciosa aguda del sistema nervioso que se propaga por mordedura o araña/o de ciertos animales, siendo más conocido y habitual el perro, pero también otros como el gato, el zorro, el lobo, la moleta, el mono o los murciélagos, si bien es cierto que en las ciudades estos últimos no son animales muv fre-
cuentes. Se producen más de 20.000 casos al año de transmisión de la rabia, si bien se comunican a las autoridades sanitarias una pequeña parte de los mismos al producirse en regiones selváticas o con escasos recursos médicos. La vacunación masiva de los animales domésticos ha disminuido de Corma espectacular el número de casos de rabia en humanos.
Está producida por un virus de la familia de los Rhabdoviridae, que ataca con gran facilidad al sistema nervioso del
receptor y se acumula en sus glándulas salivales, por lo que al poco tiempo de recibir el virus ya se ve capaz de transmitirlo de nuevo mediante otra mordedura. El tiempo de incubación de la enfermedad es muy largo, hasta de tres meses normalmente.  Cuando las mordeduras se producen en la cara o en regiones cercanas al cerebro el desarrollo de la enfermedad es mucho más rápido. Los principales síntomas que presentan, siempre de forma progresiva, los individuos que contraen esta enfermedad son:

• Estado inicial, o pródromos que avisan de la enfermedad, que dura uno o dos días y que se caracteriza por fiebre,
malestar general con náuseas y vómitos, fuerte cefalea y de forma característica un cambio del humor, depresión, temor y ansiedad.

• El periodo siguiente, llamado de excitación, dura otros dos o tres días y se caracteriza por la presencia de espasmos musculares, una salivación excesiva y accesos de furor incontrolado desencadenados por estímulos leves o por el contado directo con el agua, que se alternan con periodos de normalidad con lucidez conservada y aparente tranquilidad. La fiebre se dispara hasta los 41 °C.

• Finalmente, se llega al periodo paralitico, que es de breve duración y de evolución fatal. Se caracteriza por la parálisis progresiva y veloz de toda la musculatura del cuerpo hasta que sobreviene la muerte, generalmente causada por una parada respiratoria.
En principio, se puede decir que la rabia es una enfermedad mortal en todos los casos, si bien existe la esperanza de que con los cuidados intensivos que hoy en día se pueden mantener en los hospitales avanzados ya si- han conseguido algunos casos de supervivencia y sobre todo se logren muchos más gracias a los avances en inves-
tigación. La limpieza de la herida inmediatamente después de producirse, con alcohol o con yodo, y la inmunización frente a la enfermedad por medio de la vacuna son en realidad las únicas medidas que pueden prevenir las complicaciones graves, aunque no siempre el desarrollo, aun- que sea de un modo parcial, de la enfermedad.
Como norma general, debemos consultar y vigilar siempre una herida por mordedura de un animal y proceder a su limpieza inmediata. Si se trata de un animal salvaje, se iniciarán de inmediato las vacunaciones correspondientes y si es uno domestico se comprobará la cartilla de vacunación del mismo. Huelga decir que los propietarios de algún animal deben mantenerlo en perfectas condiciones veterinarias, pues además de las consecuencias para la salud, si ocurre un accidente se puede denunciar al dueño por responsabilidad civil.

Otros animales, como los zorros y los murciélagos, también transmiten la rabia. Estos últimos causan estragos en Australia y America del Sur, donde la transmiten por mordeduras, arañazos e incluso lametazos sobre una herida cutánea.

La moda de adquirir una mascota especial, proveniente de especies de animales salvajes o exóticos,
como los monos de regiones tropicales, puede ser un foco de transmisión de la rabia. En estos casos, los propietarios deben extremar las precauciones con medidas como su propia vacunación y, por supuesto, la del animal.

Aunque no existen datos fiables, se cree que la rabia mata de 50.000 a 70.000 personas cada año, siendo endémica en Asia y en África, Allí los murciélagos son frecuentes y es mucho más difícil detectar si se ha producido o no una mordedura, ya que a veces la efectúan mientras la víctima duerme y resulla tan minúscula que casi no
se ve. De este modo, muchas personas resultan infectadas sin saber siquiera que están expuestas al peligro.

Los lobos que suelen habitar las zonas altas y escarpadas hacen a veces incursiones en las aldeas para atacar al ganado o buscar comida. En esas ocasiones pueden morder a los humanos o a otros animales, como los perros pastores, y convertirse en transmisores de la rabia.

Recomendaciones para prevenir la rabia

1- Los niños nunca deben tocar ni acercarse a los animales desconocidos. En cuanto a las mascotas, jugarán con ellas de manera prudente y con la vigilancia de los adultos.

2- Ante una mordedura, se debe lavar bien la herida y acudir inmediatamente a un centro hospitalario si existe la sospecha de la enfermedad.

3- Hay que vacunar a las mascotas y avisar a las autoridades competentes si se observa a algún animal callejero con indicios de estar rabioso.

4- En los lugares donde existen murciélagos, hay que tener las puertas y ventanas cerradas.

 

Originally posted 2014-07-14 14:28:33.

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