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Lesiones musculares

Una de las patologías más habituales en el ámbito domiciliario y familiar son los traumatismos sobre el aparato locomotor. En la mayoría de los casos se trata de golpes sin importancia, que aparte del hematoma y del dolor subsiguiente, apenas dejan impotencia funcional, es decir, que no impiden de manera importante la utilización de esa región muscular o de esa articulación. En estos casos no cabe decir más que un simple tratamiento analgésico o antiinflamatorio seguido de una cierta protección de la zona dañada. Con esto bastará para solucionar el problema.

En el lado opuesto situaríamos a los mgrandes traumatismos en los que se producen fracturas acompañadas o no de complicaciones vasculares y nerviosas que requieren en cualquier caso un tratamiento especializado urgente y un seguimiento posterior protocolizado. Proporcionar dicho tratamiento tan pronto como sea posible trasladando al individuo al medio hospitalario es la principal misión que podemos realizar, si bien como veremos al hablar de las fracturas, ciertos conocimientos previos pueden ser útiles antes o durante dicho traslado.

Dos son los mecanismos principales por los que se puede producir una lesión muscular en el ser humano:

• Por un traumatismo directo sobre la masa muscular, bien sea una herida punzante que tras romper la piel se clava en su espesor y produce el daño, o bien un golpe con una superficie plana que aprisiona la masa muscular entre ella misma y el hueso subyacente, hablando entornes de contusiones musculares.

• Por una sobrecarga o un sobreesfuerzo, por una mala contracción de las fibras musculares, por una mala postura, por falta de entrenamiento y en general por cualquier circunstancia que se traduzca en un daño muscular espontáneo y secundario al uso del aparato locomotor.

En cualquiera de los dos casos, la lesión de las fibras musculares va a producir un mismo cuadro clínico, dolor, hematoma con inflamación e impotencia funcional, todo ello en mayor o menor grado dependiendo de la intensidad del traumatismo.
Alrededor de la zona afectada puede producirse una hemorragia por la rotura de las fibras que desemboque en un hematoma interno; con el paso de los días dicho hematoma puede alcanzar la piel y visualizarse desde el exterior.

Otra consecuencia directa puede ser el espasmo muscular secundario al intenso dolor que impida por completo la utilización del músculo.

Tratamiento

EI objetivo del tratamiento en las lesiones musculares es precisamente controlar sus síntomas, proteger el músculo dañado, evitar complicaciones y favorecer la recuperación tan pronto como sea posible.
Los antiinflamatorios son especialmente útiles durante los primeros días tras la lesión para evitar complicaciones de la misma y para calmar el dolor. Pueden utilizarse por ejemplo el diclofenaco a dosis de 50 mg o el ketorolaco de 10 mg tres veces al día. La prevención de las lesiones musculares mediante un correcto ejercicio de calentamiento es fundamental en cualquier práctica deportiva, aunque no sea de alto nivel.
El esfuerzo de una masa muscular fría o mal preparada físicamente favorece las lesiones de la misma.

Modos de actuación ante una lesión muscular

1- Inmovilizar primeramente la zona afecta; tan pronto como se note un pinchazo muscular durante la realización de un movimiento o se produzca el golpe, hay que pararse y dejar reposar la musculatura afecta. Si hay una rotura de fibras, e movimiento va a favorecer que se produzca más sangrado, y por tanto más hematoma y más dolor.
En caliente además podemos notar menos dolor y seguir agravando una lesión que no se manifiesta hasta haber finalizado.

2- Aplicar frío rápidamente mediante una bolsa de hielo sobre la zona dolorida; el objetivo de esta maniobra es producir una vasoconstricción en los vasos musculares que impidan el sangrado y la llegada de los factores sanguíneos que promueven la inflamación. Ciertos sprays «milagrosos» utilizados en deportistas proporcionan ese frío inicial y alivian rápidamente el dolor muscular. Jamás se debe masajear un músculo recién dañado ni aplicarle calor por ningún método.

3- Comprimir el músculo mediante un vendaje bien apretado si es posible por su localización; con esta medida pretendemos también taponar una posible hemorragia al tiempo que acercamos los extremos de las fibras
musculares rotas para que se forme la cicatriz cuanto antes.

4- Mantener la inmovilización muscular mientras dura el proceso de cicatrización; posteriormente será necesaria la rehabilitación pautada o controlada por un especialista.

 

Originally posted 2014-07-14 08:27:21.

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Congelación

La congelación se produce cuando algún tejido o región periférica de un individuo alcanza una temperatura de 0ºC, es decir, se hiela o se congela literalmente, lo que produce un cuadro clínico diferente, pero acompañante al de la hipotermia. La congelación puede presentarse dentro de cualquier fase de la hipotermia o incluso sin signos de la misma, simplemente por el hecho de que una zona corporal quede expuesta a temperaturas bajo cero durante el tiempo suficiente. Así, un montañero puede mantener una temperatura central aceptable mientras que los dedos de sus manos o de sus pies se están congelando probablemente sin que ni siquiera se dé cuenta. También la nariz y las orejas pueden congelarse con facilidad, ya que son partes del cuerpo que están «alejadas» del sistema de irrigación sanguínea y por ese motivo también es fácil que sintamos frías las manos y los pies o que nos enrojezcan la nariz o las orejas cuando hace frío mucho antes que cualquier otra parte del cuerpo.
En los casos graves, cuando un tejido se congela, se forman cristales de hielo en su interior a partir del liquido celular, lo que desemboca en la destrucción de la célula y la afectación de las terminaciones nerviosas y de los vasos sanguíneos que llegan a la zona. Al romperse la vascularización, los tejidos progresivamente se mueren o necrosan, proceso que puede durar incluso semanas, llegándose desgraciadamente a veces a las amputaciones para prevenir la
gangrena. In un primer momento la congelación se acompaña de adormecimiento o acorchamiento de la zona, para con posterioridad aparecer un profundo dolor.
En los casos más leves en los que no llega a producirse realmente la congelación, pero sí la exposición al Brío prolongado de las extremidades, aparecen típicamente des tipos de lesiones:

• Los sabañones o pernios son lesiones de los dedos y del dorso de la mano secundarias a frío seco y más típicas de mujeres jóvenes, especialmente con antecedentes de enfermedades reumáticas articulares. La lesión principal subyacente es sobre las terminaciones nerviosas y los vasos sanguíneos, lo que se manifiesta en la piel como pía
cas eritematosas que después se tornan violáceas, picor, edema y dolor con pérdida de sensibilidad.

• El pie de inmersión, también llamado de trinchera, se debe por el contrario a la exposición a un frió húmedo pro-
longado, especialmente en vagabundos o soldados en guerras. En forma típica, la región afectada se torna fría, azulada y edematosa pudiendo aparecer después ampollas y ulceras. Si no se remedia a tiempo se produce una gangrena final similar a la de las congelaciones. El proceso de descongelación debe mantenerse durante varias horas pese a que parezca que la zona retorna a la normalidad. Al aplicarse calor y comenzar a ceder el cuadro se reestablece la circulación sanguínea y la sensibilidad, lo que provoca la llegada del dolor; es entonces cuando erróneamente se abandonan muchas veces los tratamientos. Las congelaciones graves en las que se demora el traslado a un centro hospitalario pueden complicarse sobremanera con trombosis, edemas, dolores hitensos e infecciones y, pese al tratamiento oportuno que se establezca para cada una de ellas, ser necesaria finalmente la amputación múltiple de falanges.
Como se recomienda siempre, lo mejor es tomar medidas preventivas no exponiéndose innecesariamente a bajas temperaturas y si no queda más remedio que hacerlo, tomar la precaución de utilizar siempre ropa y materiales adecuados para la protección general y muy especialmente, de dedos, nariz y orejas.

Las personas sin techo expuestas a los rigores medioambientales pueden desarrollar fácilmente el llamado «pie de inmersión».

Si el montañero no lleva un calzado adecuado sus dedos pueden congelarse incluso aunque el resto del cuerpo mantenga una temperatura óptima.

Modos de actuación ante un caso de congelación

1- Evitar la utilización de la zona congelada, es decir, no caminar sobre pies que hayan sufrido este cuadro ni utilizar las manos salvo lo imprescindible.

2- Proporcionar alimentos y bebidas calientes tan pronto como se tome refugio. La hidratación es fundamental en
estos casos; recordemos que no se debe beber alcohol cuando existe la sospecha de congelación.

3- No masajear las zonas afectadas ni con nieve ni con nada en general; simplemente descubrirlas una vez llegado a un ambiente cálido.

4- Si la lesión es leve con poca pérdida de sensibilidad y movilidad, se debe dejar que poco a poco se calienten las extremidades v retomen su color y funcionamiento normal; de este modo, el riego sanguíneo se normalizará. Si la lesión es más grave, será necesario recalentar la zona mediante inmersión de la misma en agua a 40 °C o con una manta eléctrica. Siempre se tendrá mucho cuidado con acercar demasiado las manos o pies a una hoguera, ya que la insensibilidad de la zona puede hacer que no se aprecie una quemadura y se empeore el pronóstico.

Originally posted 2014-07-14 10:41:15.

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