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Lesiones por animales marinos

Diversos animales vertebrados e invertebrados que habitan en los mares y los ríos pueden ser responsables de diferentes tipos de lesiones accidentales, sobre todo en periodos vacacionales. Es frecuente encontrar casos de eccemas causados por medusas y otros animales, por lo que conviene conocer sus especies, su forma de atacar al organismo y cómo protegerse de ellos.

Modos de actuación ante lesiones producidas por animales marinos

1- Tratar de identificar al animal causante de la lesión para facilitar su tratamiento posterior y establecer el riesgo de complicaciones.

2- Proceder a la limpieza de la herida con suero salino o agua fría para arrastrar la suciedad adherida e impedir el avance del veneno. En el caso de las medusas debe aplicarse siempre vinagre.

3- Someter la zona lesionada a un baño de agua caliente entre 40 y 45 °C durante una hora o hasta que se produzca un alivio del dolor. El objetivo es destruir con altas temperaturas algunas de las posibles toxinas introducidas. Esta medida se reserva para picaduras por peces especialmente dañinos o cuando el dolor es muy intenso.

4- Administrar relajantes y analgésicos al individuo, que debe ser colocado en reposo con el miembro afecto elevado hasta su traslado al hospital. Si esto último no va a ser posible en unas horas nos veremos obligados a abrir la herida con el fin de extraer todas las posibles púas o espinas que hayan quedado dentro y limpiar con suero o yodo el interior. La hemorragia posterior se controla mediante compresión posterior.

5- Se deben administrar tanto la vacuna antitetánica como antibióticos de forma profiláctica. Sólo existen antídotos para el pez piedra y el pez escorpión, por lo que para el resto de picaduras el medio hospitalario sólo puede ofrecer un control de las constantes vitales. Las heridas de este tipo deben cerrarse por sí solas y no mediante sutura.

Tipos de animales marinos causantes de lesiones

Peces escorpión: denominados como cabracho, escorpina o gallinetas entre otros nombres. Su veneno se transmite con el roce de su aleta dorsal y caudal y produce un cuadro de picor, inflamación y posible infección posterior, que sin embargo suele ser leve.

Peces piedra: llamados así por ser similares a una roca coralina, por lo que suelen pasar desapercibidos y se pisan con gran facilidad. El veneno que contienen en sus púas es muy potente y actúa de forma inmediata, pudiendo producir una parálisis de los músculos que ahogue al bañista al impedirle nadar. Suele requerir un traslado inmediato al hospital, puesto que su picadura se asocia a grandes índices de mortalidad.

Peces víbora: son muy frecuentes en las aguas europeas, donde se ocultan bajo la arena del fondo del mar y por ello también pueden ser pisados. El veneno provoca un dolor intenso inmediato y una parálisis progresiva del miembro que puede desembocar en gangrena y amputación del mismo si no se acude al hospital con prontitud.

Medusas y anémonas de mar: comparten un mismo sistema venenoso consisten en unas células en aguijón llamadas nematoquistes y que estos anímales usan para defenderse y para capturar otros animales con los que alimentarse.
El contacto de estas células sobre la piel humana produce un prurito y quemazón inmediata junto con dolor y adormecimiento del miembro afectado. Si no se toman medidas de limpieza de forras rápida, el veneno puede extenderse por todo el organismo y tener consecuencias funestas, aunque en general suelen tener un pronóstico leve. Una medida preventiva consiste en que cualquier bañista o pescador que as vea, dé aviso a las autoridades.

Raya de mar: si bien no suele ser venenosa, la variedad conocida como montellina, propia del Mediterráneo, sí que lo es. Transmiten un veneno neurotóxico mediante un aguijón de la cola, que produce una herida sangrante y dolorosa que puede permanecer hasta 48 horas. Si el veneno progresa pueden aparecer otros síntomas como náuseas y vómitos, diarrea y síncope por caída de la tensión arterial y trastorno del ritmo cardíaco.

Animales peligrosos

– Animales que pueden atacarnos por mordiscos y arañazos: perros, gatos y casi todos los tipos de animales salvajes. Si la lesión no reviste gravedad, debe limpiarse con antisépticos y cubrirse como cualquier otra herida. En caso de mordiscos profundos o con infección, se debe acudir a la consulta médica.

– Animales que pueden transmitir la rabia: perros, gatos, lobos, zorros, murciélagos, monos y algún otro animal salvaje. Sólo se puede tratar con la correspondiente vacuna y con prevenciones como no acercarse a esos animales.

– Animales que pueden transmitir veneno con su picadura o su mordedura: el peligro que tienen es tanto de envenenamiento, como de reacciones alérgicas adversas, y son: serpientes, avispas, abejas y arañas. Los aguijones de los insectos deben ser extraídos y la herida tratada como cualquier otra. En el caso de las serpientes y cuando sucede un cuadro alérgico, se debe acudir a un centro hospitalario cuanto antes.

– Animales que pueden ocasionar lesiones cutáneas: peces marinos, medusas, anémonas, erizos y rayas. Se limpiará la herida (si es por una medusa, con vinagre) y se administrarán tanto la vacuna antitetánica como los antibióticos y analgésicos que el personal médico considere necesarios en cada caso concreto.

Originally posted 2014-07-14 14:52:01.

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Gastroenteritis aguda

La gastroenteritis aguda es una enfermedad del tubo digestivo producida por un germen invasor del mismo, una toxina derivada de un alimento en mal estado, una planta ingerida con propiedades tóxicas o simplemente una disfunción del aparato digestivo en el contexto de una enfermedad más 0 menos grave.

Son muchas las circunstancias, por tanto, que pueden desembocar en este cuadro y que definirán en cada caso su importancia según su duración y su intensidad.
Se trata de una de las causas más frecuente de muerte en lodo el mundo, especialmente entre la población Infantil afecta de malnutrición, hacinamiento y falta de higiene de países subdesarrollados.
La principal característica de la gastroenteritis es la presencia de diarrea o expulsión aumentada de heces en cuanto a su frecuencia, teniendo estas además una composición anormal en cuanto a su contenido liquido. Junto con la diarrea pueden aparecer otros signos y síntomas como las náuseas y los vómitos, el dolor estomacal o el dolor abdominal, en forma de espasmos agudos que preceden normalmente a la deposición. Las diarreas de origen infeccioso se pueden acompañar de fiebre. En cier- tos tipos de intoxicaciones, la diarrea es sólo un síntoma más junto con lesiones en la piel, alteraciones circulatorias y trastornos neurológicos, por poner un ejemplo.
La inmensa mayoría de los cuadros de gastroenteritis responden de forma benigna al tratamiento y no presentan grandes complicaciones, resolviéndose espontáneamente en un tiempo breve. Sin embargo, este tipo de cuadros pueden resultar graves si se extienden en el tiempo o el individuo que las sufre se encuentra alecto de otras patologías debilitantes.

Náuseas y mareos pueden ser los síntomas del comienzo de una gastroenteritis.

Consecuencias de la gastroenteritis

• La principal consecuencia es el riesgo de deshidratación, ya que es la primera causa de muerte en estos casos. Cuando la diarrea se prolonga o el volumen defecado es grande, se pierde una gran cantidad de agua y sales minerales acompañantes de una forma relativamente brusca. Esto pone en funcionamiento los mecanismos compensatorios del organismo, que pueden hacerse insuficientes si no se produce una reposición líquida adecuada y a tiempo.

• Puede producirse la extensión del germen patógeno cuando se trata de una diarrea infecciosa. Un microorganismo que encuentre las condiciones ideales dentro del tubo digestivo puede reproducirse de forma rápida, alcanzar las paredes del mismo y atravesarlo para extenderse por la cavidad abdominal. Una infección localizada puede entonces generalizarse y agravar sobremanera el pronóstico.

Tratamiento de la gastroenteritis
Enfocaremos el tratamiento teniendo en cuenta las dos complicaciones principales que acabamos de comentar, que aunque no lo parezca, están muy interrelacionadas entre sí. En sí misma, la diarrea en una infección no es más que un mecanismo defensivo del organismo que trata de expulsar tan pronto como pueda el patógeno extraño, e impedir así que atraviese la pared del tubo digestivo. Por tanto, lo primero que tenemos que tener en cuenta es que cortar la diarrea de forma brusca no es ni necesario ni aconsejable, puesto que dejamos al germen actuar libremente más
tiempo en el interior del organismo. Sin embargo, por otro lado, una diarrea prolongada elimina la llora bacteriana normal o flora saprofita de las paredes intestinales, cuya función es precisamente impedir que puedan crecer otros microorganismos en las mismas. Atendiendo entonces a ambas circunstancias el tratamiento debe realizarse
de la siguiente manera:

Ante una diarrea leve que no se acompañe de fiebre ni signos importantes de infección se deben administrar únicamente líquidos isotúnicos que aporten agua y electrolitos. Estos líquidos, como la limonada alcalina que después explicaremos, el suero oral o las bebidas deportivas de recuperación, se deben tomar a tragos cortos cada 15 minutos de forma aproximada, y se deben mantener durante varios días hasta que las heces tengan una consistencia normal. En cuanto a la dieta que se debe seguir existe cierta controversia. Algunos autores recomiendan la dieta absoluta solo beber los líquidos mencionados durante las primeras 24 horas, con el fin de mantener en reposo el tubo digestivo y favorecer su recuperación; hoy en día sin embargo, se tiende a recomendar que se coma desde el primer momento, siempre y cuando se haga de forma moderada y evitando comidas fuertes 0 muy grasas, verduras, picantes, fritos o el cafe. La dieta ideal debe basarse en manzana, albaricoque, plátano, arroz cocido, zanahoria, pan tostado, jamón cocido y pescado hervido, siempre en pequeñas cantidades. No deben nunca darse ni leche ni derivados como el yogur durante los primeros días, ya que la diarrea elimina las laetasas encargadas de su digestión y resultan agresivos para el intestino. Cuando ceda la diarrea, sí se deben tomar para recuperar la
flora bacteriana intestinal. Los vómitos que acompañan a este cuadro en muchas ocasiones suelen ceder tras las primeras horas; de no ser así, se pueden administrar fármacos como la metoclopramida los días necesarios hasta que cedan.

La manzana es un astringente natural suave recomendado en la dieta ante una diarrea.

El pan tostado forma parte de la dieta ideal ante una gastroenteritis leve.

El limón es un ingrediente que puede utilizarse para preparar un suero casero en caso de diarrea sin tener que acudir a preparados específicos de farmacia.

Limonada alcalina casera

1- Para preparar la fórmula de la limonada alcalina casera, se usarán los siguientes ingredientes:
• Un litro de agua no necesariamente hervida.
• El zumo de dos limones.
• Una cucharadita rasa (de las pequeñas) de sal común o cloruro sódico.
Si tenemos sal potásica pondremos un cuarto de cucharadita de ésta y sólo media de la anterior.
• Un poco de bicarbonato sódico, como una punta de cuchillo de forma aproximada.
• Dos cucharadas soperas de azúcar.

2- El ritmo ideal de ingesta de este líquido es de unos tres litros diarios, ni muy caliente ni muy frío,
removiendo el contenido cada vez que se vaya a beber.

3- Ante una diarrea grave con deposiciones incontroladas, que se acompaña de vómitos y que manifiesta ya signos de deshidratación por su excesiva duración, será necesaria una rehidratación más intensa a nivel hospitalario. Si se hace insuficiente la vía oral, será necesaria la administración de sueros por vía venosa para estabilizar al enfermo al tiempo que se descartan complicaciones generales de la infección. Sólo en esta situación, es decir, con riesgo grave de deshidratación, está indicado el empleo de sustancias astringentes como la loperamida para frenar el número de deposiciones, siempre y cuando el individuo no presente fiebre. En cualquier caso, es preferible consultar al médico antes de tomar cualquier decisión cuando una diarrea se prolonga y no cede con la dieta y la rehidratación oral.

Otro punto de controversia es el empico de antibióticos en casos de diarrea aguda. En principio, debemos pensar que la diarrea infecciosa es de origen vírico y que por tanto el empleo de antibióticos no va a mejorar su evolución, sino más bien al contrario, va a dañar más aún la flora intestinal protectora.
Por tanto sólo en aquellos casos en los que, bien por la presentación del cuadro (por ejemplo iin.i epidemia) o bien porque se rea 1 ice un cultivo de heces, tengamos la seguridad de que una bacteria es la causante de la diarrea se indicará el uso de antibióticos. Los más empleados en estos casos son el ciprofloxacino de 500 mg cada 12 horas durante cuatro o cinco días, el metronidazol de 250 mg cada seis horas durante siete días o ciertas sulf’amidas. Si se hace inevitable el empleo de astringentes para cortar la diarrea por el riesgo de deshidratación grave, se deben administrar antibióticos con el fin de impedir la extensión del germen dentro del organismo.
En caso de dolor abdominal persistente en forma de retortijones o espasmos de la musculatura abdominal se empicarán fármacos como la butilescopolamina para su alivio.

Signos de deshidratación

• Piel seca con el signo del pliegue positivo: esto significa que al pellizcar levemente la piel en zonas como el cuello o los brazos, se mantiene un pliegue en la piel unos cuantos segundos en vez de retornar en seguida a su posición normal.

• Sed imperiosa que no se calma bebiendo agua.

• Sequedad en las mucosas, especialmente la oral, con boca pastosa que no permite hablar correctamente.

• Aspecto de los ojos como hundidos y sin brillo.

• Orina escasa y muy coloreada. Ausencia de sudoración.

Los antibióticos y medicamentos sólo se emplearán bajo supervisión médica en caso de gastroenteritis.

 

Originally posted 2014-07-11 09:44:06.

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Heridas

Probablemente, uno de los accidentes domésticos más habituales sean los cortes y las heridas. Cualquier objeto habitual, como un cuchillo o unas tijeras puede ser un peligro, sobre todo en manos de los niños. Además, también fuera del hogar es el accidente laboral más típico y suele venir acompañando a otros problemas, como los accidentes de tráfico, las caídas, etc. Saber actuar a tiempo evitará males mayores.

Se define una herida como la separación traumática o quirúrgica de los tejidos corporales que deja expuesta una región del organismo, bien al medio externo, bien a las estructuras adyacentes, o bien a ambos simultáneamente. I-n cualquier caso, una herida supone siempre una desprotección en cuanto a que la pérdida de las barreras anatómicas permite el paso de microorganismos hacia lugares y cavidades que deberían permanecer estériles y por lo tanto se convierten en fuentes de infección.

Es posible clasificar las heridas atendiendo a diversos factores:

• Según el agente causal concreto que hava producido la herida podemos distinguir entre herida punzante o lina y profunda, producida por un objeto afilado con poco sangrado externo pero muy peligrosa, herida incisa o menos profunda, pero más extensa en su afectación de la piel y con bordes bien delimitados, producida con un objeto cortante, v finalmente herida contusa o irregular secundaria a un golpe sobre la piel.

• Según su profundidad podemos distinguir desde el simple arañazo que ni siquiera afecta completamente la epidermis, la desolladura o herida con pérdida de sustancia que llega hasta la dermis, heridas penetrantes que alcanzan los tejidos posteriores ,i la piel v finalmente heridas perforantes que alcanzan las visceras internas.

• Según el riesgo de infección, se habla de heridas limpias cuando se han producido accidentalmente o por un procedimiento quirúrgico con material estéril y en un ambiente aséptico y heridas contaminadas todas las demás, mientras no se demuestre lo contrario. Serán heridas infectadas todas aquellas que en el curso de su evolución adquieran gérmenes patógenos.
Las heridas son en general el accidente doméstico y laboral más frecuente, encuadrándose en la gran mayoría de los
casos dentro de la categoría de leves, en las que se afecta únicamente la piel por rozamiento contra el suelo o por contacto con superficies afiladas. Cuando se produce una herida comienzan de inmediato los mecanismos de reparación espontánea o natural del organismo, con el fin de proteger la región y producir el cierre de la misma.

Fases de una herida

Fase inflamatoria inicial: los vasos sanguíneos cercanos a la zona afectada transportan a la misma mediadores químicos del organismo y células defensivas, como los glóbulos blancos, con el objeto de defenderla de la penetración de gérmenes. Al mismo tiempo se produce una vasoconstricción local para frenar la posible hemorragia.

Fase de curación: a partir del tercer día comienza a regenerarse el tejido perdido con el fin de rellenar y reconstruir la zona afectada. Este tejido, llamado «de granulación», crece siguiendo el patrón estructural de la zona y se acompaña de la revascularización o formación de nuevo de los vasos dañados.

Fase de cicatrización: una semana después de la herida, las fibras de colágeno trasladadas a la zona comienzan su proceso de maduración al tiempo que la reacción inflamatoria decrece. De forma progresiva se unen los bordes separados y la piel vuelve a crecer sobre los mismos, cerrándose la herida y completándose la cura.

Tratamiento 

La gravedad de una herida va a depender por tanto de diversas circunstancias, como la extensión y profundidad de la misma, la intensidad de la posible hemorragia acompañante, la contaminación que presente y la afectación de las estructuras internas. Es necesario entonces valorar la gravedad de las mismas atendiendo a estos criterios antes de tomar una decisión para su tratamiento. Las heridas que cumplan algún criterio de gravedad deben ser tratadas y vigiladas por personal sanitario. Así mismo, toda herida en la que se haya producido una separación importante de los bordes de la piel, dejando a la vista superficies internas, posiblemente tendrá que ser suturada.
Sólo las heridas leves, y que en principio pensemos que no pueden estar complicadas, deben ser tratadas en el domicilio en un primer momento, aunque si la evolución no es favorable, se consultará. El primer paso es la valoración general de la herida en cuanto a su aspecto, sus características, el objeto causante, las complicaciones que presenta, el estado general del afectado y sus antecedentes. Posteriormente debe seguir una valoración de los medios a nuestro alcance; es decir, del material para curas que tenemos y de las posibilidades de acudir a un centro sanitario. Como decíamos antes, en principio una herida leve puede ser tratada en casa, aunque si el acceso a un profesional sanitario es sencillo debe acudirse al mismo.

Signos como la fiebre, el dolor excesivo, las secreciones purulentas o el enrojecimiento de la zona circundante pueden indicarnos durante las curas siguientes que se está produciendo algún tipo de complicación y que será necesaria la valoración por una enfermera o un médico. La evolución de una herida y sobre todo la correcta cicatrización de la misma pueden estar influidas por múltiples circunstancias tanto externas como propias del individuo, de tal modo que pueda prolongarse su tiempo de cura definitiva de forma exagerada. Estas circunstancias son:

• Presencia de infecciones en la herida, lo que se detecta por medios indirectos como el olor que produce (queso fuerte o dulce), el dolor y la fiebre, la inflamación excesiva de los bordes después de los tres o cuatro primeros días, el retraso de la cicatrización o la producción continua de pus.
Los medios directos, es decir el cultivo de una muestra de la herida, son los únicos que pueden confirmar la infección de forma segura.

• Los problemas circulatorios en general, la edad, la debilidad o fragilidad de la piel, la temperatura y la humedad influyen también en el proceso de curación pudiendo alargarlo y complicarlo. La aparición de escaras negras sobre una herida indica la presencia de necrosis o muerte del tejido, que debe ser retirado de la misma.

• Algunas enfermedades generales pueden dificultar el proceso de curación y de cicatrización. La diabetes de forma típica favorece que las heridas se infecten y que curen de forma tardía o lenta, principalmente por la afectación de los pequeños vasos sanguíneos característica de esta enfermedad.

• Otras circunstancias pueden ser la ausencia de una sutura que hubiera sido necesaria, una mala realización de ésta, la aparición de alergias, la desnutrición, la movilización excesiva o precoz de la zona o la realización de curas por personal no entrenado.

Después de haber realizado la cura hay que valorar finalmente el resto de tratamientos necesarios. Son tres los principales aspectos a valorar:

1. Hay que prevenir la Infección por Clostridium tetani o tétanos, consistente en un cuadro de espasmos musculares que pueden desembocar en la muerte por asfixia como consecuencia de una toxina elaborada por este bacilo cuando penetra en el organismo. La sintomatología comienza a las dos semanas de la herida de forma aproximada aunque en ocasiones puede ser más precoz. Las heridas producidas por superficies oxidadas o por tierra donde habiten animales son más propensas a este tipo de infección. Su tratamiento ideal consiste en la prevención mediante la vacunación masiva de la población, por lo que ya se incluye en el calendario vacunal de los niños en la mayoría de los países desarrollados. Conviene recordar que sólo la vacunación completa, es decir, las tres dosis de la misma (la segunda al mes de la primera y la tercera al año proporcionan una protección completa. En caso de duda se procede tras una herida a revacunar.

2. Hay que prevenir cualquier otra infección que pudiera producirse, tanto si la herida se contamina excesivamente,
como si el individuo presenta un estado general debilitado por cualquier circunstancia. Una bacteria llamada Staphylococcus aureus, presente en la piel humana de forma habitual, es el germen que con más frecuencia infecta las heridas. Puede ser por tanto necesario el empleo de antibióticos como la penicilina y derivados para su prevención.

3. Hay que controlar síntomas secundarios mediante el empleo de analgésicos como el paracetamol o el metamizol magnésico, pero no la aspirina, que puede favorecer el sangrado. Un efecto antiinflamatorio además de analgésico puede obtenerse con sustancias como el diclofenaco o el ibuprofeno. Generalmente estos tratamientos sólo
son necesarios los primeros días siempre que no surjan complicaciones.

Como aspecto final, sólo recordar que en determinadas personas y circunstancias las heridas pueden cicatrizar de forma irregular o aberrante, dando como resultado un problema estético evidente. Estas cicatrices patológicas pueden deberse a una predisposición genética del individuo, a complicaciones surgidas durante la curación de la herida, o a una defectuosa sutura de la misma. Así pueden existir cicatrices hipertróficas o excesivamente grandes para la herida que se produjo, qucloideas o gruesas por una reacción excesiva de la propia piel, dolorosas por la afectación de una terminación nerviosa, o retráctiles por una sutura excesivamente tensa.

Un botiquín debe contar con gasas, algodón, antisépticos, esparadrapo y tiritas para tratar las heridas de pronóstico leve.

Ante heridas muy penetrantes y/o perforantes y ante aquellas que pueden afectar psicológicamente por cuestiones estéticas, se hace obligatorio el paso por el quirófano.

La revacunación del tétanos es una medida protectora ante las heridas.

Modos de actuación ante una herida leve

1- Lavado de manos con agua y jabón antes de proceder a tocar la herida; si se tienen guantes de látex limpios deben emplearse.

2- Lavado de la herida con agua a chorro y jabón o con suero fisiológico abundante. Observar la presencia de cuerpos extraños y retirarlos si los hubiera. Limpiar también la región de piel circundante para eliminar focos de contaminación cercanos. Si la zona posee mucho pelo y éste se introduce en la herida, se debe proceder a rasurarlo.

3- Comprimir con una gasa tras el lavado durante unos minutos para frenar la posible hemorragia.
Aplicar un antiséptico sobre la herida utilizando una gasa estéril (mejor que algodón). Los principales antisépticos son, por orden de preferencia, la clorhexidina, la povidona yodada, el agua oxigenada y el alcohol etílico. No es recomendable aplicar pomadas.

Si se trata de una herida pequeña con una abertura escasa, se podrá dejar que cierre y cicatrice por sí sola. Si tenemos dudas al respecto o no somos capaces de controlar la hemorragia, será necesaria la valoración especializada por si procediera la sutura. Ésta puede realizarse con hilo, grapas o con tiras especiales llamadas «puntos de aproximación».

4- Se suture o no la herida, el siguiente paso será el de cubrirla. Para ello se emplearán también gasas estériles y esparadrapo. Existen como alternativa hoy en día apositos adhesivos estériles muy cómodos y que se pegan menos al pelo que el esparadrapo o las tiritas. Nunca debe comprimirse en exceso una herida; si se producen erosiones en un margen amplio de la piel, puede colocarse una venda alrededor de la gasa, pero nunca que apriete la región para que no dificulte la circulación. Es muy importante recordar que una herida curada que se va a cubrir debe de estar seca puesto que la humedad favorecerá que pueda complicarse.

5- Una vez terminada la cura, la zona afectada debe permanecer unas horas en reposo y, a poder ser, elevada respecto al resto del cuerpo para frenar en lo posible la inflamación. Al día siguiente se debe descubrir la cura para comprobar de forma precoz que no se presentan complicaciones. Se repite de nuevo el proceso anterior y se vuelve a cubrir, pudiendo distanciar más las curas (dos o tres días) si el aspecto es bueno. Tan pronto como veamos que se ha recuperado la integridad de la piel y se está formando inicialmente la costra, se dejará ya al aire.

 

Originally posted 2014-07-14 11:21:32.

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Convulsiones febriles

Se denominan así a un tipo concreto de convulsiones que aparecen en el 5-5% de la población infantil entre los seis meses y los seis años de edad, con un pico máximo de incidencia entre los 18 y los 24 meses. Los antecedentes familiares de epilepsia podrían favorecer su aparición. Se trata de crisis generalizadas, es decir, producidas por una dessube de forma rápida la curva de la temperatura o de la liebre.
El tratamiento consiste en prevenir esa subida de la temperatura durante los procesos infecciosos de una manera más controlada que en el resto de los niños. El problema es que hasta que no se produce la primera crisis no sabemos de la existencia de las mismas, por lo que al menos había que pasar esta angustiosa experiencia una vez.
Cuando se presenta una crisis convulsiva febril hay que tratar de mantener la calma, lo que resulta difícil para cualquier padre o madre. A pesar de la apariencia aparatosa del cuadro, no hav que zarandear al niño ni tratar de estimularlo con movimientos o gritos, nunca debemos perder la calma, sino todo lo contrario. Simplemente hay que proteger al pequeño entre los brazos hasta que cedan las convulsiones y acercarnos después al hospital o al centro de salud para explicar el proceso con la mayor exac-titud posible y que le hagan un reconocimiento, consistente en hacer una historia clínica completa y cuidadosa y un examen físico de los aspectos neurológicos, a veces por medio de una punción lumbar que descarte una meningoencefalitis. También descartará intoxicaciones y traumatismos craneoencefálicos que puedan haber provocado la crisis. Cuando las convulsiones febriles sean más complejas, será examinado por el neuropediatra. Si se trata de crisis conocidas, el pediatra nos habrá proporcionado
unos enemas especiales de diacepam, un ansiolítico, que frenarán la crisis de forma rápida y eficaz. Posteriormente, iniciaremos las medidas habituales para bajar la temperatura corporal, especialmente el uso de fármacos antitérmicos como el paracetamol 0 el ibuprofeno.
Una convulsión febril simple suele ser un suceso aislado que no tiende a repetirse, sobre todo si se toman las precauciones adecuadas. De hecho, rara vez se ingresan en el hospital para estudio, lo que se reserva para aquellos casos en los que los niños repiten varias crisis poso al tratamiento y se sospecha por tanto que pudiera tratarse de una forma de epilepsia juvenil. En la mayoría de los casos las crisis febriles son transitorias durante la infancia, no prolongándose más allá de los cinco años y en casi ningún caso se transforman después en epilepsia durante la vida adulta.

Por difícil que emocionalmente pueda resultar a los padres, ante una convulsión febril de un niño se debe mantener siempre la calma.

Originally posted 2014-07-11 15:45:49.

Convulsión-febril-niños

Fiebre

La fiebre es una elevación de la temperatura corporal por encima de los limites normales que se produce de manera controlada, es decir, que los mecanismos de ajuste de temperatura que se encuentran en el cerebro deciden subir unos grados la misma, pero siguen manteniendo la posibilidad de modificarla. Incluso las variaciones diarias de la temperatura que se producen en una persona sana se siguen presentando en una con fiebre; se trata por tanto de un reajuste del «termostato» unos grados más arriba y no de que se estropee como pasaba en la hipertermia.
Se trata de un mecanismo defensivo frente a las infecciones con el objeto de dificultar las condiciones de vida de los
gérmenes e impedir su reproducción y extensión. Al Igual que sucede con la tos o la inflamación, por poner dos ejemplos, la fiebre es más molesta que útil, si bien es un magnífico signo de alarma para detectar enfermedades y controlar su evolución.

Generalmente las infecciones víricas producen fiebres más alias que las bacterianas. Otras causas de fiebre pueden ser traumatismos craneoencefálicos, tumores evolucionados, vasculitis o fiebres inducidas por ciertos fármacos.
Cuando el hipotálamo detecta ciertas toxinas producidas por los gérmenes es cuando decide comenzar con la elevación de la temperatura como respuesta. Para ello ordena generar calor extra a partir de las fuentes de reserva hasta alcanzar el punto deseado. Pero la fiebre es un síndrome que se acompaña de otros signos y síntomas de forma progresiva según se instaura:

• Se produce una vaso-constricción y un enfriamiento de las extremidades, lo que se manifiesta como escalofríos y temblor. La persona presenta un tono de piel pálido mientras sube la temperatura. Pueden aparecer malestar general
lia como síntomas acompañantes.

• Cuando se alcanza el punto máximo de tempera!ura, comienzan a actuar los mecanismos de pérdida de calor; aparece por tanto vasodilatación y la persona ahora tiene calor, la piel se enrojece y comienza a sudar. Podemos decir que este momento se corresponde con la bajada de temperatura. Puede notarse en esta fase cansancio y
dolor de cabeza. Ambos estados pueden comenzar a alternarse a partir de este momento, si bien el empleo de fármacos antipiréticos y de medidas externas de enfriamiento puede alterar este orden.

Las fiebres muy altas pueden acompañarse también de otros síntomas, como el delirio, confusión y obnubilación de la conciencia, aunque tampoco son tan habituales. En los lactantes y niños muy pequeños pueden aparecer convulsiones, que ya se han estudiado en el capítulo acerca de la perdida de conocimiento.

Tipos de cuadros febriles

• Febrícula o fiebre baja, que es cuando se sitúa la temperatura entre 37-38 °C; es la forma más habitual y aunque suele ser provocada por cuadros leves no por ello debe de ser ignorada. Infecciones prolongadas de difícil diagnóstico y cuadros agudos como la apendicitis pueden cursar con febrícula. No obstante, cuando el resto de los síntomas apunten claramente a otra enfermedad común: catarros, gripes, etc., tam- poco deberíamos darle mayor importancia y se puede combatir con un antitérmico.

• Fiebre propiamente dicha, situada entre 38-41,5 °C; de forma habitual por las tardes y por la noche suele elevarse la temperatura para disminuir otra vez al amanecer. Según sus características (intermitente, en agujas, recurrente) orienta hacia una patología concreta o hacia otra.

• Hiperpirexia o fiebre extrema superior a 41,5 °C; aparece en infecciones muy graves y sobre todo en hemorragias cerebrales. Elevaciones superiores a 43 °C son prácticamente incompatibles con la vida y su detección suele ser más bien un error de medición o una exageración.

Cuando la temperatura baja, comienza un periodo de cansancio y cefalea que forma parte de la convalecencia normal en estos casos.

Cuadros agudos como la apendicitis, o inflamación del apéndice, pueden cursar con fiebre o febrícula. En estos casos es importante no bajar la temperatura hasta que se haya establecido un diagnóstico.

Tratamiento

Como decíamos anteriormente, la fiebre es un signo molesto que se tiende a tratar en iodos los casos en la actualidad. Aunque la mayoría de las veces la liebre no aporta mucho desde el punto de vista defensivo, no conviene olvidar que nos informa acerca del estado general de la infección y de su evolución. Por tanto, el deseo de bajar de cualquier modo una fiebre baja o febrícula tampoco es recomendable. Al eliminar la fiebre con antipiréticos, dado que estos fármacos son también analgésicos, podemos enmascarar un cuadro peligroso que parece curado, al desaparecer tanto la liebre como el dolor.
Cuando el diagnóstico inicial o aproximado de la infección que se padece esté realizado o se sospeche claramente, procederemos a tratar la fiebre. En primer lugar, recurriremos a los antipiréticos o también llamados fármacos antitérmicos.
Cuando se comienzan a tomar fármacos de este tipo, es conveniente seguir una paula lija y, al menos durante los primeros días tomarlo a las horas establecidas se tenga o no fiebre. Es más sencillo mantener la temperatura baja, que bajarla cuando se dispara. Cuando con los tratamientos habituales la fiebre no cede o se eleva por enci-
ma de 41 °C debe consultarse de nuevo al médico para que se revise el diagnóstico y el tratamiento. Fs preciso comprobar que la fiebre no se acompañe de signos de alarma graves como vómitos muy potentes, pérdi-
da de consciencia, rigidez en la nuca o manchas en la piel.

las medidas caseras que pueden servir a ayudar a bajar la temperatura son el empleo de paños o compresas irías, las friegas con alcohol, los baños de agua fresca o simplemente desprenderse de las ropas. Sudar la fiebre estando en cama bien abrigado puede resultar muy útil para acortar el tiempo de recuperación, pero siempre se cion, pero siempre se tomará la precaución de cambiar la ropa y las sábanas si se humedecen para evitar así que el paciente pueda enfriarse.
Durante los periodos febriles la hidratación abundante es fundamental. Además, no se debe olvidar que la habitación de un enfermo debe estar bien ventilada, procurando hacerlo sin que  este se resienta por el frío. Los niños pequeños suelen tener cuadros de fiebre más alta que los adultos, incluso aunque la enfermedad no revista gravedad alguna. Su tratamiento, siempre bajo la supervisión del pediatra, será el mismo que el de los adultos, pero con antipiréticos y antitérmicos infantiles y con medios más físicos, como los baños. A pesar de los cuadros febriles exagerados, los padres deben conservar la calma y seguir las instrucciones del personal sanitario. Eso sí, cuando se observe en un niño fiebre alta sin causa aparente, siempre será obligada la visita médica.

Un baño de agua templada y friegas con compresas frías en la frente, la nuca y las muñecas son los remedios físicos más eficaces para bajar la fiebre tanto en niños como en adultos.

Antipiréticos y antitérmicos más frecuentes

Paracetamol: posee propiedades analgésicas y antipiréticas, pero no es un antiinflamatorio, como ocurre con la aspirina. Se trata de un fármaco seguro y eficaz tanto en adultos como en niños, siendo sólo las afectaciones hepáticas su única contraindicación posible. Se puede emplear en casos de fiebre rebelde a dosis de hasta un gramo cada seis horas.

Aspirina: el ácido acetilsalicílico es también un potente antitérmico, aunque su empleo ha sido desplazado en los últimos años por el paracetamol, sobre todo en niños, donde se puede asociar a ciertos síndromes hepáticos. Además existen muchas personas alérgicas a su principal componente químico, lo que le hace más impopular. Como todo antiinflamatorio, este ácido puede dañar la mucosa digestiva y asociarse a úlceras y hemorragias. No obstante, es un medicamento eficaz que suele utilizarse para tratar el dolor y la fiebre. La dosis recomendable es de 500 mg cada seis horas en los adultos.

Otros antiinflamatorios: ibuprofeno, naproxeno. diclofenaco, piroxicam, ketorolaco y en general el resto
de fármacos de este grupo actúan como antitérmicos por el mismo mecanismo de la aspirina, y como ella presentan sus mismos riesgos secundarios. El más conocido de todos es el ibuprofeno, un analgésico, antipirético y antiinflamatorio cuya dosis en los adultos se establece entre 400 y 600 mg cada cuatro o seis horas.

Metamizol magnésico: empleado comúnmente como analgésico, posee también una importante actividad para descender la fiebre y afecta muy poco al sistema digestivo. En adultos, la dosis es de uno o dos gramos cada ocho horas.

Originally posted 2014-07-14 11:05:19.

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