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Heridas

Probablemente, uno de los accidentes domésticos más habituales sean los cortes y las heridas. Cualquier objeto habitual, como un cuchillo o unas tijeras puede ser un peligro, sobre todo en manos de los niños. Además, también fuera del hogar es el accidente laboral más típico y suele venir acompañando a otros problemas, como los accidentes de tráfico, las caídas, etc. Saber actuar a tiempo evitará males mayores.

Se define una herida como la separación traumática o quirúrgica de los tejidos corporales que deja expuesta una región del organismo, bien al medio externo, bien a las estructuras adyacentes, o bien a ambos simultáneamente. I-n cualquier caso, una herida supone siempre una desprotección en cuanto a que la pérdida de las barreras anatómicas permite el paso de microorganismos hacia lugares y cavidades que deberían permanecer estériles y por lo tanto se convierten en fuentes de infección.

Es posible clasificar las heridas atendiendo a diversos factores:

• Según el agente causal concreto que hava producido la herida podemos distinguir entre herida punzante o lina y profunda, producida por un objeto afilado con poco sangrado externo pero muy peligrosa, herida incisa o menos profunda, pero más extensa en su afectación de la piel y con bordes bien delimitados, producida con un objeto cortante, v finalmente herida contusa o irregular secundaria a un golpe sobre la piel.

• Según su profundidad podemos distinguir desde el simple arañazo que ni siquiera afecta completamente la epidermis, la desolladura o herida con pérdida de sustancia que llega hasta la dermis, heridas penetrantes que alcanzan los tejidos posteriores ,i la piel v finalmente heridas perforantes que alcanzan las visceras internas.

• Según el riesgo de infección, se habla de heridas limpias cuando se han producido accidentalmente o por un procedimiento quirúrgico con material estéril y en un ambiente aséptico y heridas contaminadas todas las demás, mientras no se demuestre lo contrario. Serán heridas infectadas todas aquellas que en el curso de su evolución adquieran gérmenes patógenos.
Las heridas son en general el accidente doméstico y laboral más frecuente, encuadrándose en la gran mayoría de los
casos dentro de la categoría de leves, en las que se afecta únicamente la piel por rozamiento contra el suelo o por contacto con superficies afiladas. Cuando se produce una herida comienzan de inmediato los mecanismos de reparación espontánea o natural del organismo, con el fin de proteger la región y producir el cierre de la misma.

Fases de una herida

Fase inflamatoria inicial: los vasos sanguíneos cercanos a la zona afectada transportan a la misma mediadores químicos del organismo y células defensivas, como los glóbulos blancos, con el objeto de defenderla de la penetración de gérmenes. Al mismo tiempo se produce una vasoconstricción local para frenar la posible hemorragia.

Fase de curación: a partir del tercer día comienza a regenerarse el tejido perdido con el fin de rellenar y reconstruir la zona afectada. Este tejido, llamado «de granulación», crece siguiendo el patrón estructural de la zona y se acompaña de la revascularización o formación de nuevo de los vasos dañados.

Fase de cicatrización: una semana después de la herida, las fibras de colágeno trasladadas a la zona comienzan su proceso de maduración al tiempo que la reacción inflamatoria decrece. De forma progresiva se unen los bordes separados y la piel vuelve a crecer sobre los mismos, cerrándose la herida y completándose la cura.

Tratamiento 

La gravedad de una herida va a depender por tanto de diversas circunstancias, como la extensión y profundidad de la misma, la intensidad de la posible hemorragia acompañante, la contaminación que presente y la afectación de las estructuras internas. Es necesario entonces valorar la gravedad de las mismas atendiendo a estos criterios antes de tomar una decisión para su tratamiento. Las heridas que cumplan algún criterio de gravedad deben ser tratadas y vigiladas por personal sanitario. Así mismo, toda herida en la que se haya producido una separación importante de los bordes de la piel, dejando a la vista superficies internas, posiblemente tendrá que ser suturada.
Sólo las heridas leves, y que en principio pensemos que no pueden estar complicadas, deben ser tratadas en el domicilio en un primer momento, aunque si la evolución no es favorable, se consultará. El primer paso es la valoración general de la herida en cuanto a su aspecto, sus características, el objeto causante, las complicaciones que presenta, el estado general del afectado y sus antecedentes. Posteriormente debe seguir una valoración de los medios a nuestro alcance; es decir, del material para curas que tenemos y de las posibilidades de acudir a un centro sanitario. Como decíamos antes, en principio una herida leve puede ser tratada en casa, aunque si el acceso a un profesional sanitario es sencillo debe acudirse al mismo.

Signos como la fiebre, el dolor excesivo, las secreciones purulentas o el enrojecimiento de la zona circundante pueden indicarnos durante las curas siguientes que se está produciendo algún tipo de complicación y que será necesaria la valoración por una enfermera o un médico. La evolución de una herida y sobre todo la correcta cicatrización de la misma pueden estar influidas por múltiples circunstancias tanto externas como propias del individuo, de tal modo que pueda prolongarse su tiempo de cura definitiva de forma exagerada. Estas circunstancias son:

• Presencia de infecciones en la herida, lo que se detecta por medios indirectos como el olor que produce (queso fuerte o dulce), el dolor y la fiebre, la inflamación excesiva de los bordes después de los tres o cuatro primeros días, el retraso de la cicatrización o la producción continua de pus.
Los medios directos, es decir el cultivo de una muestra de la herida, son los únicos que pueden confirmar la infección de forma segura.

• Los problemas circulatorios en general, la edad, la debilidad o fragilidad de la piel, la temperatura y la humedad influyen también en el proceso de curación pudiendo alargarlo y complicarlo. La aparición de escaras negras sobre una herida indica la presencia de necrosis o muerte del tejido, que debe ser retirado de la misma.

• Algunas enfermedades generales pueden dificultar el proceso de curación y de cicatrización. La diabetes de forma típica favorece que las heridas se infecten y que curen de forma tardía o lenta, principalmente por la afectación de los pequeños vasos sanguíneos característica de esta enfermedad.

• Otras circunstancias pueden ser la ausencia de una sutura que hubiera sido necesaria, una mala realización de ésta, la aparición de alergias, la desnutrición, la movilización excesiva o precoz de la zona o la realización de curas por personal no entrenado.

Después de haber realizado la cura hay que valorar finalmente el resto de tratamientos necesarios. Son tres los principales aspectos a valorar:

1. Hay que prevenir la Infección por Clostridium tetani o tétanos, consistente en un cuadro de espasmos musculares que pueden desembocar en la muerte por asfixia como consecuencia de una toxina elaborada por este bacilo cuando penetra en el organismo. La sintomatología comienza a las dos semanas de la herida de forma aproximada aunque en ocasiones puede ser más precoz. Las heridas producidas por superficies oxidadas o por tierra donde habiten animales son más propensas a este tipo de infección. Su tratamiento ideal consiste en la prevención mediante la vacunación masiva de la población, por lo que ya se incluye en el calendario vacunal de los niños en la mayoría de los países desarrollados. Conviene recordar que sólo la vacunación completa, es decir, las tres dosis de la misma (la segunda al mes de la primera y la tercera al año proporcionan una protección completa. En caso de duda se procede tras una herida a revacunar.

2. Hay que prevenir cualquier otra infección que pudiera producirse, tanto si la herida se contamina excesivamente,
como si el individuo presenta un estado general debilitado por cualquier circunstancia. Una bacteria llamada Staphylococcus aureus, presente en la piel humana de forma habitual, es el germen que con más frecuencia infecta las heridas. Puede ser por tanto necesario el empleo de antibióticos como la penicilina y derivados para su prevención.

3. Hay que controlar síntomas secundarios mediante el empleo de analgésicos como el paracetamol o el metamizol magnésico, pero no la aspirina, que puede favorecer el sangrado. Un efecto antiinflamatorio además de analgésico puede obtenerse con sustancias como el diclofenaco o el ibuprofeno. Generalmente estos tratamientos sólo
son necesarios los primeros días siempre que no surjan complicaciones.

Como aspecto final, sólo recordar que en determinadas personas y circunstancias las heridas pueden cicatrizar de forma irregular o aberrante, dando como resultado un problema estético evidente. Estas cicatrices patológicas pueden deberse a una predisposición genética del individuo, a complicaciones surgidas durante la curación de la herida, o a una defectuosa sutura de la misma. Así pueden existir cicatrices hipertróficas o excesivamente grandes para la herida que se produjo, qucloideas o gruesas por una reacción excesiva de la propia piel, dolorosas por la afectación de una terminación nerviosa, o retráctiles por una sutura excesivamente tensa.

Un botiquín debe contar con gasas, algodón, antisépticos, esparadrapo y tiritas para tratar las heridas de pronóstico leve.

Ante heridas muy penetrantes y/o perforantes y ante aquellas que pueden afectar psicológicamente por cuestiones estéticas, se hace obligatorio el paso por el quirófano.

La revacunación del tétanos es una medida protectora ante las heridas.

Modos de actuación ante una herida leve

1- Lavado de manos con agua y jabón antes de proceder a tocar la herida; si se tienen guantes de látex limpios deben emplearse.

2- Lavado de la herida con agua a chorro y jabón o con suero fisiológico abundante. Observar la presencia de cuerpos extraños y retirarlos si los hubiera. Limpiar también la región de piel circundante para eliminar focos de contaminación cercanos. Si la zona posee mucho pelo y éste se introduce en la herida, se debe proceder a rasurarlo.

3- Comprimir con una gasa tras el lavado durante unos minutos para frenar la posible hemorragia.
Aplicar un antiséptico sobre la herida utilizando una gasa estéril (mejor que algodón). Los principales antisépticos son, por orden de preferencia, la clorhexidina, la povidona yodada, el agua oxigenada y el alcohol etílico. No es recomendable aplicar pomadas.

Si se trata de una herida pequeña con una abertura escasa, se podrá dejar que cierre y cicatrice por sí sola. Si tenemos dudas al respecto o no somos capaces de controlar la hemorragia, será necesaria la valoración especializada por si procediera la sutura. Ésta puede realizarse con hilo, grapas o con tiras especiales llamadas «puntos de aproximación».

4- Se suture o no la herida, el siguiente paso será el de cubrirla. Para ello se emplearán también gasas estériles y esparadrapo. Existen como alternativa hoy en día apositos adhesivos estériles muy cómodos y que se pegan menos al pelo que el esparadrapo o las tiritas. Nunca debe comprimirse en exceso una herida; si se producen erosiones en un margen amplio de la piel, puede colocarse una venda alrededor de la gasa, pero nunca que apriete la región para que no dificulte la circulación. Es muy importante recordar que una herida curada que se va a cubrir debe de estar seca puesto que la humedad favorecerá que pueda complicarse.

5- Una vez terminada la cura, la zona afectada debe permanecer unas horas en reposo y, a poder ser, elevada respecto al resto del cuerpo para frenar en lo posible la inflamación. Al día siguiente se debe descubrir la cura para comprobar de forma precoz que no se presentan complicaciones. Se repite de nuevo el proceso anterior y se vuelve a cubrir, pudiendo distanciar más las curas (dos o tres días) si el aspecto es bueno. Tan pronto como veamos que se ha recuperado la integridad de la piel y se está formando inicialmente la costra, se dejará ya al aire.

 

Originally posted 2014-07-14 11:21:32.

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Clasificación de las quemaduras

Sea cual sea el origen de la quemadura, el efecto sobre la piel y los tejidos subyacentes es siempre el mismo: un exceso de calor que desnaturaliza los tejidos, especialmente las proteínas que les sirven de sostén, y
una evaporación inmediata de los líquidos tisulares y la consecuente deshidratación.
Por tanto, de forma general, podemos decir que una quemadura produce tres tipos de complicaciones:

• La de la propia lesión en sí misma, es decir, la pérdida de continuidad en la piel por desaparición de tejido que se ha quemado dejando una puerta abierta a las infecciones. Hablaríamos entornes de quemaduras superficiales.

• La afectación directa de órganos vitales internos que pueden perder parte de su anatomía y deteriorarse así su funcionamiento. Estaríamos hablando en este caso de quemaduras internas.

• La deshidratación del organismo por la pérdida brusca de líquido que tendría una repercusión más generalizada sobre el delicado equilibrio de agua y sales minerales indispensable para la vida. Serían por tanto quemaduras sistémicas, en las que todo el organismo se afecta, pese a que la lesión se localice sólo en ciertos puntos.
Para valorar la gravedad de una quemadura se deben atender a dos cuestiones fundamentales como son la extensión y la profundidad de la misma:

• La extensión de una quemadura es un factor pronóstico fundamental, puesto que permite medir la repercusión real que va a tener la lesión sobre el organismo. Así, a mayor superficie afectada, mayor riesgo de exposición a infecciones potencialmente graves, al mismo tiempo que se ofrece una ventana más amplia para que se evapore el agua. Es importante saber que tras una quemadura intensa, la temperatura de las zonas afectadas se mantiene elevada durante mucho tiempo, es decir, que el daño sigue extendiéndose con posterioridad «íl contacto inicial. Para calcular el porcentaje de superficie corporal que se ha quemado podemos recurrir de forma sencilla a la regla de la palma de la mano, sabiendo que la superficie de esta equivale de forma aproximada al 1% del tolal del cuerpo.

Grados de quemaduras según su profundidad

Quemaduras de primer grado: son aquellas que afectan únicamente a la capa externa de la piel o epidermis. Se manifiestan en forma de eritema o enrojecimiento de la misma sin acompañarse de edema. La lesión no forma ampollas, pero sí resulta muy dolorosa. Cura de forma espontánea al cabo de una semana sin cicatrices residuales, pudiendo persistir una zona más pigmentada coincidiendo con la quemadura durante algún tiempo, aunque finalmente termina por desaparecer.

Quemaduras de segundo grado: son aquellas en las que se afecta siempre la dermis o capa interna de la piel, pudiendo alcanzar diversas formas de gravedad según sea la penetración parcial o total de esta capa. El aspecto de la lesión varía desde un enrojecimiento e inflamación de la piel hasta la formación de flictenas pálidas (ampollas que contienen líquido) que desembocan en una escara o costra gruesa que puede tardar más de un mes en curar. Son de peor pronóstico aquéllas  que afectan al tercio más interno de la dermis, ya que pueden destruir las glándulas sebáceas y el pelo, dejando con probabilidad cicatrices severas durante su curación que durarán en muchos casos toda la vida. La sensibilidad y el dolor a la palpación son síntomas aún más intensos que en la forma anterior.

Quemaduras de tercer grado: se caracterizan por la destrucción de la piel en todo su espesor, incluyendo los anejos de la misma e incluso llegando a interesar a tejidos subyacentes. De forma característica, se produce una escara seca que se torna de blanquecina a negra y que se acompaña de una trombosis venosa visible a tra- vés de la piel. El tejido muerto o necrótico adquiere un color negruzco y pierde la sensibilidad, permaneciendo un dolor en la zona circundante donde la quemadura ha sido de menor grado, pero no donde existe mayor gravedad. La cicatriz residual está siempre presente, pudiendo adoptar un aspecto irregular o hipertrófico muy antiestético denominado queloide. Estas cicatrices son muy rebeldes a cualquier tratamiento y, aunque si no ha pasado mucho tiempo, podrían mejorar con la aplicación de aceite de rosa mosqueta, en general no suelen desaparecer, salvo con cirugía estética.

• Algunas clasificaciones incluyen quemaduras de cuarto y quinto grado para referirse a aquéllas que penetran más allá de la dermis, alcanzando las fascias que envuelven a los músculos, a éstos mismos e incluso hasta el propio hueso. Ante un cuadro de esta gravedad, muchos se refieren a carbonización y no a quemadura. Su tratamiento incluye siempre un injerto de piel, puesto que el tejido se destruye por completo y no puede ser curado.

Originally posted 2014-07-11 11:44:39.

quemaduras

Tratamiento de las quemaduras

Como ante cualquier patología que pueda presentarse, la prevención es el tratamiento más eficaz que existe y en el caso de que nos ocupa adquiere una especial importancia. En el domicilio es especialmente recomendable la protección de los niños. Se debe por tanto tener precaución con los productos de limpieza, que deben estar fuera de su alcance, con los enchufes y aparatos eléctricos. En cuanto a la cocina, deben emplearse guantes y paños siempre los objetos calientes o congelados. En el ámbito laboral deben seguirse siempre a rajatabla las medidas de seguridad establecidas para cada puesto concreto, tanto en relación con el fuego como con la electricidad, para evitar accidentes laborales en muchos casos mortales. Una vez producida la quemadura, sea del tipo que sea, debemos solicitar ayuda para proceder con las medidas iniciales tan pronto como nos sea posible.

Vamos a proceder a explicar cuáles son las actuaciones básicas que deben realizar-se ante una quemadura según su gravedad, teniendo siempre en cuenta que no se debe excluir la valoración por el personal sanitario oportuno cuando sea posible, especialmente en niños o en individuos con enfermedades concomitantes que les proporcionen un mayor riesgo.

La cocina es el lugar donde mayores accidentes domésticos por quemaduras se producen.

Quemaduras leves

Las quemaduras de primer grado que afecten a una región corporal poco extensa pueden ser tratadas inicialmente en el domicilio o en el lugar donde se hayan producido hasta que puedan ser valoradas por un profesional con posterioridad.

Modos de actuación ante quemaduras leves

1- Enfriamiento de la parte quemada tan pronto como sea posible mediante agua fría con el objetivo de disminuir la temperatura de forma rápida y evitar el avance de la lesión por calor, que como sabemos se mantiene durante mucho tiempo después al contacto con el agente causante. Retirada de la ropa o de cualquier cuerpo extraño que pudiera seguir en contacto con la lesión empapándolos en agua antes de ser tocados. Si se demora mucho esta
actuación y la ropa se pega a la piel quemada debe esperarse a que lo realice un profesional.

2- Lavado de la herida con suero fisiológico a chorro o, en su defecto con agua fría potable. Las medidas caseras como la pasta de dientes no son recomendadas, puesto que si bien pueden prevenir la aparición de ampollas, producen más irritación sobre la piel quemada y favorecen su destrucción.

3- Desinfección con un líquido antiséptico como si de cualquier herida se tratara, a poder ser diluido y evitando presionar la zona afecta. El antiséptico ideal podría ser la clorhexidina rebajada, aunque lo que encontraremos con más facilidad en un domicilio será el agua oxigenada, la merbromina (mercromina) o la povidona yodada. En caso de no disponer de un antiséptico a mano, se puede simplemente lavar la herida con agua y jabón de forma cuidadosa.

4- Aplicación de cremas especiales para quemaduras, que deberían encontrarse en cualquier botiquín, de forma generosa sobre la superficie quemada. Las más empleadas son las que combinan sustancias como corticoides de baja potencia, bálsamo del Perú, cera de abeja y otros protectores.

5- Cubrimiento de la herida una vez limpia y desinfectada; la forma ideal sería mediante apositos especiales para quemaduras que aportan sustancias regenerativas a la piel. Si no se poseen más que gasas estériles, se pueden utilizar perfectamente sobre la herida bien solas o mejor aún cubriendo una capa de alguna de las cremas mencionadas en el punto anterior. Si tampoco disponemos de gasas, se debe buscar un trozo de tela lo más limpio posible para cubrir la herida pero nunca comprimiéndola. Si es posible, debe mantenerse en alto la zona afectada mediante un cabestrillo para evitar la inflamación y el edema en posible.

6- Revisión de la herida cada dos o tres días o antes si la primera cura de emergencia no ha contado con todos los medios deseables. Las heridas deben mantenerse siempre limpias y secas. En cuanto a las ampollas que se forman característicamente sobre una quemadura existen aún hoy en día dudas sobre el procedimiento a seguir; aunque tradicionalmente se recomendaba que no se tocaran, parece ser más beneficioso que se descubran y se elimine el líquido contenido, especialmente si éste tiene un aspecto turbio, así como si están parcialmente rotas, se sitúan en superficies articulares o persisten varias semanas sin haberse reabsorbido espontáneamente. En el resto de casos o ante la duda, lo más recomendable es esperar a que se rompan por sí solas recortando los bordes rotos con un bisturí cuando esto se produzca. En cualquier caso, la rotura y eliminación del líquido debería realizarlo un profesional de la medicina.

7- Como en toda herida que afecte a la piel existe un riesgo de infección por tétanos o difteria, por lo que el individuo que no está vacunado frente a las mismas deberá hacerlo tan pronto como sea posible. La vacuna empleada en la actualidad cubre ambas enfermedades al mismo tiempo aunque comúnmente se la denomine sólo como antitetánica.

8- Junto con estas medidas básicas pueden administrarse analgésicos del tipo del paracetamol y antiinflamatorios desde el primer momento con el objetivo de paliar las molestias durante los primeros días y de evitar el dolor, ya que las quemaduras son especialmente incómodas, incluso aunque no se tenga una demasiado grave.

Quemaduras moderadas o graves

Aquellas quemaduras de segundo o tercer grado que alcanzan una extensión superior al 10 o 15% de la superficie corporal pueden ser consideradas como moderadas o graves. En estos casos, la lesión pasa de ser un accidente que resulta molesto o doloroso a un riesgo vital para el individuo si no se toman las medidas adecuadas en el momento oportuno.
Un individuo que sufre una quemadura grave puede sufrir al mismo tiempo otras lesiones externas o internas que compliquen aun más el cuadro clínico. Así, por ejemplo, en un incendio es frecuente que los afectados presenten, además de quemaduras, un i ransi01 no por inhalación de humos, mientras que un accidentado puede sufrir también diversos traumatismos. En ocasiones, las quemaduras se acompañan de shock, convulsiones o incluso parada e ardior respiratoria, no siempre presentes desde el momento inicial en el que se atiende al afectado, por lo que hay que estar alerta. Con todo esto, queremos decir que una quemadura puede ser sólo un síntoma más de un cuadro grave que precisa actuación urgente, y que como tal, debe ser derivado al medio hospitalario o especializado tan pronto como sea posible.
Modos de actuación ante quemaduras moderadas y graves

1- Alejar a la victima del lugar del accidente o más concretamente en este caso de la fuente de calor que ha originado la quemadura. Comprobar que en su nueva ubicación no corren peligro de nuevos accidentes ni la víctima ni los que la socorren.

2- Apagar las posibles llamas aún presentes en las ropas, a ser posible cubriéndole con una manta o cualquier tela fuerte que no arda con facilidad.

3- Colocar a la víctima sobre una superficie plana y dura protegida del suelo con una sábana. La posición ideal sería
aquella en la que la mayor parte de la superficie quemada no quede comprimida por el propio cuerpo.

4- Solicitar ayuda tanto a las personas más próximas como a los servicios de emergencia, tratando de explicar de forma concisa el número de heridos y las características de sus lesiones.

5- Comprobar el estado de la victima, es decir, si está consciente y si no es así, si respira y si mantiene pulso.
De no tenerlo debe comenzarse con las maniobras de resucitación cardiopulmonar antes de realizar cualquier otra acción.

6- Quitar la ropa con cuidado, ya que retiene el calor y sigue provocando quemadura; si se observa dificultad para hacerlo se debe mojar y cortar con unas tijeras, separándola poco a poco. Lo más idóneo es que s. la ropa está ya pegada a la piel, se deje esta operación al personal médico.

7- Lavar las heridas con suero o en su defecto con agua fresca para retirar los cuerpos extraños y la suciedad adherida. Puede aplicarse hielo o compresas frías sobre las lesiones para disminuir el daño que el calor sigue produciendo sobre los tejidos.

8- Cubrir las lesiones con un paño limpio y mantener abrigada a la víctima tratando de mantener elevadas las zonas dañadas para tratar de evitar la formación de edema.

9- Si se dispone casualmente de material y conocimientos suficientes o se puede encontrar en las proximidades, debe proporcionarse oxígeno en mascarilla y tomarse una vía venosa para la administración de líquidos.

Quemaduras por agentes químicos

En aquellos casos en los que la lesión es producida por el contacto directo de la piel con una sustancia química especialmente acida o básica, hav que aplicar todas las medidas generales anteriormente expuestas y explicadas gráficamente en el cuadro de la página anterior. Cuando las quemaduras se producen en los ojos, nariz o boca, lo
mejor es lavar bien con agua y pedir ayuda médica. Es importante insistir en la prevención: tanto en el hogar como en el trabajo, jamás se deben manipular agentes químicos sin las convenientes medidas de protección, como galas y guantes de seguridad.

Modo de actuación ante quemaduras de agentes químicos

1- Mojar de forma inmediata con agua la región quemada retirando la ropa tan pronto como sea factible sin dañar la piel.

2- Si se trata de una quemadura por ácido, lavar la herida con agua de cal o bicarbonato durante al menos 30 minutos. En su defecto, puede emplearse suero fisiológico, aunque su efectividad como neutralizador es mucho menor.

3- Si se trata de una quemadura por álcalis o bases la herida debe lavarse con agua azucarada o vinagre durante una hora como mínimo.

4- En el caso de que el agente causante de la quemadura sea un aerosol adherido a la piel o en forma de polvo, debe realizarse un cepillado cuidadoso de la zona concreta antes de mojar la misma.

Quemaduras por electricidad

Una característica peculiar de las quemaduras por corriente eléctrica es que aparentemente pueden presentar una lesión leve de pequeño tamaño, coincidiendo con el punto de entrada de la misma, aunque como ya hemos comentado, en el interior del organismo puede haberse producido un daño mucho mayor. Por ello es fundamental no restarle importancia ni banalizar la erosión v acudir cuanto antes a un centro hospitalario para efectuar la correspondiente revisión médica.

Modos de actuación ante quemaduras por electricidad

1- Apartar a la victima de la corriente eléctrica. Para ello hay que asegurarse antes de que el flujo de corriente está cortado o, si no puede hacerse, es recomendable tocar con un objeto a la víctima de forma rápida para no quedar atrapados también por la corriente y comprobar así si aún está bajo su influjo.

2- Si hay parada cardiorrespiratoria. lo que no es infrecuente, debe procederse a la reanimación inmediata, según se explica en los anexos de este manual, manteniendo ésta más tiempo de lo normal, puesto que la musculatura respiratoria puede estar afectada dificultando aún más la respiración del individuo.

3- Cualquier tipo de descarga eléctrica debe ser valorada hospitalariamente, sea cual sea el grado de quemadura
producida o aunque no se haya perdido la conciencia. Esto se debe a que las complicaciones en este tipo de accidentes pueden aparecer hasta 24-48 horas después del mismo. En este sentido conviene saber que la mortalidad en estos enfermos se sitúa entre el 5 y el 10% de los casos aunque hayan llegado perfectamente conscientes al hospital y no presenten grandes quemaduras. Junto con la afectación cardiorrespiratoria. una descarga eléctrica puede acompañarse en un primer momento de aturdimiento, obnubilación y fuerte dolor de cabeza. A largo plazo, es muy frecuente la formación de cataratas oculares que requieran intervención quirúrgica, por lo que la revisión hospitalaria se hace obligatoria.

Originally posted 2014-07-11 13:32:16.

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Quemaduras

La piel, junto con sus anejos, representa una barrera diferenciadora entre el interior del organismo y el medio ambiente que nos rodea, y como tal, cualquier interrupción en la continuidad de la misma supone un riesgo para la salud. listas interrupciones pueden deberse en ocasiones a heridas o traumatismos que laceren alguna o todas las capas de la piel o,
como nos ocupa en este caso, a agresiones localizadas o generales de éste órgano por medios físicos o químicos que provoquen una alteración de su integridad. Se define por tanto la quemadura como la pérdida de sustancia o descomposición de la superficie corporal como consecuencia del contacto de la misma con un agente externo que supera sus límites de tolerancia. Dentro de esta definición debemos extendernos más en aclarar sus puntos fundamentales. El primero es que una quemadura supone una pérdida parcial o total de la integridad de la piel y por tanto de sus propiedades, pudiendo en easos extremos llegar la agresión hasta estructuras más internas como el músculo. los órganos internos e incluso los huesos. En segundo lugar, si bien asociamos a calor, no siempre es el
exceso de temperatura el causante de la misma, sino que existen otros agentes responsables que también pueden inducir la aparición de este tipo de lesión.

Tipos de quemaduras

Quemaduras térmicas: producidas por elevaciones o descensos de la temperatura ambiente, o bien por contacto de la superficie de la piel con un objeto que le trasmite precisamente frío o calor durante el suficiente tiempo como para desequilibrar su estado natural. Igualmente pueden transmitirse mediante convección de chorros de aire a temperaturas extremas sin que medie un contacto físico directo. Se trata del tipo más frecuente de quemaduras accidentales, siendo en la mitad de los casos el fuego el responsable de las mismas y, en menor porcentaje, otras causas, como la escaldadura con líquidos calientes que se caen o la congelación de las extremidades. Debemos tener siempre en cuenta que una quemadura no sólo que es igual de frecuente que surja por temperaturas extremas de frío.

Quemaduras por radiación: se incluyen principalmente en este apartado todas aquellas lesiones de la piel secundarias a un exceso de radiación solar sobre la misma, es decir, las típicas quemaduras debidas a una exposición exagerada al sol o a un viento excesivamente cálido de forma prolongada, muy propias de periodos vacacionales estivales en la playa o invernales, en las estaciones de esquí y entre los montañeros. Son por tanto mayoritariamente evitables, si bien cualquier piel que no sea negra tiene un límite de absorción de luz solar aunque se use protección, por lo que en situaciones extremas las quemaduras son inevitables. No obstante siempre se deben utilizar cremas con un factor de protección solar adecuado al tipo de piel. Además de producir un envejecimiento de la piel, las lesiones de la misma por un exceso de sol suponen un factor de riesgo a medio y largo plazo para el desarrollo de tumores cancerígenos malignos y otras enfermedades de la piel. De forma mucho menos frecuente se producen también quemaduras por radiaciones de tipo ionizante, generalmente en el ámbito laboral, relacionadas con escapes de radiación nuclear en instalaciones o transportes que emplean esta energía, por lo que los trabajadores de este sector han de tomar todo tipo de precauciones y no bajar nunca la guardia por mucha experiencia que se tenga.

Quemaduras por sustancias químicas: el contacto directo de la piel tanto con ácidos como con álcalis o bases puede desembocar en una quemadura por alteración del equilibrio de aquella y su posterior descomposición. Pueden llegar a ser extremadamente peligrosas por su forma de presentarse, ya que no siempre es evidente desde el inicio la magnitud de la lesión, pudiendo progresar a formas cada vez más graves a medida que el producto químico va extendiéndose y profundizando en su acción. Aunque este tipo de quemaduras suelen ser más frecuentes en el ámbito laboral, debemos recordar que en el domiciliario existen almacenadas este tipo de sustancias y que por tanto representan una fuente de peligro potencial, sobre todo para los niños. Lo más recomendable es mantener todo tipo de productos abrasivos lejos de su alcance, del mismo modo que se hace con las medicinas y con cualquier veneno doméstico.

Quemaduras eléctricas: la corriente eléctrica, o flujo de electrones a través de un medio conductor, produce lesiones en el ser humano cuando supera unos límites mínimos de tolerancia. La fuente de energía puede ser natural, como un rayo de tormenta, industrial (la más frecuente y peligrosa) o domiciliaria, a través de enchufes y cables de la red eléctrica que abastece el hogar. Para valorar el peligro de la exposición a una corriente eléctri ca debemos atender a dos de sus características como son el voltaje y el amperaje. Los rayos pueden llegar a transmitir hasta billones de voltios en pocos segundos, mientras que en las corrientes industriales no se suelen superar el centenar de miles de voltios y finalmente la doméstica se sitúa en unos 200. El voltaje es responsable de lesiones internas en el organismo, especialmente por un descontrol de los sistemas eléctricos del mismo que incluye espasmos musculares, convulsiones y afectación cardiaca, normalmente de pronóstico fatal. En estos casos, circunstancias como el aislamiento del circuito, la dirección tomada por la corriente y las condiciones del individuo (incluyendo la propia suerte) determinan la gravedad del cuadro. Pero en el caso que nos ocupa, es decir, las quemaduras, no es el voltaje sino el amperaje, o lo que es lo mismo, la intensidad de la corriente, la responsable de las mismas. En la medida en la que los tejidos del cuerpo ofrecen resistencia al paso de la corriente se genera calor en el mismo. Este calor, que puede alcanzar los 5.000 grados centígrados en pocos segundos, produce una quemadura en el trayecto de la corriente que puede cebarse más sobre ciertas estructuras teniendo en cuenta la mencionada resistencia del mismo. La quemadura por energía eléctrica puede pasar desapercibida externamente, pero ser extremadamente grave en un punto interno, si bien la lesión en el punto de entrada y de salida de la corriente suele ser constante. Conviene recordar que pequeñas corrientes de sólo 50 voltios y cinco o seis amperios pueden producir la muerte si se acompañan de circunstancias tales como humedad o contacto prolongado.

Modo de actuación ante una tormenta eléctrica

1- Si estamos en casa, cerraremos las ventanas y apagaremos todos los aparatos que estén conectados con la red
eléctrica y para mayor seguridad, los desenchufaremos. Especialmente, hay que evitar la televisión, el ordenador y el teléfono. Si necesitamos información meteorológica lo haremos a través de una radio que funcione por pilas. Es importante tener instalado un pararrayos.

2- Si la tormenta nos sorprende en la calle, buscaremos protección en tiendas o casas y si eso no fuera posible (por
ejemplo, de noche), nos ampararemos situándonos contra los muros de los edificios que tengan pararrayos. Si estamos en el campo, buscaremos las zonas más bajas, lejos de montes y colinas y, especialmente, lejos de los árboles, sobre todo si están apartados o solitarios. Nos alejaremos de las vallas metálicas y nos desembarazaremos de cualquier objeto también metálico que podamos llevar encima. Es más seguro permanecer seco y no sentarse sobre zonas húmedas.

3- En caso de tormenta, hay lugares especialmente peligrosos, como permanecer en campo abierto o en lugares
como pistas de tenis, piscinas (nunca debemos bañarnos en ellas ni en el mar durante una tormenta) o campos de golf. Se deben evitar también las zonas con cables o alambradas y las vías de tren.

Originally posted 2014-07-11 11:38:16.

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