TENSAO_ARTER

En principio, una tensión alta no se tiene porque acompañar de ningún tipo de sintomatología, por lo que en muchos casos se detecta de forma casual en un control rutinario. No obstante, es algo que debe vigilarse, ya que lleva asociados muchos otros problemas médicos. Según los supuestos anteriormente comentados podemos encontrarnos con las siguientes situaciones:

• Una tensión alta sin presentar ningún tipo de síntomas: no es urgente, ni siquiera recomendable, bajar dicha tensión de forma rápida, salvo que supere los límites de 200/120. Será necesario controlar dicha tensión de forma repetida para diagnosticar o no la hipertensión. Si el individuo ya es hipertenso en tratamiento, una subida ocasional puede no tener importancia, pero si se repiten indicará que no está

• Una tensión superior a 200/120 debe ser tratada en la urgencia hospitalaria se acompañe o no de síntomas. Basta con que una de las cifras, la alta o sistólica o bien la baja o diastólica, sea alta para proceder de esta manera.

Las bebidas excitantes, como el café o el té, pueden ayudar a un hipotenso a mantener la tensión algo más alta para evitar los mareos.

En cualquiera de los tres supuestos anteriores es recomendable tomar medidas inmediatas para tratar de frenar el ascenso tensional, independientemente de que se vaya a consultar al medico en breve espacio de tiempo.
Si bien el control de una tensión arterial alta requiere en muchas ocasiones del empleo de fármacos específicos para la misma o incluso simplemente de tranquilizantes, debemos observar las siguientes circunstancias:

• El individuo ante esta situación debe permanecer en reposo tumbado, sin comer ni beber nada, y volver a tomarse la tensión en espacios de media hora para comprobar si se modifican las cifras. Si aparece alguno de los síntomas mencionados hay que acudir a un centro sanitario. Si desciende la tensión a cifras más o menos normales deberá comentarse el episodio al médico de cabecera en los días sucesivos.

• Es fundamental que se tranquilice, ya que muchas subidas de tensión se deben exclusivamente a un estado de ansiedad o estrés que se agrava aún más al conocer las cifras de tensión. Un pulso acelerado nos confirma este estado de nervios, por lo que se debe esperar para la siguiente toma a que el individuo se serene o emplear algún tranquilizante suave previa consulta. En ocasiones, el mero hecho de lomarse la tensión por una enfermera o un médico puede ser suficiente para dar cifras altas por la inquietud que supone, aunque el individuo quizás no lo note. En este caso, venden aparatos para tomar la tensión en casa que sufren alguna alteración de la memoria, por
lo que es conveniente que algún familiar o su propio médico se lo recuerde. En el caso de un olvido, se debe proceder a tomar la pastilla de ese día sea la hora que sea. Se debe también tener en cuenta que la mezcla de los medicamentos antihipertensivos con alcohol puede disminuir de forma considerable el efecto de los mismos, por lo que se procurará no mezclar ambas sustancias.

• También hay que valorar si se han iniciado tratamientos recientes con ciertos fármacos que pueden subir la tensión arterial, como los antiinflamatorios, muchos corticoides, casi todos los tipos de anticonceptivos ora- les, el ginseng, el bicarbonato sódico o algunos antidepresivos, que son las que se encuentran entre las sustancias más habituales.
Siempre debe avisarse de esta circunstancia antes de comenzar a tomar cualquier sustancia, aunque nos parezca algo muy suave y natural. Esta información siempre será de ayuda al médico en su diagnóstico.

Sólo en aquellos casos en los que la asistencia médica sea imposible o se vaya a retardar en exceso está indicado dar al individuo alguna pastilla para la tensión que tengamos a mano, siempre bajo tutela médica, aunque sea telefónica o por medio del farmacéutico, y leyendo las indicaciones y posología que vienen en el prospecto del medicamento. En los hipertensos ya tratados puede darse una segunda pastilla del mismo tratamiento que ya toman si han pasado al menos unas pocas horas de la toma anterior.

El “Síndrome de la bala blanca» consiste en las personas que se ponen nerviosas ante el médico y justo en el momento en que van a medirles la tensión, ésta les sube.

Uno de los posibles efectos secundarios de los anticonceptivos orales es que pueden desembocar en episodios de hipertensión.

Las personas con tensión baja no deben saltarse nunca el desayuno; la falta de alimentos y la caída de la glucosa podría provocar un desvanecimiento que, aunque leve, es muy desagradable.