pelvis femenina

Traumatismos pélvicos

Las fracturas de cadera son relativamente frecuentes en los ancianos como consecuencia de caídas, mientras que en las personas jóvenes se producen generalmente por choques frontales con el coche. El punto de fractura puede localizarse en cualquier parte del anillo pelviano, en el hueso sacro o en el cóccix o, en el peor de los casos, en el acetábulo que acoge al fémur.
Salvo que se trate de una fractura pequeña y no desplazada que pueda ser tratada simplemente con reposo, las fracturas pélvicas requieren siempre un tratamiento avanzado y siempre deben ser llevadas al hospital.
Además, aunque se haya descartado la fractura por medio de la radiografía, es necesaria una vigilancia y la repetición posterior, va que puede pasar desapercibida.

Fracturas de huesos largos

Las fracturas de los huesos de las extremidades tanto superior (húmero, cubito o radio) como inferior (fémur, libia y peroné) son relativamente frecuentes, sobre todo entre los jóvenes y los deportistas. Aunque normalmente no conllevan secuelas grandes, en algunos casos como en el fémur, la hemorragia asociada por afectación del paquete vascular puede ser muy importante.
Hasta que se produzca el traslado o la atención especializada de la fractura, podemos vernos obligados a realizar los primeros cuidados o incluso el tratamiento de la misma.
Es muy habitual que tras una fractura se presente un cuadro de angustia y malestar general que incluso pueda desembocar en mareos y vómitos; y es necesario entonces tumbar al individuo y asistirle basta que se recupere. I-n general cualquier tipo de fractura puede ocasionar complicaciones como lesiones vasculares y nerviosas por la proximidad al hueso desplazado, callos de consolidación patológicos por una reducción incorrecta o tardía de la fractura, embolias por salida al torrente circulatorio de material graso o de trombos que pueden ocluir el riego de una región pulmonar o cerebral y finalmente infecciones, sobre todo en las frael utas abiertas, que pueden llegar a ser graves hasta el punto de comprometer la consolidación de la fractura y la recuperación posterior.

Modos de actuación ante la fractura de un hueso carnoso

1- Limpiar la herida si la fractura ha sido abierta, taponando una posible hemorragia hasta que ésta ceda.

2- Proceder a reducir la fractura si es posible; esto es, a colocar de nuevo los extremos rotos en su posición original para que la consolidación posterior sea adecuada. Si las superficies óseas han quedado montadas una sobre otra, es necesario traccionar de un extremo.

3- Inmovilizar la fractura; hasta que se pueda colocar una férula o una escayola se puede entablillar la fractura.
Para ello buscaremos una superficie plana, dura y alargada sobre la que descanse el hueso roto y la ataremos al miembro con firmeza, pero sin comprimir la circulación. Si no disponemos de una superficie con estas características podemos realizar un vendaje con un palo que dé firmeza sin llegar al torniquete.

4- Uso de analgésicos y antiinflamatorios desde el principio, ya que las lesiones óseas son especialmente dolorosas y a veces hasta se pierde el conocimiento.

 

Originally posted 2014-07-14 09:37:06.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario